Nuevo Amanecer

LA ÚLTIMA BATALLA DE PEDRARIAS

o el primer debate electoral en nicaragua, 1530

Colaboración especial para NUEVO AMANECER CULTURAL
Clemente Guido Martínez
managua, 9 de octubre de 2006
EL CABILDO Y SU ELECCIÓN
Entre 1524 y 1529 el gobierno de la ciudad colonial de León estaba regido por dos alcaldes ordinarios, con funciones administrativas y de justicia para casos civiles y administrativos, y un número variable de regidores para las decisiones colectivas del cabildo de la ciudad. Podían ser electos vecinos hábiles y suficientes.
La elección de estos alcaldes ordinarios y regidores era cada año, el último día del año tenía que realizarse la elección de parte del gobernador, tomando a las nuevas autoridades de un listado presentado por los señores, alcaldes y regidores de la ciudad. Se procuraría que esta elección fuera rotativa entre los vecinos, para evitar sucesiones perpetuas. Excepto para los regidores nombrados directamente por el rey, a quienes el gobernador no podía destituir.
El 31 de diciembre de 1529 se dio el proceso primario para elegir a los sucesores del gobierno de la ciudad para el período 1530. Sin embargo, durante ese año de 1529 había emergido en escena un personaje que por medio de intrigas y prebendas había logrado reunir a su favor a los más notables capitanes de conquista de Pedrarias Dávila, así como a la mayoría de los miembros del gobierno de la ciudad, de tal forma que se preveía que para el gobierno de 1530, Francisco de Castañeda, el Alcalde Mayor, nombrado directamente por Su Majestad, tendría control absoluto del gobierno de la ciudad de León.
Los partidarios de Castañeda, para fines de 1530, eran mayoría en el cabildo de León. Sin embargo, al gobernador Pedrarias Dávila no le tomarían tan fácilmente el control del poder político. Los partidarios de Francisco Castañeda, a quienes denomino como “Los Letrados”, postularon de forma unánime y uniforme a los siguientes candidatos para alcaldes ordinarios: Hernán Ponce de León, Hernando de Soto, Francisco Pacheco, Juan Ferol o Perol. Ésta fue una plancha uniforme. No hubo ninguna variante entre los partidarios de Castañeda.
En cambio el Partido de Pedrarias, a quienes denomino como “Los Caballeros”, demostró mayor variabilidad, pues postularon para estos cargos a los siguientes: Benito del Prado, Diego de Mercado, Gonzalo Ríos, Hernando de salas, Diego de Tapia, Sebastián Benalcázar, Diego Nieto, Francisco Martínez, García Alonso Cansino. De todos los anteriores, los dos que se repitieron en todos los casos entre los partidarios de Pedrarias fueron Benito del Prado y Diego de Mercado, quienes finalmente resultarían designados en los cargos de alcaldes ordinarios de León, aunque fueron postulados por una minoría.
LA IMPUGNACIÓN DE LAS ELECCIONES
El alcalde mayor, Francisco de Castañeda, no se iba a quedar con los brazos cruzados. Tenía a su lado a los capitanes más apasionados y ambiciosos de Nicaragua, Hernando de Soto y Hernán Ponce de León, quienes tampoco estaban dispuestos a abandonar sus planes de emigrar al Perú, amparados en el nuevo gobierno que pretendían elegir con Castañeda, por lo cual el alcalde mayor, sintiéndose con el respaldo de estas armas, decidió impugnar, interponiendo dos aspectos legales fundamentalmente:
Primero: se debió elegir de entre los más votados para alcaldes, cosa que según su criterio no sucedió. Segundo: habiendo regidores nombrados por Su Majestad, El Rey de España, no se debían elegir otros por la ciudad.
En su argumento, Castañeda recurrió a dos ordenanzas emitidas por el gobernador Diego López de Salcedo, en 1527, cuando estuvo ocupando el cargo en ausencia de Pedrarias. En estas ordenanzas Salcedo dio órdenes acerca del procedimiento a seguir para la elección de alcaldes y regidores. Correspondían a la fecha 2 de noviembre de 1527 y estaban cosidas con un libro del cabildo, autorizadas por los escribanos Diego de Tapia y Juan de Simancas. Fueron promulgadas el 2 de noviembre de 1527 en Granada, y entre el 18 y 21 de noviembre de 1527 en León.
Sin embargo, estas ordenanzas habían sido promulgadas por un gobernador que nunca tuvo derecho sobre la Provincia de Nicaragua, pues desde su fundación le correspondió el gobierno a Pedrarias Dávila y así lo reclamó Pedrarias en este juicio, pues su desconocimiento de estas ordenanzas se debían sobre todo a una fuerza legal superior: las cédulas reales, por medio de las cuales se le nombraba gobernador de Nicaragua y en las cuales se le daba instrucción precisa de que continuara ejerciendo su gobiernos aplicando las mismas INSTRUCCIONES recibidas en 1513 cuando fue nombrado gobernador de Castilla del Oro.
EL CONTRAATAQUE DE CASTAÑEDA
Castañeda usó su poder conferido como alcalde mayor para abrir un juicio por escándalos electorales el 6 de febrero de 1530, acusando al gobernador de haber reunido un nutrido grupo de partidarios con armas ofensivas y defensivas, y alabardas para apoyarse en caso de que las cosas no resultasen como él quería, el propio día de las elecciones.
Castañeda también presentó un listado de testigos, pero éstos se limitan a dar testimonio acerca de la actitud violenta de los partidarios de Pedrarias en las afueras de la casa del gobernador, donde se realizaban las elecciones.
Sumado al proceso abierto por escándalos electorales, Castañeda actuó de hecho desconociendo la autoridad de los alcaldes y regidores designados por Pedrarias, iniciando sus actos el día siguiente, 2 de enero de 1530, cuando los nuevos alcaldes y regidores llegaron a misa en la Iglesia Mayor (luego Catedral de León), y Castañeda protagonizó un desagravio a éstos, al no permitirles sentarse en la banca que acostumbraban sentarse los alcaldes ordinarios junto con él como alcalde mayor, por lo que el tesorero Diego de la Tobilla, partidario del gobernador, decidió retirarse de la Iglesia, él y los alcaldes ordinarios recién electos por Pedrarias.
Este retiro De la Tobilla fue aprovechado por Castañeda para acusarlo de delitos referidos a la Santa Misa y a la Iglesia, por lo que dictó auto de prisión, dándole casa por cárcel, y muy posteriormente, siempre siguiendo la línea de ataque que había escogido, abrió un proceso judicial contra Tobilla y sus acompañantes, dejándolos inhibidos para ejercer cargos públicos. De aquí que me cabe llamar el Partido de los “Letrados” al liderado por Castañeda.
LA PROVIDENCIA FAVORECIÓ A CASTAÑEDA
Estas contradicciones fueron resueltas por la Providencia. Diego de la Tobilla murió de muerte natural en León de Nicaragua, en el segundo semestre del año 30, con causa abierta, y Pedrarias Dávila murió el 6 de marzo de 1531, derrotado y asilado por Castañeda, quien muy pomposamente le hizo ceremoniales de enterramiento, dejándolo bien enterrado en la Iglesia La Merced.
El 11 de marzo de 1531, la reina suscribía en España una Cédula Real por medio de la cual se informaba a Castañeda que dejaba el cargo de alcalde mayor de Nicaragua, quedándose solamente con el cargo de contador. En esa misma fecha, nombraba a Juan Antonio de Soza como nuevo tesorero de Nicaragua, en sustitución del fallecido De la Tobilla, y sobre Pedrarias no emitió Cédula alguna, porque todavía en ese momento España desconocía la muerte del gobernador, sucedida el 6 de marzo.
Sin embargo, Castañeda se tomó la Gobernación de la Provincia de Nicaragua por varios años (1531-marzo de 1535) hasta que Rodrigo de Contreras, yerno del difunto Pedrarias Dávila, llegó en noviembre de 1536, con Cédula Real designado segundo gobernador de la provincia, llevando de su brazo a la férrea dama doña María de Peñalosa, hija de Pedrarias Dávila. Castañeda huyó en marzo de 1535, antes de que estos nuevos personajes llegaran a León, y tras varias peripecias retornó a España, donde murió antes de 1543.
1 CS tomo II, página 485.