Nuevo Amanecer

Escritos descritos


Huston‑Tillotson University
Austin, Texas

El lector, acostumbrado a leer determinada clase de poesía, que busca y le gusta, cierra sus ojos algunas veces a esa otra que no le ofrece el misterio que lo apasiona, esa sensibilidad con la cual se identifica.
El lector posee su propio mundo de inquietudes y sensaciones y espera encontrarlas en un universo que ya conoce.
El papel del crítico es hacernos ver las otras dimensiones y enigmas que se ocultan detrás de ese universo que no responde o creemos que no responde a nuestras inquietudes y búsquedas.
Eso ha hecho sagaz e inteligentemente el autor nicaragüense Guillermo Menocal en Escritos descritos, obra que comprende trece comentarios a trece poetas y trece libros, que en una u otra forma revelan el espíritu de ese momento. Son creaciones que manifiestan las interrogantes que obsesionan al escritor en ese instante o en esos instantes precisos de su vida, interrogantes sobre el hombre, el amor, la eternidad que se oculta en lo cotidiano, lo extraordinario que se esconde en la rutina de todos los días.
Este viaje al cual se nos invita es hacia otros universos, tal vez un poco diferentes a esos espacios estelares en que usualmente navega el alma y el ojo del lector.
Escritos descritos se abre con un ensayo sobre “La página blanca”, de Rubén Darío, y se cierra con un análisis referente a “Las frutas del centro”, del salvadoreño Jorge Argueta. Todos los otros artículos son sobre autores y obras nicaragüenses que nos entregan una multiplicidad de paisajes animados por voces infinitas.
El único comentario a un excelente texto en prosa es el ensayo que nos lleva a “Carta a PAC (Pablo Antonio Cuadra) sobre otro rapto de Europa”.
Escritos descritos revelan ese mundo que se transforma por la magia de la palabra en universos que desfilan a lo largo de la página blanca, mundo‑mina, que el comentarista nos devela y nos pone ante los ojos.
Si el poeta ordena o desordena, si construye o destruye, si levanta la ciudad prohibida, con todas esas piedras que acarrea y arrastra el río del tiempo, el crítico intenta dar un orden a la música caótica de las esferas, trata de establecer un punto de apoyo que permita al lector adentrarse en la ciudad prohibida: los pensamientos y los sentimientos del poeta.
La gozosa palabra de Menocal sabe encontrar todas esas oscuras y luminosas sensaciones que pueblan La página blanca; sabe encontrarlas y compartirlas con nosotros. Una vivencia rica y cambiante corre y recorre estos textos: una experiencia filosófica, social, política, amorosa, confesional, intimista, telúrica. Obra que dialoga con ella misma, o con el lector o la lectora, o con el crítico‑poeta. Una poesía en conversación con el tiempo.
Mientras leo estos Escritos descritos que nos hablan sobre la escritura poética, me adentro en una vida, en una historia que refleja la experiencia de una estadía en el cielo o en el infierno.
Se ahonda en los textos, se bucea en ese cuerpo que lo forman y conforman esos versos largos o cortos, estrofas iguales o desiguales, que dan origen al nacimiento del poema ante los ojos del lector, y que se levanta con su propia estructura: clara, limpia, calmada o violenta.
Y se nos describe también el alma de esa estatua desnuda, alma que vibra con la música de la palabra, alma que se esconde y se entrega en las imágenes que configuran los miedos y esperanzas de todos nosotros.
Escritos descritos nos impulsa a reflexionar sobre el hacer y quehacer poético, sobre todo el nicaragüense, y nos proporciona otra perspectiva sostenida en el tiempo para valorarlo y revalorarlo.
Guillermo Menocal, con creadora actitud crítica, sabe ver y oír esas raíces profundas donde se arraiga el acto creador.
Las trece obras que se comentan fueron publicadas entre 1976 y 1997, y revelan, en cierto modo, las preocupaciones de esos años.
Escritos descritos pone de nuevo a circular, saca a la luz del día, el universo de los poetas y su visión del mundo y nos descubren la pasión por la palabra y su misterio.

Guillermo Menocal
Express Printing, Salinas
California, abril, 2006