Nuevo Amanecer

Para lo levemente odioso, con cariño, en las pinturas de Para lo levemente odioso, con cariño, Danilo Torres Rodrígue


Piltrafas, esperpentos, crápulas miserables, marionetas feroces y mequetrefes tembleques, pensé al principio. Como quien recorriera en cascada un listado de candidatos fatales y nefastos. Pero después volví a pensar con calma, reconocí que a veces un epíteto es poca cosa a la hora de describir con alguna precisión un nudo enmarañado de impresiones que cautivan agresivamente nuestra sensibilidad, para definir un anudado cúmulo de alusiones irónicas, críticas, incisivas, mordaces, que asaltan nuestra mirada.
Volví atrás sobre el camino de mis ideas, reconocí que estas figuras evocadas y plasmadas por el artista Danilo Torres, por encima de sus impresionantes fealdades, por debajo de su andrajosa semblanza, por debajo del gesto temible con que embozan sus ademanes agraviados, expresan cierta gracia inefable, dan fe de cierto afán de redención humana, al igual que manifiestan el bullir soterrado de unas leyes de zurda geometría que también crea, ordena y estructura unos insospechados reveces que desdoblan las infinitas caras de este mundo.
Radica en el horresco referens de estas figuras agresivas de Danilo Torres una intrincada trama de significados alusivos. Acarrean ellas a sotacapa mucho más que la apariencia vaporosa con que nos consideran desde el otro lado de la tabla que los retiene y respalda. Radican en ellos unos rescoldos cenicientos de ancestrales ternuras, de afán conmiserativo por los desheredados, por los mendigos, por los locos, crápulas, parias y por toda laya de mal vivientes notables, que se han arrastrado durante décadas por las calles de nuestro subdesarrollo.
Por otro lado, y eso le otorga a nuestro elenco una insondable dignidad de pobreza honrada, son hijos híbridos de una disciplinada labor artesanal y de unas naturales, de unas raras, intuición y sensibilidad artísticas, atrevidamente creativas y sabiamente graduadas; estrechamente entrelazadas en el propósito de desplegar completo el silogismo de una contundente argumentación visual. Los procesos de elaboración a los que recurre este artista eluden o saltan a la garrocha las sofisticadas prescripciones académicas. Danilo Torres, y eso lo dota con un sello inconfundible, es el creador de sus propios métodos, fórmulas y procesos, es el acucioso experimentador y es el descubridor de una gama amplia de materiales inusuales; es el artista por impulso natural que crea una realidad nueva a partir de materiales que antes del toque de su mano eran desecho, desperdicio, basura.
Pero también el elenco que nos propone es reciclado, personajes que por su pobreza o por su marginalidad son considerados desperdicio, desecho, basura social. Hay una caricia de sanidad, de solidaridad humana, en el gesto con el artista nos acerca e estos protagonistas marginales. Cabe una ternura amorosa entre el artista y sus criaturas, se nota en la perfección esmerada de cada detalle que integra y completa su fealdad rotunda, y hay algo al fin de sano juego infantil, de inocente juego de muñecas. Este artista deja traslucir un hondo gesto de ternura paternal en el oficio de pulir, de perfilar, de acomodar en orden sugestivo cada arruga de los rostros y cada pliegue del atuendo de estos menudos esperpentos. Población sedentaria, residentes todos en la categoría de lo levemente odioso.
Tras la sonrisa irónica del artista, que se asienta ahora en una edad madura, surgen los discretos trazos de un índice acusatorio, testimonial, inculpador, pero atenuado por el humor velado, por esa sonrisa sosegada y amable, sofocada entre arrugas, harapos y miserias.
En fin, estos esperpentos danilescos significan todo lo que queramos y entendamos y, por supuesto, algunas cuantas cosas más todavía. Porque más allá de cualquier interpretación verbal, son entidades en sí, son criaturas autónomas, emancipadas por el gesto del artista, nacidos a la luz de la realidad objetiva desde un fondo primigenio, caótico y amorfo. Residentes de la desesperanza, en el vecindario de un Apocalipsis compartimentado, reservado para las categorías inferiores, degradadas o meramente anónimas del género humano.
(Lu 161006)