Nuevo Amanecer

Una visión de la creación en un poema del poeta Peña


Monterrey, California, 26 de junio de 2006.

El sábado 24 de junio de 2006, en el Nuevo Amanecer Cultural de EL NUEVO DIARIO, de Nicaragua, apareció un poema del poeta Horacio Peña titulado: “Creación”. La primera vez que lo leí a “vuelo de pájaro” me perturbó, pues no logré precisar o captar el mundo de la idea del poema; pero sí sentí su hermetismo y lo bien escrito que estaba. Lo leí dos o tres veces más; y entonces me di cuenta de que algunas palabras se repetían en el poema: real se menciona dos veces; espacio, dos; mirada, ojo, ver, tres palabras muy similares en el contexto; formas, tres; tocar, tocar con la mirada, dos. La palabra central que mueve todo el poema: CREACIÓN no se repite, pero sabemos que anda ahí, implícitamente a lo largo de todo el poema. Estas pistas pronto me llevaron a esbozar un escueto resumen del poema: creación del mundo que navega en el espacio y es vista y palpada sus formas de una manera “intacta y casta” por los ojos virtuosos, hieráticos y fidedignos del poeta que ven en la creación un mundo que lo asombra. Es posible que también el poeta nos sugiera la creación del poema.
“Disuelto en la luz
el objeto es real”,
comienza el poema. ¿Qué está disuelto, qué significado tiene la luz y ese objeto real? Acaso la luz es el universo, el Espíritu de Dios…
Porque en el siguiente verso:
“Real es el mundo invisible”,
encontramos la respuesta de ese “objeto real” que se nos planteó en la línea anterior. Es la afirmación del universo, de lo que antes no era y ahora es. De la nada nace ese mundo invisible-visible. Mundo metafísico.
“Perdido en el espacio
sin peso
su forma navega
-intacta y casta-
contra la violencia
de lo blanco y lo negro”.
El mundo transita en el espacio ingrávido, oscila de una manera perfecta y coherente dentro de un orden; pese a ese otro mundo que violenta y transgrede el hombre. Lo blanco y lo negro nos hace pensar en los colores del fondo de un cuadro, pero estos adjetivos bien calzan en el mundo sugestivo de los sustantivos: día y noche; la maldad y la bondad; el pecado y la virtud.
“Lo gris”.
Un tercer elemento aparece ahora, ya no es lo blanco ni lo negro lo que atropella al mundo, sino lo gris, es decir, lo impreciso y difuso. Lo gris es el mundo de los misterios y enigmas. “... por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.16). Lo gris, lo tibio, es un elemento nocivo que corrompe y altera tanto al pecado como a la virtud, porque con ambos coquetea y confabula.
“Aspiro su forma sin forma”.
El poeta aspira, siente, tiene fe y cree ciegamente en la forma (“Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo”). Aspirar a conocer esa forma sin auscultarla es lo grandioso del poeta. Querer cuestionar la construcción del mundo científico y material que la anida, no es su propósito. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. (Hebreos 11.1).
“Lo toco, toco todas sus formas
con la mirada”.
El poeta se contenta y se siente satisfecho al ver y percibir todas las formas de la creación del mundo, pues en esa mirada está su espiritualidad, su mundo metafísico y hierático; un mundo metafísico que él con su mirada y pensamiento, ve y toca con asombro ese milagro divino de la creación; pero
“El lienzo sigue vacío”,
y el lienzo, ¿será la “creación de Adán”, de Miguel Ángel (1475-1564), el “tapiz de la creación” (siglo XI), la creación del poema, la contemplación del universo, una visión mística? He aquí lo proteico, lo híbrido, lo multifacético del poema.

“La pintura y su objeto
el motivo
-el leit motiv-
continúa suspendido
en el espacio impenetrable de la nada”.
La forma, todas las formas, el mundo, el universo, la pintura, el poema, la visión; ondean o navegan en el espacio, en ese espacio impenetrable del cual no sabemos nada, como nada sabemos del espacio de la nada: el vacío.
“En el ojo,
del que se muere por ver”.
El ojo que todo lo ve y toca y que arde y muere de deseo por ver y sentir ese asombro grandioso y majestuoso al contemplar un más allá en las formas de la creación del mundo, es una evidencia de una mente ansiosa que busca la certeza espiritual; deseo espiritual entendible solamente por la idea de un mundo concebido en una razón profundamente religiosa que hipervive en el poeta Peña.
En “Creación” el poeta Peña nos entrega un poema breve y hermético, sugestivo, con ciertos retazos hieráticos y simbólicos. El entorno del poema raya en lo metafísico. Es un poema apretado, comprimido, esquelético, donde el lector casi no puede percibir el sentido lógico del poema, porque este sentido se pierde al querer investigar el lector la razón del enunciado, el mensaje. Es un poema “suspendido en el espacio impenetrable”, como nos dice el mismo poeta y tiene, además, la fuerza irresoluta del hombre que sí sabe lo que quiere, cree y conoce hacia dónde va. Este poeta es un hombre lleno de mundo y de formas que secretamente guarda para sí, placenteramente. Ese sentido misterioso de la creación, con la cual el poeta espiritualmente comulga, es una fe arraigada que engrandece su propia visión de la creación. En este poema se respira una atmósfera de paz y tranquilidad, un ambiente de contemplación, meditación y aceptabilidad…