Nuevo Amanecer

Otra Guatemala es posible


…Vamos patria a caminar, yo te acompaño,
yo bajaré los abismos que me digas,
yo beberé tus cálices amargos,
yo me quedaré ciego para que tengas ojos,
yo me quedaré sin voz para que tú cantes,
yo he de morir para que tú no mueras,
para que emerja un rostro flameando al horizonte
que cada flor nazca de mis huesos.

Tiene que ser así, indiscutiblemente.

…Vamos patria a caminar, yo te acompaño.

Otto René Castillo

Guatemala, 10 de sep. de 2006

El legado de la Revolución del 44 sigue siendo la mejor plataforma política de la izquierda y demás sectores democráticos de Guatemala, pues este proceso está asociado a luchas irrenunciables como la Reforma Agraria, el Código de Trabajo, la Educación Pública y la Seguridad Social. Fue además una época de respeto y defensa de la soberanía nacional. Otro tanto ocurrió con los derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, ya que sus libertades políticas se ampliaron con el derecho al voto.
Desde la intervención estadounidense en 1954 hasta la fecha, una tarea permanente de las izquierdas y demás expresiones democráticas es la recuperación de aquella plataforma histórica. Venimos de luchas sociales intensas y de 36 años de conflicto armado. La firma de los acuerdos de paz, en 1996, pretendió detener esta historia de exclusiones, pero la paz en Guatemala sigue postergada.
La violencia, la militarización, la impunidad y los abusos de poder, tanto como el añejo racismo, las discriminaciones de todo tipo y la pobreza de millones de personas siguen caracterizando la cada vez más polarizada realidad nacional. El Estado ha sido diezmado por las redes de corrupción de los grandes negocios. Las formas de opresión patriarcal, de clase y etnocéntrica se han convertido en relaciones de muerte.
La elite dominante y sus socios capitalistas transnacionales persisten en usurpar el Estado para preservar sus privilegios. No están dispuestos a perder el control del aparato de gobierno y vuelven a abusar de su poder con el continuismo de políticas que concentran la inversión pública para sus proyectos, convierten en mercancías los servicios públicos, fomentan la irresponsabilidad fiscal de los grandes rentistas, saquean los recursos naturales y violan los derechos laborales y sociales del resto de la población. La soberanía agoniza con el impulso de tratados de libre comercio y de políticas de seguridad hemisférica que favorecen los intereses norteamericanos. Así no puede construirse una paz firme y duradera.
Frente a un régimen que basa su funcionalidad en la impunidad y la represión, se pretende sellar en piedra un modelo neoliberal que profundiza los mismos problemas estructurales. La juventud, la población migrante y la mayoría de familias sienten como nunca el impacto de este sistema que cierra los caminos para vivir en paz.
Hoy se desborda el crimen organizado y la inseguridad ciudadana. El Estado es desmantelado por alianzas mafiosas que ejercen control sobre áreas extensas del territorio nacional. La justicia que quiso traer la firma de la paz no aparece.

Guatemala necesita
un cambio de dirección.
Nuestra nación
reclama con urgencia
la participación política de
todas las fuerzas y personas que
respetan los más altos valores
y los derechos humanos.
Guatemala exige unidad
para detener este sistema
perverso de poder.

Nos sentimos corresponsables de lo que pasa. Queremos reanimar esa corresponsabilidad y revitalizar los valores que se destruyen. Guatemala tiene gente, pueblos, organizaciones, miles de mujeres y hombres de todas las edades que con sus luchas permanentes y en desarrollo continuo buscan esos valores democráticos. Proponemos que esas luchas se conviertan en fuerza política.
Proponemos, como paso indispensable, la unidad de las izquierdas. Consideramos que es posible recuperar su identidad y renovar su pensamiento, tanto en los métodos de trabajo como en la visión política. Las izquierdas han sido abanderadas de la lucha por la justicia y la equidad. No aceptan componendas con quienes concentran privilegios, con violadores de derechos, con quienes reprimen, discriminan, explotan y saquean.
Pero las izquierdas no tienen la propiedad de la verdad. Por eso hacemos una sola voz para llamar a todas las expresiones democráticas y progresistas, personales, institucionales o partidarias, para la construcción de alianzas éticamente fundamentadas que nos lleven a hacer cambios.
Urge una fuerza política que esté dispuesta a defender reformas profundas. Urge la unidad de las izquierdas y demás sectores democráticos para romper con los privilegios de minorías y hacer del Estado un instrumento para viabilizar modelos de desarrollo con equidad e igualdad. Refundar la República de carácter multilingüe, pluricultural y multiétnica con equidad e igualdad es el reto de este llamado de unidad, para construir un Estado para una economía distributiva y con un estado democrático de derecho fuerte que ejerza su soberanía con responsabilidad y dignidad nacional.
Tal desafío requiere la más grande convergencia de fuerzas populares, democráticas, progresistas y revolucionarias. Implica estrechar los vínculos entre las luchas populares reivindicativas y las luchas políticas. Debemos hablar del poder y actuar para tener poder. Necesitamos integrar y combinar las luchas sociales con las luchas electorales.
Y ese compromiso debe ser de largo alcance porque sabemos del peligro del reduccionismo electoral.
Convocamos a construir una alianza político-social con objetivos de medianos y largo plazo que participe en las elecciones y trascienda el proceso electoral. Una alianza con la mesa limpia en las candidaturas y con la madurez de apoyar a equipos honestos que promuevan los cambios. Una alianza que desarrolle un programa político que tienda a crecer y sumar las voluntades de cambio.
Hay que potenciar la resistencia y la protesta con la ofensiva política. Una alianza en donde quepan todos menos aquellos que hayan sido parte de hechos represivos y violaciones de derechos humanos, así como de hechos de corrupción pública y privada, del crimen organizado y del narcotráfico.
Por tanto, hacemos un llamado a todas las ciudadanas y ciudadanos, a los pueblos indígenas, a mujeres y hombres profesionales, a los empresarios, a las organizaciones estudiantiles, sindicales, campesinas, de la economía informal, de derechos humanos, religiosas, a los partidos políticos de las diversas expresiones de izquierda y democráticos, para formar parte de un Frente Político-Social de Izquierda.