Nuevo Amanecer

Movilizaciones en Tono Mayor


El árbol genealógico familiar, desde su paterno abuelo árabe, es la ruta por la que, cronológicamente desde su propia gestación, Tono Móbil nos conduce en este libro a través del apasionante desarrollo de su vida y de la historia de Guatemala que le ha tocado vivir, sobre todo desde el 20 de octubre de 1944, cuando tan sólo tenía catorce años y creyó que con aquella revolución de octubre tenía su estrella en la mano.

Historia y vida personal simultáneamente vividas a plenitud y relatadas poéticamente. Ahí sus devociones originales por la mujer y la bohemia, o su primigenia rebeldía ante la privación de libertad que significaba para él la enseñanza primaria. Ahí sus descubri­mientos y despertares sexuales, así como una firme y paulatina toma de conciencia política, hasta el omnipresente humor como el de tener que aprenderse los mandamientos de la ley de Dios tan mal, que no pudo dar su primera comunión como estaba previsto, cuando quizás indigestado mentalmente de tener que memorizar aquellos mandamientos que nada tenían que ver con la inocencia de un niño, a una pregunta clave que lo haría apto para comulgar, respondió que uno de ellos era “fornicar a Dios sobre todas las cosas”.

Libro deliciosamente iconoclasta, con el hilo conductor de una novela que parte desde el vientre de su madre, a través de episodios que sucesivamente se van complementando unos a otros, revelándonos al autor con sus más verdaderos móviles; con sus primeros descubrimientos intelectuales que lo convierten en un navegante del Nautilus, por culpa de Verne, y en un hasta nuestros días insigne mosquetero, por culpa de Alejandro Dumas, con una espada no al servicio del rey, sino de la aventura del espíritu y de la utopía.

Con su libro “Los Móviles de Tono” (SERVIPRENSA, Guatemala, 2005), su autor Antonio (Tono) Móbil (Guatemala,1930) confirma lo que años antes se había consignado en la solapa de “Guatemala: su pueblo y su historia” --escrito junto con Ariel Déleon Meléndez y publicado en 1991--, en cuanto a su indeclinable fidelidad a la revolución de octubre de 1944, o a la revolución sin fecha límite, como rayo que no cesa, y que en su caso la lleva consubstancial desde que nació y fue creciendo en él.

“La tempestad de 1944 --dice coincidiendo con Salvador Allende-- me enseñó que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi biológica; entendí también que el gozo de construir la libertad se confunde con el sabor y el aroma de la savia fresca”.

Y es que ciertamente un revolucionario es joven toda su vida y su espíritu no se contamina de mezquindad, oportunismo, cinismo y el consecuente abandono de toda moral y ética en aras de tener el poder. La savia fresca no se compagina con el caudillismo ni con la sabiduría del hombre que, por envejecimiento espiritual, deja necesariamente de ser revolucionario para devenir en politiquero.

La conciencia y la vida toda de un revolucionario siempre serán, como el subtítulo de este libro, “trazos para una exposición”. No únicamente porque lo que se expone es lo que no se oculta puesto que no hay nada de que avergonzarse, sino porque el gozo de construir la libertad implica, como el de decir la verdad, exponerse a perder la vida.

Iba a titular estas reflexiones como “Anotaciones en torno a Tono Móbil” (continuando un estilo propio de José Coronel Urtecho), sabiendo y compartiendo, por conocerlo y apreciarlo desde hace muchos años, sus móviles para actuar en política y en cultura. Pero las titulé Movilizaciones porque su significado es lo que moralmente nos mueve, a su autor y a mí, en el mundo cuando, al imperio decimos no me mueve mi Dios para quererte.

Lo de tono mayor sobre Tono es porque en música, y en alguna bohemia también compartida, tan no hay nada que ocultar, que es un gusto elevar el tono. Además de que Tono, de los tonos es, con ya setentiséis años, el mayor en juventud acumulada.

El gozo de construir la libertad no es para codiciosos ni para ahítos de poder, ni para quienes acaban por someterse al status quo. Es para inco­rruptibles y para quienes jamás aceptan que la sabiduría política pueda significar disfrazarse de lo que se fue y, por lo tanto, de lo que no se tuvo capacidad de seguir siendo. No es para los que tranzan con la corrupción autoconvenciéndose de que lo que se hace mal, si es por el pueblo, está bien. Se repite así lo de que el fin justifica los medios, y esto, incluso a corto plazo, se transforma en una telaraña que aprisiona todo principio ético y todo ideal revolucionario.

El gozo de construir la libertad es sobre todo el gozo de nunca darse por vencido en el empeño de construirla, y el gozo de no contaminar ese empeño puro transigiendo ante la politiquería y las aberraciones históri­cas. Pase lo que pase, si el castillo nos lo derrumban las fuerzas imperia­les de siempre, o quienes traicionan a la revolución adueñándose de ella para provecho propio, siempre nos quedará, si no llega antes la muerte, el deber y el gozo de volver a intentar construir la libertad.

El gozo de construir la libertad siempre será un reto, incluso para hombres de setentiséis años como Tono Móbil, quizás porque ser mayor de edad y no ser revolucionario iría contra la genética de un joven que nunca, durante toda su vida, ha aceptado tener contradicciones biológicas.

Precisamente por lo anterior --estoy seguro-- es que Tono junto con muchos compatriotas suyos acaban de hacer un “llamado a la constitución del Frente Político-Social de Izquierda” con el lema “OTRA GUATEMALA ES POSIBLE”, el cual publicamos en esta misma edición.

Da gusto, como parte del gozo del que hemos venido hablando, poder llegar al día de hoy y como Tono Móbil poder decir: “Hoy, satisfecho con mi vida, no cambiaría ninguno de los sucesos que han guardado mis pensamientos y la convicción de haber transitado por un camino ancho y llano, ajeno a tránsfugas y oportunistas”.

Por todo lo que he dicho creo que este libro, autobiográfico; sin concesiones a la sensiblería pero de una gran ternura; espejo de veracidad y autentici­dad; tránsito de un cronista, que sabe hacer muy bien su oficio, por la Historia de Guatemala de la cual es uno de sus protagonistas y mejores interpretadores; pletórico de anécdotas e inventarios espirituales de seres queridos en países queridos; en fin, libro del buen amor: es en esencia el testimonio de un joven que conoció profundamente la ternura y que por ello aún hoy no renuncia al gozo de construir la libertad.

Octubre, 2006.