Nuevo Amanecer

Identidades negociadas


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La contribución que nos proporciona Mario Roberto Morales en su obra La Articulación de las Diferencias o el Síndrome de Maximon (Palo de Hormiga, 2002) no podría ser más necesaria y fundamental. Podríamos decir que uno de sus aportes más importantes es el riguroso balance teórico y de posicionalidad que viene a ofrecer en lo que respecta a su propuesta de análisis, la cual no se restringe a ciertos objetos culturales tradicionales como la escritura, sino que va hacia los cruces y articulaciones que se llevan a cabo en un locus que podríamos llamar post (pre) moderno, como es Guatemala.
Ello no impide que su modo de abordar el nexo entre encuadramiento teórico y reconstrucción de un concreto proceso histórico sea limpio. Es decir, Morales mantiene el enlace entre ese marco teórico contemporáneo y las realidades que son sus objetivos nominales a enmarcar: estudios culturales, subalternismo en búsqueda de entender las negociaciones identitarias de hoy. Lo mismo de cómo se representan los márgenes o las figuras subalternas, tanto por aquellos que dicen devenir de ellos o por los que, como bien dice Hugo Achúgar, aprehenden conciencias prestadas.
En primera instancia, vale preguntarse si el mismo Mario Roberto Morales no cae dentro del espacio de teorizar o de representar al otro. Sin embargo, su posición, como decimos al inicio, se emparienta con lo que se ha dado en llamar pensar en (desde) los intersticios, en tanto y en cuanto su posicionalidad se vuelve un desplazamiento paradigmático funcional.
El corpus de Morales es variado: va desde las narraciones de Asturias, pasando por el testimonio de Rigoberta Menchú hasta las tradiciones del Rabinal Achí, así como las tradiciones de Maximon en Santiago Atitlán, últimas que han aprendido a refuncionalizarse en un contexto en el que la interculturalidad democrática (Morales) es más necesaria y podríamos decir útil de aplicarse en este espacio configurado por historias coloniales.
Es un texto en el que se da cuenta sobre el estudio de los procesos de construcción (negociación) de identidades bajo los actuales tiempos de globalización. Esto a su vez permite enterarse de la construcción de los procesos mismos de globalización por parte de los actores sociales, y de sus interrelaciones en espacios crecientemente translocalizados. Morales asume la tarea de pensar los procesos étnicos refuncionalizados ocurridos en gran parte de la región guatemalteca (capital incluida) en tanto procesos históricos que coadyuvan a liberar nuevos enfoques disciplinarios descontaminados de la carga políticamente correcta del multiculturalismo y de los lineamientos de las poderosas ONG. Por ello es que en casi toda la trama discursiva se advierte la necesidad del contrapunto (sin polarizar) entre el énfasis en las prácticas de los actores y la consideración de las condiciones sociales e históricas que les brindan su contexto.
Este autor logra una travesía crítica por el posmodernismo y el postcolonialismo. En este sentido no cede ante los efectos teóricos contemporáneos nada más que una justificación para deconstruir la noción de subalternos, en la que se refleja, por otra parte, una desconfianza sin duda previa a su contacto con esas corrientes frente a la tentación de transfigurar la subalternidad en una armoniosa hermandad de iguales, y una firme intrepidez de indagar los límites que también dentro de ellas separan a dominantes y dominados, explotadores y explotados.
La Articulación… más que una obra reconciliadora o que aboga por emparejar a etnias-subalternos nación-discurso-hegemonía, es un punto de partida para deshacerse de las tentaciones fundamentalistas y fatalistas sobre las cuales se ha construido el discurso fundacional en Guatemala y por extensión en Centroamérica.
Es una obra propositiva debido a que es capaz de reconocer la productividad de los intercambios y los cruces, así como teorizar sobre lo que esto habilita para participar en varios repertorios simbólicos, económicos y políticos. Es una reflexión intercultural que reconoce las diferencias y de cómo éstas pueden estar abiertas y cambiantes para enriquecerse y actuar como puentes de comprensión entre posiciones distintas.
Morales atisba y reflexiona sobre el proceso de convertibilidad que los medios de comunicación agencian sobre lo nacional/popular guatemalteco y que junto a lo que Martín Barbero llama “comunidades hermenéuticas” hibridan corolarios, discontinuidades, gestos atávicos, residuos modernistas, eclecticismos postmodernos (Barbero) sin que se afecte o altere las diferencias. Así que, según Morales, la llamada globalización ha puesto en juego un contradictorio movimiento de la cultura, que es a la vez de deslocalización y revitalización de lo local.
La Articulación de las Diferencias es una percepción no sólo metodológicamente coherente, sino una hilación histórica que piensa diversos ángulos de la realidad guatemalteca, así como figuras señeras, obras decisivas con una perspectiva anticanónica y, además, pone al día las correlaciones de poder. Mediante esas nuevas acciones, Morales busca responder a las nuevas demandas sociales y las nuevas figuras de lo político. Así que Morales piensa de igual manera las nuevas tensiones estratégicas, que fuerzan a las tradiciones a cambiar: hay un vaivén entre la inercia y las mutaciones que imponen los cambios y las nuevas solicitudes de los públicos. Se trata de un fenómeno y de una tendencia al mismo tiempo local y global, que resulta sumamente ilustrativo para una discusión sobre las dimensiones culturales de los procesos de globalización actuales y que Mario Roberto Morales sabe muy bien pensar.