Nuevo Amanecer

Icono


El concepto de icono o icónico designa la imagen, pero también, por ello, el lenguaje figurativo, icónico y jeroglífico, por oposición al ideogramático, que es en base a objetos fonéticos (fonemas): las letras del alfabeto (Jackobson), combinados en sílabas o palabras (morfemas). Peirce diferencia tres niveles de representación en lo lingüístico (conforme la clásica división filosófica entre objeto percibido-proceso de percepción-perceptor): icono, que representa un objeto, el indicio que lo denota (elevar la voz indica cólera), el símbolo que lo codifica (la balanza simboliza la Justicia).
De la reciente Bienal de Cuenca, Virginia Pérez-Rattón (“Iconofilia o iconomía”, HOZ-tía 3, CD de la revista Estrago, Managua, No 3, oct. 2005-feb. 2006) plantea: “José Alejandro Restrepo configura este asunto: “Hay tres semicírculos concéntricos encajados. En el centro estaría la iconografía, enseguida la iconología y en la periferia, la iconomía”. Como para Restrepo la iconomía incluye a las instancias “de la guerra de imágenes, de la negociación entre imágenes; de la política de las imágenes; de la manipulación de las imágenes; de las imágenes dominantes y de las otras imágenes”.
A diferencia de Blunt, Jackobson no estudia la costumbre social de lectura del icono como fundamento de su significado. Así al plantear el significado implícito de las letras, no evoca la influencia en este significado de la forma misma de la letra escrita. Peirce, al igual que Russell respecto de los lenguajes-objetos, reduce el icono a una figuración fehaciente del espacio concreto, mientras obviamente no sólo induce (lo que no contempla Peirce), sino también informa y simboliza.
Es La traición de las imágenes de Magritte (la imagen de una pipa no es una pipa) y las tres sillas de Kosuth. La tripartición del significado referencial se origina en la metáfora platónica de las tres camas: conceptual, concreta y figurada. Sólo que si para Platón el valor conceptual es primero, para Peirce es último, grado máximo de denotación. Panofsky procede idénticamente dividiendo el grado de percepción del icono en pre-iconografía (reconocimiento formal), iconografía (reconocimiento indicial: temas referidos), e iconología (reconocimiento simbólico, particular).
Pérez-Rattón asume otra nivelación del significado formal, inspirada en la distinción entre iconografía (no discursiva) e iconología (interpretada) de Panofsky, y en Mitologías de Barthes sobre el uso ideologizado de las representaciones contemporáneas. Panofsky al hablar de iconología retoma el título del libro de emblemas de Ripa (1593), en el que el concepto “iconología” remite al simbolismo de las imágenes (significado de cada atributo de las alegorías que permite representar --los libros de emblemas eran dirigidos a los artistas-- y entenderlas).
Icono es, en el mundo bizantino, la imagen religiosa. Adquiere así, en Ripa como en Panofsky, referida no sólo a lo religioso, sino a figuras y alegorías antiguas, valor de representación simbólica, denotativa social y mítica. La división entre iconografía e iconología marca entonces la misma diferencia que entre etnografía (descripción de los hechos sociales) y etnología (análisis de éstos). Al asumir otro nivel, el de iconomía (concepto socializante del arte como objeto influido por un intercambio entre productores y mercado y adecuación de los primeros al segundo), Pérez-Rattón reanuda con conceptos postmodernos como los de metapoética o “metavisual” (Caliandro, Coloquio de Urbino 1997 L’immagine nel linguaggio e nei non-linguaggi), que desvirtúan la división de Russell entre lenguajes-objetos y metalenguajes.
Así la neobarthesiana semiótica del arte reduce el significado simbólico del icono al formal, restándole pertinencia otra que de significante (envoltura formal del significado). Obviando el concepto comparatista de intertextualidad, estudiado desde los primeros estudios filológicos del S. XIX sobre literatura antigua, y reemplazándolo por el de metapoética: retorno o calco de lo literario sobre sí mismo, menosprecia la división de Russell entre lenguajes-objetos que representan ideologías genuinas, socialmente admitidas, y metalenguajes que se superponen a dichos discursos primarios para aclarar y criticarlos. El metalenguaje tiene una perspectiva crítica basada en ideología científica sistemática de reducción del campo de análisis y confrontación de datos, que no tienen los lenguajes-objetos, aun cuando se enfrentan a sí mismos, como es libro silogístico (dividido en tres partes que se elevan de lo poético a lo interpretativo) La escritura vigilante de Ezequiel D’León.
La reducción ideologizada del método panofskiano a lo “metavisual” por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París revela la incomprensión del valor interpretativo de cualquier metalenguaje, que nunca se identifica con una vuelta del material estudiado sobre sí mismo, pues, sería identificar, como suele darse en la postmodernidad, la ciencia histórica con un relato. El papel de la ciencia es minimizar la ideología del discursante, no fortalecer su subjetividad. Lo contrario es rebajar la ciencia a un lenguaje-objeto. Pero el debate no viene tanto de un menosprecio hacia Panofsky, sino hacia el icono como forma discursiva, simbólica. De Hegel a la semiótica del arte se le negó otro rol significante. Pero la escritura ideogramática es históricamente la simplificación formal de la imagen del objeto referido (Histoire de l’écriture - De l’idéogramme au multimédia, Flammarion, 2001), de manera a reducir la infinidad de signos por una serie menos amplia (letras del alfabeto), y no tener un signo por objeto designado. Lo confirma, al nivel pictórico (caligrafía) y lingüístico (amplitud del léxico), la escritura china.
Igual simplificación de signos, ya adquirido léxico común, se da en el arte rupestre, cuando se vuelve geométrico. Lo que, reintroduciendo en el marco histórico lo icónico como objeto simbólico primario, pone fin al debate sobre el icono como grado cero del significado, por oposición al ideograma, y reduce el texto a la forma verbal directa de un material más complejo: los códigos visuales y perceptivos, que se normatizan (v. Panofsky, e Freud: Interpretación de los sueños) mediante ideología representativa denotativa, referida a la mitología, el simbolismo del objeto representado y el valor social acordado a dicho objeto.