Nuevo Amanecer

Carlos Mejía Godoy: “Aquí estoy por Camilo”

La cita con Carlos es en la Casa de los Mejía, y hablar con él, el artista que todos conocemos y reconocemos, ha resultado ser como una gran entrevista colectiva, con incontables saludos, apretones de manos, abrazos, palabras de admiración y amplias sonrisas. El autor de “No se me raje mi compa” está preparado para grandes convocatorias del corazón y el afecto. A Carlos se le quiere y se le respeta

Primer acercamiento espiritual con Camilo
Carlos Mejía Godoy, ondulaba su infancia en sus diez años cuando tuvo el primer acercamiento espiritual con Camilo Zapata. “El Solar de Monimbó” fue mi primera escucha de sentir la Nicaragua autóctona, con el son nica como reverencia y referencia esencial, y lo dice bien entonado y prosigue. Ese impacto fue de rotundo enamoramiento: la luz de un feliz mensaje que agitó mi corazón y mi mente, algo que nunca antes había sentido, tan sublime como una caricia. Y yo, el cronista, sin poder evitarlo me estremezco al mirar en los ojos el gozo contagiante de Carlos, que palpita en el paraíso de la música, y que desafiando las penas del tiempo se pone en pie y baila el zapateado con tanto garbo y tantas voces y tantos aromas, en otro gran relincho por Nicaragua, como diría Luis Enrique Mejía Godoy. Son los recuerdos y la memoria de Carlos izando su admiración por Camilo Zapata. También fueron “ecos” para mí de mucho impacto, “La Juliana”, de Jorge Isaac Carballo, y los corridos de Tino López Guerra. Pero Carlos tenía un retrato a su manera de Camilo Zapata. En mi mente yo me figuraba a Camilo como un hombre recio, de sombrerón y de botas altas, quizá por lo de Zapata. Imaginaba su presencia revestido de cuero de mente y corazón.
Segundo acercamiento espiritual
El tiempo pasa y Carlos estaciona sus recuerdos en el Colegio Salesiano de Granada, adonde llegó como estudiante de un pueblito chiquito (Somoto), pero quizás sin imaginar que tendría un segundo acercamiento espiritual con el autor que usó su corazón para ponerle música. En el Salesiano los chavalos me hablaban de Estelí, Ocotal, Chichigalpa, Acoyapa, y yo me sentía lejos, pero me llamaba la atención la fuerza fonética de esos nombres, y que esos lugares tenían una iglesia linda, me secundaban, y que la ciudad de Nandaime tenía su canción, “El Nandaimeño”, y que su autor era Camilo Zapata. Y yo sólo pensaba: y a mi patria chica, Somoto, pegado a la frontera, ¿quién le iba a hacer su canción? En esa época Camilo Zapata se me volvió más grande e insustituible. Sus canciones me “quemaban” el corazón, con un ímpetu bien lindo y estimulante, confiesa Carlos.
Camilo rompió todos mis esquemas
Y llegó el momento para Carlos de conocer al personaje querido y para afinar el detalle del tercer acercamiento espiritual; me dice que fue el cantor Otto de la Rocha quien lo invitó a una fiesta privada en casa de Carlos Lang, primo del magistrado Enmet Lang. Antes de que Camilo ejecutara la guitarra yo ya estaba prendido de su personalidad, porque él me rompió todos los esquemas, y Carlos me lo confirma gesticulando con todo el cuerpo. Me impactó por su enorme sencillez, nítido, pudoroso en el vestir, de camisa manga larga y pantalón de “salir de impecable gabardina y zapatos bien lustrados. Yo conocí a ese Camilo, que sigue siendo el mismo, absolutamente llano, despojado de orgullo baladí, cariñoso, bromista, fino y lúcido”.
Camilo el ser humano
Carlos se siente tan orgulloso de Camilo y tan agradecido que no quiere quedarse con elogio ni virtud para hablar del maestro Camilo Zapata. Camilo es el ser humano que nunca habla de sí mismo, de sus grandezas. Y eso hace, quizás sin proponérselo, que su amistad sea una virtud de una amistad para crecer. Como prueba irrefutable de la humildad y don de gente del maestro, Carlos recuerda: yo era un chavalo que no escupía en rueda, y Camilo tuvo palabras de elogio para mi “Alforja Campesina”; para mí ese gesto es inolvidable, por la pureza de su actitud, y que habla de su entereza y de su condición de grande de la música nicaragüense.
Pero hay otras complacencias de Carlos que hablan de su admiración por Camilo al señalar que: al maestro del paisaje nicaragüense nadie lo imitó en sus canciones.
Otro rasgo de la personalidad de Camilo Zapata que Carlos cuenta con gracia es que el maestro es el único artista nicaragüense que al cantar sus canciones pronuncia con nitidez la castiza letra Z.
Camilo, el guía
Carlos agradece la forja de su crecimiento artístico al maestro Camilo Zapata y a los entrañables cantautores nacionales Erwin Krüger y Otto de la Rocha. Camilo ha sido todo un árbol frondoso de infinita riqueza y acompañamiento valioso y admirable, puntualiza Carlos.
Me duele no haber estado más horas con Camilo
Yo no cultivé una gran amistad con Camilo Zapata, porque yo no soy un hombre de gavilla, de fiestas, por eso es que me duele no haber estado más horas con él. Como ser humano tengo añoranzas. Sin embargo, puedo decir con certeza que cuando platicaba con Camilo yo le absorbía todo lo que me era posible.
Camilo, parámetro estético y ético
Camilo Zapata es un parámetro estético y ético, grande e imprescindible en mi desarrollo artístico y humano, admite con regocijo Carlos. Su vasta obra fundamental, su sencillez, humildad y llaneza fueron un norte para mí.
Camilo y su obra
Desafortunadamente, en nuestro país no se ha profundizado en el estudio de la gran obra cancionística ni en la música de Camilo Zapata, lamenta Carlos y prosigue, las canciones tan bellas y tan nicaragüenses de Camilo no se han estudiado desde lo cultural ni antropológicamente, para descubrir otros rasgos de la originalidad de la música nicaragüense. Necesitamos conocer más acerca de la excelencia de las letras y de la música, y no podemos esperar más, advierte el cantor, para señalar la urgencia de afianzar lo nuestro.
Basta escuchar “El Solar de Monimbó”: “Hay que ver a doña Inés para bailar como zapatea y a la vez que hace la cadera temblar” para confirmar que esa canción es una fiesta, una gran convocatoria, señala Carlos. Es toda una coreografía del Son Nica. El olé caiteado, que se baila con pasión, ternura y coquetería, remata.
“El Caballito Chontaleño” es la canción donde Camilo se apropia del oficio de topógrafo para conocer la profundidad de piel de la tierra, y el paisaje, señala. Así como en: “Yo quisiera remedir otra vez tu corazón”....
Camilo Zapata en cada canción proyecta una enorme responsabilidad con la patria, y las escribe con sencillez y enorme dignidad, que no es casual en un compositor riguroso y profundo como el maestro.
En “Linda Rosa Pineda” hay admiración, cariño y erotismo, sin manosear el alma de la mujer. Es el Camilo autor de boleros, valses, de “Cara al Sol”, creando una escuela para toda la vida, como un ministerio moral. Y aquí Carlos recuerda a su progenitor: “Mi padre, que era un ebanista, cuando culminaba una obra me llamaba a mí como su cercano colaborador para escuchar mi comentario y al final me decía con la humildad de su grandeza: Carlos, esta mesa “parece nacida”.
Camilo de mis urgencias
“El Clarinero Mayor” (como condecoró Carlos a Camilo) ha sido una huella permanente de ilustres consecuencias para CMG. Y como ejemplo, Carlos dice que para que “Panchito Escombros” naciera calcó a estructura de “Flor de mi Colina”, y con ello hizo un son “camiliado” y sentir el Son Nica.
Camilo y su ministerio moral
Camilo Zapata es capaz de tocar lo erótico con la excelencia del “Cantar de los Cantares”, de Salomón de la Selva, sin caer en el lenguaje ordinario, chocante o sexista. Las letras de sus canciones son armoniosamente bellas, bien elaboradas, con pareados y rimas consonantes, conjugadas con fina gracia. Ése es el Camilo grande, confirma Carlos.
Pero Carlos quiere que la influencia del Son Nica no decaiga y se profundice para bien de nuestra música nacional. Es necesario cultivar ese maravilloso 6x8 que tanto nos ha dado a todos los nicaragüenses, recalca el discípulo del “Clarinero Mayor”.
El llamado de Carlos
Todos los nicaragüenses tenemos que contribuir con hacer de nuestra música y nuestros maestros como Camilo Zapata los estandartes más apreciados, para que se les honre en las emisoras de radio y televisión al darles el crédito merecido a los autores de las canciones, como un derecho moral y justo. Si cada vez que cumplimos, lo hacemos bien y con legítimo respeto nos reconocemos como grandes hombres y mujeres de nuestro país. Es bueno recordar a José de la Cruz Mena, Camilo Zapata, Erwin Kruger, Otto de la Rocha.
Carlos está emocionado y se despide de nosotros deseando larga vida al maestro Camilo Zapata.