Nuevo Amanecer

Camilo Zapata, Vida y Canto


Camilo Zapata, el creador del Son Nica, cumple este lunes 25 de septiembre 89 años, hoy queremos hacer un homenaje a “El Clarinero Mayor”, como lo bautizó Carlos Mejía Godoy, con datos importantes de su vida y obra escrita por Joaquín Absalón Pastora y la cual es prologada por Alvaro Urtecho.
Para hacer realidad esta obra Absalón Pastora trabajó muy cerca de Camilo entre­vistándolo sobre las diferentes etapas de su azarosa, alegre y trágica vida al servicio siempre de su pueblo; su vida en la ciudad y en el campo, sus continuos viajes como comerciante y como artista, sus exploraciones y observaciones, sus relacio­nes con otros compositores, las circunstancias mágicas e his­tóricas, reales e inexplicables, anecdóticas y científicas como creador del Son Nica.
La música de Camilo Zapata, surgida de la entraña más honda y pura de nuestra nación, pese a sus ya largas décadas de andadura, sigue conservando toda la fuerza y el encanto que caracterizan a las expresiones auténticas de una cultura. Cul­tura nacional, cultura de la Nicaragua vernácula, con olor a flor ancestral, arcilla y tierra mojada (ocre y verde, azul y roja, dorada o amarilla según el grado de su crepitación), sabor a fruta fresca y olor a polvo de camino, los innumerables cami­nos que este gran compositor, creador indiscutible del son, pero también experimentador polifacético de diversas formas musicales, descubrió y recorrió.
Camilo fue y es precisamente eso: un caminante, un hom­bre que aprendió a conocer Nicaragua en el camino, en los diversos caminos (de la trocha y el sendero a las carreteras y vías de penetración) a donde le llevó su oficio de ingeniero topógrafo. Ahí, en esas espesuras que se abrían de repente a la luz de la alborada, en esa permanencia en los ranchos y campamentos, en esa indagación en la psicología popular y en la picaresca elemental, en esos viajes por toda nuestra va­riada y herida geografía, nuestro cantor se nutrió de la Nicara­gua profunda, la Nicaragua que nuestros grandes artistas y poetas han descrito, exaltado y descifrado.
Nacimiento del Son: Caballito chontaleño: Desde su niñez todo lo hizo solo bajo un árbol de malinche que si tuviera lenguaje, confesaría haber sido cómplice en el descubrimiento personal de Camilo, “de la métrica de su son” buscada afanosamente y consiguiéndola acompañado por el rito de la casualidad. Sin haber perdido nunca un solo grano de su estima, alentado por la obstinación de sumergirse sin testigo alguno en el repo­so rústico como si la sencillez de la antigua madera fuera la madrina de sus partos, uno entre tantos días, tuvo que hacer la prueba sin que le saliera el ritmo idealizado. Nunca renun­ció, la persistencia de encontrado jamás se vino a pique. Una de tantas tardes afiló la reiteración y tampoco. Le costaba el hallazgo. El demonio de la frustración rondaba en el camino. Sus tentáculos lo invitaban a desistir del empeño. Revolotea­ban sobre su cabeza deseos de dejar la gorra en la copa del árbol. Y qué carajos estoy haciendo aquí bajo este palo de malinche si no me sale lo que yo quiero. Pero la sublime neu­rosis no lo hizo desistir. Está tocando la guitarra resignado a ver qué sale de nuevo y de pronto, de sopetón como dirían los españoles, de golpe pues oyó un ritmo. Madre mía, Dios mío gritó Camilo, “¿qué es esto?” Qué es repetía. Este ritmo no lo estoy haciendo yo, sale como si fuese un milagro, y pulsó y pulsó. Las manos bailaban sobre la madera hasta que dominó el ritmo, hasta que entró en los umbrales de la purificación. “Dios mío, este es el son que yo quiero para Nicaragua”.
El Solar de Monimbó: Por “Solar de Monimbó” pasa un originalísimo “trabalenguas”, ¿cómo fue? Un día de tantos, Camilo no asiste con puntualidad al rigor de las fechas Paco Ortega le hizo un homenaje en Masaya. Motiva la dedicatoria uno de los cumpleaños de nues­tro compositor y una de las victorias beisboleras. El lugar donde se le hizo el homenaje a Camilo Zapata, se llamaba como su son, “Solar de Monimbó”. Quedaba cerca del Colegio Salesiano. Había en el solar pocos ranchos de paja, por cierto, disemina­dos. El rancho típico de la época elaborado por la mano de obra indígena. Fue una sesión memorable endulzada por el canto de los sones. Camilo hizo suyos los movimientos de la morena y de su moreno, empolvados y pintados con toda la frescura y el hervor de las inocentes suspicacias. Después de la parranda Paco y Camilo regresaron juntos a Managua. Ya en Managua poco tiempo después se le ocurrió a Camilo plasmar, formalizar la canción dedicada al Solar de Monimbó. Se convirtió en el himno de Masaya. El zapateo es un panorama ideado. Camilo llega a un lugar como este solar, mira, le gusta y hace una concepción llena según las circunstancias, de picardía, de amor, de humor, de “güegüencismo”.
El nandaimeño: Los granadinos en la “otra cara de la moneda”, manifestaban su resentimiento con esa presunción. Ellos provenían del tron­co español, aunque Carlos A. Bravo les haya dicho mil veces que por el lago entró la hez de España. No era posible que un indio conquistado y puro como el nandaimeño pudiera vanagloriarse de los blasones de “la gran sultana”. Las horas de la polémica rondaban en la parte sur del país. Por ello cuando un legítimo granadino veía a un nandaimeño se burlaba de sus caites, de su forma de hablar, de su dejadez trivializada, de su inconfundible “cantadito”. Entonces se le vino a Camilo la idea de hacerle una canción al “Nandaimeño”. “Soy grana­dino, nací en Nandaime, de zapatones jamás usé caites, bajo a la población, no me paro en las esquinas, no me gusta que me digan que soy un indio sin educación”.
“Camilo Zapata Zúñiga es poeta y músico bajo el cielo de maíz y trigo, bajo el bejuco o el mecate de cabuya, sobre el zacate o frente al barro del comal, junto a la piedra de moler o al jicarero. De toda esa instrumentación está llena su orquesta. Vivió tanto tiempo en el campo. Explorador de rutas, hacedor de superficies de melodías, penetró montañas cantándolas con las cuerdas tatuadas en la piel ultrajada por la pasión cenital del sol, ruiseñor de la peregrinación mítica del campesino. Al descubrir el son que siempre quiso para Nicaragua bajo la mirada de un palo de malinche, perseveró en la búsqueda de todo lo que exprese el quehacer, el sentimiento, los amores, la bohemia, la carcajada rural. No escaló la cima del virtuosismo académico, meta no presupuestada en su sencillez. Nunca vaciló enamorarse de la guitarra, la novia de madera que toca y guarda en su cuarto de música desde donde responde al llamado de la creación y va hilando el lenguaje de los ochenta y cinco tomos de su biblioteca existencial. No hay desalientos en sus cuerdas, ninguna incertidumbre en el nimbo de sus costados. Cuando no pueda tocarla y el final inexorable detenga el impulso de sus entusiasmos, una lluvia de flores vernáculas caerá sobre su canto” Joaquín Absalón Pastora

¡Muchas felicidades Camilo y gracias por el Son que nos regalaste!