Nuevo Amanecer

Si hubiese sido árbol

Mudnakudu Chinnaswamy

Mudnakudu Chinnaswamy nació en 1954, en un pueblo del estado Karnataka, en el sur de la India. A pesar de su origen humilde, logró una educación que culminó en dos maestrías universitarias, una en economía y la otra en la literatura de su idioma, el kannada. Se desempeña como ejecutivo de la corporación de tránsito vial del estado, y ha adquirido fama como poeta importante de la nueva leva en su idioma. Ha publicado trece libros, cinco de los cuales son antologías poéticas. El poeta escribe: “Es común en la India que un hombre de casta baja sufra humillaciones e insultos. Como persona sensible, me afectaban íntimamente. El dolor y la penuria hicieron de mí un poeta.”

Si hubiese sido un árbol
no le habría preguntado al pájaro
antes que hiciera el nido
cuál era su casta.
Cuando me abrazaba el sol
mi sombra no se habría sentido profanada.
Mi amistad con la fresca brisa y las hojas
habría sido dulce.
Las gotas de lluvia no se habrían devuelto
tomándome por comeperros.
Cuando me extendía ramificándome desde las raíces
Madre Tierra no habría huido
pidiendo a gritos un baño.
La vaca sagrada habría rozado mi corteza con su cuerpo
rascándose donde le picaba
y los trescientos mil dioses abrigados dentro de ella
me habrían tocado.
Quién sabe
al final
tajado y hecho leño seco,
ardiendo en el fuego sagrado
he podido purificarme,
o convertido en féretro para un cuerpo sin pecado
ser llevado en hombros por cuatro hombres rectos.

Antes que vuelva a llover
La casa era del abuelo tiempo,
los jirones del techo de paja
alrededor del palo central
son el paraguas del viejo.
No bastan latas y platos
para las goteras en los bordes,
se formas hoyos en el piso de bosta
como para las piezas de un juego de niños.
Fuera, las ranas croan en el basurero,
dentro, papá está sentado en silencio
con tan sólo
un costal por chamarra.
Los niños en su rincón
tienen cobijas de harapos
que no bastan para protegerlos
de la lluvia que se cuela.
Contra el frío que aprieta los dientes
los abrigos andrajosos no bastan,
el sueño llega a medias
a la mente empapada hasta dentro.
En el sueño del verano por venir
se cambian las tejas rajadas por nuevas,
se renueva el techo de paja
con tal que no caiga fuego
en el pajar.
Cuando llegan las lluvias a todos
los pobres de mi pueblo,
alimentan con las astillas de sus sueños
una por una el fogón de sus pechos,
calientan sus mentes,
sentados y arrimados piensan
cómo pueden contar con las lluvias
de esta temporada.
Antes del amanecer
entra un riachuelo por el umbral;
una taza rota no basta
para achicarla.
Ellos trabajan por días y por monedas,
toda esta lluvia torrencial
les atormenta - ¿por qué no para?
Hierven dentro.
El soplete de la boca de papá
saca a la fuerza sus palabras:
reacomoda las tejas, hijo,
antes que vuelva a llover,
o si no llévate
mi cadáver.