Nuevo Amanecer

¡CUIDADO CON EL PATRIMONIO CULTURAL NACIONAL!


El Patrimonio Cultural Nacional parece estar en la mira de los “destructores”.
Parece ser que no nos damos cuenta de cuánto trabajo, sudor y sacrificio hay detrás de una obra de arte, de una huella, de una pieza de la historia de nuestra cultura y de nuestro arte. Como que el Patrimonio Cultural es algo liviano u “opcional” de una nación, algo que no cuesta y, por lo tanto, “lo que no cuesta…”.
Recientemente vimos cómo el Cemoar (Centro de Espiritualidad Mons. Oscar Arnulfo Romero) fue cerrado a los turistas y visitantes que querían apreciar lo que se había convertido en un verdadero “museo de arte público”, con obras prácticamente donadas al pueblo nicaragüense por más de 30 artistas de América Latina y de Europa.
Allí escondidos y sin ningún permiso ni de la Dirección de Patrimonio Cultural, ni de los autores de las obras, los actuales gestores pintaron las paredes y los techos con colores violentos que nada tienen que ver con el conjunto artístico y arquitectónico inspirado, más bien, a la paz, a la meditación y contemplación de los conventos antiguos.
Por no hablar de la substitución de las sillas tradicionales de madera preciosa con las de plástico baratas; de la pintada de brocha gorda del busto de Carlos Fonseca, etc… Temblamos al imaginarnos qué es lo que estará pasando con las 36 obras de arte público, que fueron declaradas Patrimonio Cultural Nacional, sin el control de nadie y bajo la dirección de semejantes sensibilidades hollywoodianas.
Y frente a lo que está sucediendo ahora en la Iglesia S. María de los Ángeles en el Barrio Riguero, tenemos material abundante para reflexionar sobre “qué es lo que está pasando”.
Allí podemos dividir la problemática en dos partes: la de los TEMAS y la de los CONTENIDOS de las obras de arte.
Si bien son propiamente los TEMAS de las pinturas murales del Riguero los que han despertado abundantes polémicas a lo largo de estos años; las partes de las pinturas que representan estos temas controversiales prácticamente están intactas: no han sido arruinadas o deterioradas, aparte de las censuras impuestas por medio de cortinas, o la falta de limpieza y mantenimiento.
Mientras que sorpresivamente han sido abundantemente maltratadas o destruidas importantes partes decorativas o elementos plásticos indispensables en el conjunto monumental.
Hablamos del CONTENIDO profundo de las obras en donde ha habido una paulatina contaminación y destrucción llevada adelante día tras día a lo largo de los 20 años de vida de esta obra del Patrimonio Cultural Nicaragüense.
El CONTENIDO profundo de estas obras, y su valor trascendental, es propiamente el “lenguaje” utilizado: se trata fundamentalmente de un conjunto de pinturas murales, de cerámicas, de esculturas y de decoraciones integradas a un edificio arquitectónico pre-existente. Esto es, en síntesis: una obra de INTEGRACIÓN PLÁSTICA entre pintura, escultura y arquitectura.
Así fue concebida la obra entre el 1982 y 1985, cuando fue realizada, fundamentalmente en función didáctica para 30 estudiantes de Artes Plásticas.
En este sentido, cada centímetro cuadrado de las superficies interiores de la iglesia fue tomado en consideración, fue “intervenido” con colores y formas, hasta conseguir una armonía plástica total: de todo el espacio arquitectónico interior.
Esto significa que el color de las estructuras angulares metálicas, las líneas y policromías del cielo raso y puertas, hasta el piso, ventanas y toditos los elementos tridimensionales como los muebles, barandas, etc. hacían parte de la expresividad plástica integral de esta obra. Esto es: el espacio expresivo aún, o más allá, de las imágenes temáticas representadas: el verdadero CONTENIDO del conjunto monumental.
Y, además, todos estos elementos, así como todas las superficies y espacios interiores de la iglesia fueron “intervenidos” plásticamente tomando en cuenta el movimiento de los feligreses o visitantes desde la entrada principal hasta el Altar Mayor, y también en los recorridos laterales hacia la derecha o hacia la izquierda de la iglesia, con sus respectivos “conos ópticos” y deformaciones “poliangolares”… Alguien denominó este tipo de artes plásticas como “muralismo cinematográfico”. Y efectivamente esto es lo que buscábamos y que logramos plasmar como continuación de las investigaciones y búsquedas del muralismo del Renacimiento, del Barroco y hasta el muralismo mexicano, que lastimosamente tuvo que terminar sus experimentaciones de nuevos caminos con las excelentes obras de integración plástica en la “Ciudad Universitaria” y en el Poliforum Sequeiros.
Los CONTENIDOS plásticos de la obra del Barrio Riguero son un “libro abierto” para los estudiantes de Arquitectura, de Pintura y de Escultura, como ejemplo de manejo del espacio interior: 1)- para la integración plástica entre las artes (arquitectura, pintura, escultura y decoración); 2)- para las composiciones y deformaciones ópticas poliangolares debidas al movimiento del espectador.
Por todas estas motivaciones que conciernen el CONTENIDO profundo, hecho por delicados equilibrios expresivos y armonías colorísticas; hecho de pesos visuales, texturas, materiales y diseños que crean ritmos y movimientos potenciales… modificar una parte, aunque mínima, se convierte en parar este mágico mecanismo plástico expresivo.
Esto es lo que pasó en estos años: una vez cambian un color gris azulado en celeste chillante; otra vez quitan el atril y las barandas; hasta cambiar el delicado anaranjado óxido de las partes metálicas en un vulgar verde fluorescente, y hasta sustituir el cielo raso de madera maciza con plycen.
Y toda esta paulatina destrucción, con el agravio de la instalación de elementos incongruentes como trapos y tejidos chillantes, flores de plástico, tiras, brillos, lustros, etc.
Incongruentes también con la misma tradición franciscana, de austeridad unida a ternura; de simplicidad unida a belleza… y, sobre todo, de AUTENTICIDAD, y NO de APARIENCIA.
La Orden Franciscana posee orgullosamente GIOTTO en sus orígenes.
San Francisco (1182-1226) y Giotto (1267-1337): el primero reconstruyendo la Iglesia Católica, y el segundo transformando el lenguaje de la pintura “de antiguo en moderno”: Giotto es el iniciador de lo que llamamos Arte Moderno.
Giotto fue pintor y arquitecto, y sus obras son excelentes ejemplos de integración plástica.
Las obras de la Iglesia del Riguero, en muchos de sus elementos plásticos, están claramente inspiradas en Giotto y, por lo tanto, también en la iconografía de las iglesias franciscanas, a partir naturalmente de la Basílica de San Francisco en Assisi.
¿Pero por qué no se respeta su autenticidad, quitando y añadiendo elementos yo diría de estilo disneylandiano, en forma frívola y superficial, y lejos… pero muy y totalmente lejos del espíritu de S. Francisco y de Giotto?
Humildemente, yo me permito preguntar: ¿o es que los padres franciscanos no estudian la Historia del Arte? ¿No estudian Giotto, que debería ser el orgullo de esta orden religiosa? ¿No se emocionan frente a Giotto, frente al retrato de S. Francisco de Cimabue?
¿Cómo es posible que en el Riguero se intervenga con este gusto kitsch, que es de prácticamente MAL GUSTO?
¿Cómo es posible que se permita a una empresa constructora totalmente insensible e incompetente a estas problemáticas agredir con tanta vulgaridad a una obra que es Patrimonio Cultural Nacional.
“Los destructores”, que tanto auge tienen hoy en el mundo, hay que controlarlos con las leyes y con la razón: esto le pedimos a la Dirección de Patrimonio Cultural del Instituto de Cultura.
Nosotros, los artistas, que trabajamos en estas y en muchas más obras realizadas en los años 80, y que hoy estamos buscando cómo conservar y dar mantenimiento a lo poco que quedó, creíamos y creemos que el amor, la utopía, los sueños, la ternura, la hermandad y la paz son fuerzas poderosas que mueven el mundo.
Y si las leyes tal vez no sean suficientes para proteger el Patrimonio Cultural Nacional, quizás apelamos a estas fuerzas para que no nos quedemos solos, sin memoria, sin arte ni cultura, perdidos en un pedazo de desierto a la deriva en el espacio.