Nuevo Amanecer

La poesía


FRANCISCO DE ASÍS FERNÁNDEZ
Granada, 23 de agosto de 2006.

Poema escrito y leído por el autor el día de su incorporación.

El Arcángel Miguel es Quién como Dios.
El Arcángel Rafael es Medicina de Dios.
El Arcángel Gabriel es Mensajero de Dios.
El Arcángel Uriel es Fuego de Dios.
El Arcángel Sealtiel es Intercesor ante Dios.
El Arcángel Jehudiel es El Remunerador.
El Arcángel Baraquiel es Alabanza de Dios.
Pero todos ellos son pereza espiritual
frente a la torrencial plenitud de la vida de mi musa.
Mi Arcángela es una belleza dolorosa
y su alma fresca y vacía se une en su rostro
a la gracia inimitable de sus movimientos.
Esta musa Arcángela siempre conoció la ley de su belleza.
Vive para complacer sus sentidos y nunca tiene pensamientos.
La vida espiritual se empequeñece en sus manos,
tiene fascinación por las mujeres que aman a hombres
que piensan con la cabeza y actúan con la paloma.
Se siente dichosa porque toda la inteligencia de su dueño
la heredó en el impulso de su sexo.
Conoce los precios de todo, pero no el valor de las cosas,
juega con el sexo para apagar los pensamientos,
usa la vida como un guardarropas
y con los pies bien puestos en la tierra nunca se olvida de volar.

Mi musa Arcángela quiere abrirme la garganta con los dientes
y la perversión de su inocencia ahora la hace llorar
cuando se está muriendo esta bellísima amapola.
No busca a nadie y nadie la busca a ella
y cuando necesita algo lo busca dentro de ella.
Mi musa Arcángela guarda amores enteros, intactos,
y parece que el destino de sus grandes historias
son sus locuras que crecen y se embellecen,
y sus canciones que dicen: “una tigra no cambia sus manchas”,
o “¿qué tiene el amor que tanto embrutece?”

Mi Arcángela musa siempre llegó a una relación
para buscar cómo escapar de ella
y se le salen del cuerpo sonidos de mujer
con una angustia que vive arrimada a la belleza
cuando la ves moviéndose con un pez eléctrico metido en el cuerpo.

Mi Arcángela musa es una bestezuela silvestre
hecha con torpeza y juventud
y su cabeza va en busca de mi mano que simula un paraíso.
Ella conoce el hambre, la soledad y la miseria humana
aullando en el patio de mi casa
y harta de besar con los ojos cerrados
vive conmigo en esta ciudad que es una bestia baja y perversa
que alimenta su impudicia
con el orgullo de rameras, poetas y borrachos.