Nuevo Amanecer

Narrar la ciudad


cmidenceni@yahoo.com

Desde la publicación de “Managua Salsa City”, Franz Galich viene demostrando que es posible narrar la ciudad e incluso la nación desde otras perspectivas y otras focalizaciones. En su más reciente novela “Y te diré quién eres, mariposa traicionera” (Anamá, 2006) Galich lleva a la máxima expresión la narración- ciudad-nación (alegoría diría Jameson), así como el aprovechamiento de estrategias propias de la postmodernidad y del cruce de culturas. Es decir, a ratos lo popular se cruza con lo propio de la cultura de masas, lo mismo que con lo que la teoría de la dependencia llamaría la lumpen-cultura. Este autor hace flotar estas narraciones dentro un mismo espacio (ciudad como un todo), sin que se nieguen entre sí.
Para Galich, escritura, ciudad y culturas (popular- masas- lumpen) son conceptos emparentados desde su misma génesis, al menos en sus dos más recientes textos. Por ello me propongo hacer esta lectura bajo la clave del espacio diseñado y las reapropiaciones de la cultura. Así como ver hasta qué punto esta obra alcanza acentos distópicos y heterotópicos como pesadillas de la nueva urbanidad globalizada y simultaneada en nuestros países.
Esta obra se constituye en lo que yo llamo una novela posutópica, posbélica o posthistórica, como le llama Aijaz Ahmad, pues en su trama se procura dar cuenta de una realidad aún no comprendida, ni puesta en orden luego de dos aluviones: el revolucionario y la caída del mismo como una especie de alegoría de las nuevos entramados sociopolíticos.
Es así que la Managua, San Salvador, la Tegucigalpa y la Guatemala de Galich son ciudades interconectadas vía la red delictiva que priva en ellas, es un control no como el de los distópicos del XX, sino uno que se cruza con las formas del delito organizado y el contrarresto del mismo. Es una obra que se adentra en la creciente transnacionalización de la economía, así como del delito, que hace que las mercancías, lo mismo que el crimen, pidan un nuevo modelo que trascienda la relación importación/exportación basada en algo más allá de los estados nacionales.
No es gratuito que Galich nos narre un espacio ciudadano diseñado, con una estructura espacial prevista y previsible, susceptible de una estrategia disciplinar y de un espacio que ha crecido en medio del caos orgánico. Además, un espacio que al apareársele como herramienta el censo poblacional permite controlar quién está y quién se ausenta, las “topías” (dis-hetero) se vuelven infalibles.
Así que dentro de la obra se vive un carácter morfológicamente modélico de la ciudad: segregación horizontal por función de los individuos, comprensión estratificada de la sociedad, y ello aún dejando de lado cómo se definen los estratos, en otras palabras la ciudad, en Y te diré quién eres, aparece como una máquina clasificadora: Pancho Rana, el personaje principal, se desplaza desde una quinta fuera de la ciudad, por el Mercado Oriental, pasando por zonas de una enorme carga prostibularia, hasta llegar a otras capitales cuyos titulares en los periódicos se emparientan al infierno de la Managua donde da inicio la narración (ver Pág. 137). Esto lleva implícita una clasificación de los sujetos y sus espacios mismos, así como de las acciones y los roles que cumplen cada uno de ellos en sus propios espacios.
Es un esquema territorial atomizado. Éste funciona en el marco de un sistema totalizador de la vida social en el que los significados emanan del poder y se difunden entre los desapoderados. Ya sea el aislamiento o el vínculo de los sujetos garantiza la estabilidad, en particular respecto de cualquiera que no participe de la identidad propuesta centralmente, de cualquiera que se desvíe del rol prefijado. Por ello Pancho Rana se desvía de su rol prefijado de delincuente al enamorarse de la Guajira y es ahí donde la catástrofe cae sobre su humanidad. Los personajes de Galich actúan con todos sus vicios y sus instintos, cuando no con sus virtudes.
Galich viste de negro los sueños tópicos (Dis- U- Hetero) e inscribe la ciudad desde un lado oscuro. Me recuerda al título de Sloterdijk, Crítica de la razón cínica. Por ello en Y te diré quién eres, Galich nos sumerge en una cultura de la razón cínica, en la que todo el mundo ya sabe todo de antemano, en la que ya no hay sorpresas, un momento en el que todo el mundo sabe lo que es el sistema y lo que hace, que el sistema no ofrece ilusiones a nadie y que simplemente está basado en el beneficio, en el dinero, la ventaja y el darwinismo social.
En Y te diré quién eres no se distancian los lenguajes en un afán de insertar fluidez verbal a la trama. Es una apuesta que se monta en diversas estrategias para hilvanar una trama de violencia y muerte. De ahí que la realidad histórica y social es puntual y se ve representada por tropos sociales mediados por una lectura en términos conflictivos. Por ello ninguno de los personajes se salva del infierno social que carcome a cuanto ser pueda respirar dentro de su contexto. Hay una espiral que los envuelve a todos. Entonces Galich logra lo que lo pudiéramos llamar, junto a Foucault, una especie de Redescubrimientos de figuras, sujetos y tramas olvidadas u ocultas.

(Fragmento de un capítulo de mi libro pronto a publicarse)