Nuevo Amanecer

Tatlin


A inicios de 1917, encontrándose con De Chirico en Ferrera, Carrà será co-fundador del grupo Pittura Metafisica. Desde 1912, Kandinsky plantea lo Concerniente a lo espiritual en el arte. De 1920 a 1922, Malevich publica cinco libros de mística suprematista a la que se dedicó desde 1915. Los planteamientos religiosos sobre arte puro se multiplican a inicios del s. XX, continuando con la dualidad del debate entre los Antiguos y los Modernos (s. XVII), y la oposición entre las corrientes de finales del s. XIX del arte por el arte y el arte social, creándose la discusión sobre el sometimiento del arte al gusto burgués a partir de Baudelaire y el salón de los rechazados. La figuración a la vez se concibe como el “Volgeist”, del que parte Kandinsky, y reducción burguesa a gustos clasicistas. De ahí el choque del Nuevo Plan Económico de 1921, Malevich perdiendo sus puestos en Moscú y Vitebsk por rechazar los fines prácticos del arte, mientras Tatlin rechaza el arte puro y plantea el arte del futuro como aplicado y de artistas-ingenieros.
No puede obviarse el origen renacentista de la arquitectura contemporánea: identificación del arquitecto con un tratadista e ideólogo; interacción entre arte del arquitecto y del ingeniero militar y civil; mística de la labor arquitectónica que impone la centralidad del modelo religioso y palaciego, y superposición de formas geométricas puras de simbología neoplatónica y bizantina: el cuadrado símbolo de la tierra, el círculo del cielo. Blunt y Wittkower estudian el debate de la Contrarreforma, con Borromeo, entre planta central, circular y cuadrada. Las formas circulares y cuadradas como formas mínimas de la realidad objetiva y la mente del artista son las de Malevich y Mondrian. Klee en Libro de apuntes pedagógicos (1925) y Mondrian desde sus árboles (1909-1912) hasta Composiciones, parten del árbol como base de ramificaciones de formales simples. La arquitectura moderna (s. XVI-XVII) sostuvo un debate sobre la forma de Jerusalén y el Templo de Salomón. La Biblia y la topografía dan formas cuadradas, pero la simbología del círculo, de Parménides a Pseudo Dionisos, imagen de Dios, se impone en la cartografía. La Torre de Babel, contra-modelo del templo salomónico, pintada por Bruegel, es de forma circular, como la estratificada Ciudad del Sol de Campanella, mientras la Nueva Atlántida de Bacon es cuadrada, las dos siendo evocaciones utópicas de la Jerusalén celestial.
Así, tanto los valores ideológicos (arte representativo del aparato soviético, técnica de ingeniero) como formales (iconografía de la torre de Babel) del Monumento a la III Internacional (MIII, 1919) de Tatlin, que nunca llegó a construirse por la Guerra Civil, continúan y laicizan el simbolismo de las formas arquitectónicas modernas. Todas las arquitecturas reproducidas por Delfín Rodríguez Ruiz (Transformaciones de la arquitectura en el siglo XX, 2002): de Taut (1917-1919), Poelzig (1918), Luckhardt (1919), Feininger (1919) y Scharoun (1919), evidencian el interés místico del expresionismo y la Bauhaus por, según Gropius (p. 66): “La concepción creativa de la catedral futura que debe, de nuevo, asumir en una forma total y única, la arquitectura, escultura y pintura”, torre de Babel de múltiples lenguajes propia de la ideología humanista renacentista, que resurgen de los planteamientos del voluntariamente oculto y subterráneo expresionismo, con la Cadena de Cristal y el Consejo de Trabajo para el Arte, a la Bauhaus, creada en 1919, los fundadores de los dos movimientos siendo los mismos.
Desde 1880, Fedorov en El Porvenir de la Astronomía y la Necesidad de la Resurrección plantea la necesidad de la conquista del espacio como búsqueda mística de una nueva Jerusalén para unir los dos mundos: terrenal y celestial. La Revolución rusa implica la necesidad de reconstrucción, la cual se orienta hacia esta mística de la conquista espacial. El “cosmismo”, corriente rusa del s. XIX que plantea la conquista del cosmos y la victoria del hombre sobre el tiempo y el espacio, vía el dominio de los procesos fisiológicos y la inmortalidad, se dobla, en el cristianismo ruso, de la idea que Moscú será, después de Roma y Bizancio, la “Tercera Roma”, imaginada por El Lissitzky dentro del plan de reconstrucción. Al “Luftmensch”, palabra yiddish que designa a los judíos alemanes: “Hombres del aire”, carentes de arraigo, ilustrados por Chagall, y por extensión a los pobres (Maiakovski tiene un poema sobre “El proletariado volador”, Goncharova figura Ángeles y aviones, referencia que recuerda a Enoch), símbolo del proletariado, Khlebnikov, inventor de lo no-objetivo (“zaum”), en Proposiciones (1914-1915), construye un nuevo hábitat de cabinas móviles de vidrio con anillo para zeppelines que se amarran a casas-rejas de hierro en cualquier ciudad. La utopía de una “torre infinita” en un espacio “siempre más alto” de El Lissitzky e Tatlin a partir del MIII se expresa en Letatlin (1926-1932, que asocia el nombre de Tatlin con el verbo “letat”: “volar”), bicicleta de madera liviana, cubierta con membrana de seda, que, por propulsión humana, permite simbólicamente al hombre alzar vuelo valiéndose de sus propias fuerzas.
Con 440 m. e ideología técnica, MIII se inspira de la Torre Eiffel, con sus arcas inferiores, y de la “montaña muy elevada” de Ezequiel. Tomo II de Filosofía del deber universal (1913), Fedorov rechaza la contemplación metafísica pasiva del mundo, y la regulación de la naturaleza vía la arquitectura, “teatro de creatividad cósmica”. La constatación del Formalismo de Chlovsky plantea: “Las obras de arte ya no son ventanas abriendo sobre el mundo, son objetos”. MIII retoma formalmente el Relieve (1916) de Tatlin, escultura-objeto con forma de pichinga. Malevich, que se basa, sin citarlos, en Fedorov y Tisolkovsky, define su arquitectura cósmica en la descripción que da, en 1920 en la revista Aero del Unovis, grupo de arquitectos reunidos alrededor suyo en Vitebsk, tras su ida de Moscú, de un nuevo satélite “suprematista... de una sola pieza, sin el menor tornillo. Una viga metálica... fusión de todos sus elementos, a imagen del globo terráqueo que lleva en sí todas las perfecciones... se moverá sobre su propia órbita”, propuesta defendida por El Lissitzky, y racionalizada después por la Asociación de Arquitectos Nuevos, Asnova. La descripción recuerda la propuesta astronómica de MIII, tres edificios de vidrio rotando: uno cúbico, cada año, otro piramidal, cada mes, el tercero cilíndrico, cada día.