Nuevo Amanecer

ESCUCHA


Árboles.
Hombres.
Un teléfono.

En la parada del autobús se despide una pareja.
En todas las ventanillas va asomada la muerte
que nos reconoce con un gesto.

En el patio,
junto a un limonero,
un viejo trata de sintonizar en su radio,
inútilmente,
una canción que le recuerde su juventud.
Un niño juega
no sabe a qué;
corre de un lado a otro, pregunta y se contesta
solo.
Solo se ríe.
Un ave curiosa observa desde una rama
y en la cocina,
sobre los platos que lava,
llora una mujer.
El universo se expande,
no importa en qué punto estés
y esta conciencia de estar vivo, tu momentánea filosofía
llena de certezas y expectativas,
de religiones y fetiches,
de sueños por venir,
serán polvo estelar.
Algún día
dejarás de ser.
Hoy una muchacha te sonrió.
Tu madre preparó la comida
y conociste un buen amigo de siempre.

Polvo estelar.
Abrazas. Aprisionas,
te aferras al destello de lo que crees tener.
Hoy ganaste la lotería y “el destino está escrito en los astros”.
Nada más cierto.
Nacen y se forman irremediablemente para morir,
como nosotros. Todos.
Lo finito que alimenta la monstruosa magnificencia
del infinito universo.
Moléculas
Átomos
Protones
Neutrones
Electrones.
La continua materia transformándose: allá vamos.
Polvo estelar.
La nanovida,
la nada.
El universo se expande.
Pero… ¡he aquí que abres la puerta! Afuera brilla
grandioso el cielo azul. Riegas el jardín por un buen rato,
(no vaya a ser que el césped se seque)
escuchas buena música antes de salir y te marchas
a amar a alguien.
Apresúrate.
El viento levanta un torbellino de polvo que se acerca
Arriba son menos las estrellas que te alumbran.
Y el Universo,
con sus mil bocas negras,
traga sin cesar.