Nuevo Amanecer

Julio Cabrales y sus cambios inesperados


El organismo humano sufre cambios a medida que avanza en la escalada de los años y en su desarrollo, y mientras éstos se van dando, la psiquis (alma) tampoco es ajena a variaciones. Podríamos afirmar que se dan cambios simultáneos, tanto en el orden corporal como en el espiritual; a veces son notorios a simple vista, debido a la espontaneidad con que se presentan; otras veces son lentos pero inocultables; esto constituye parte de la vida humana y nadie escapa de ellos. Los filósofos griegos lo sabían muy bien y por eso propusieron el famoso enigma del ser, que en sus comienzos camina en cuatro miembros, después en dos y por último en tres, resultando ser el hombre en sus tres etapas de niño, adulto y en su vejez apoyado en su bastón.
El sabio Salomón también enumera los tiempos del hombre en períodos brillantes y opacos, de manera que los cambios son normales e inevitables; pero aquí cabe mencionar los cambios dramáticos. Suceden y nos cuesta creerlos. Nos asombran y nos resistimos a que sean ciertos, no nos conformamos a que sean así; nos duelen y somos impotentes para remediarlos. Julio Cabrales se podría enumerar entre estos casos. Siendo muy joven sus amistades seleccionadas eran poetas y pintores, artistas de calidad. Desenvuelve su vida conforme a los dictados ambientales, visitar cafeterías a tomar café o té, que en algunas ocasiones era sustituido por cervezas o tragos de ron, siempre en cantidades moderadas, aprovechando la ocasión para intercambiar opiniones sobre libros de poemas, arte o sucesos cotidianos.
Julio se comportaba con naturalidad, chispeante y oportuno, a veces con brillantez sorpresiva.
¿Qué pasó después?
Yo, por lo menos, no podría explicarlo. Los amigos más íntimos de esa época, Mario Selva, Charles Pierson (q.e.p.d.), Samuel Barreto (q.e.p.d.), Genaro Lugo, pintor; Rolando Steiner (q.e.p.d.), Carlota Flores, Ana Ilce Gómez y otros compartimos las genialidades de Julio.
Aquí cabe destacar su generosidad cristiana para con los desvalidos, daba lo que tuviera en los bolsillos a los que pedían en las calles y en las esquinas; a veces intentaba dar su ropa misma y lo deteníamos. Igual era con sus libros, si alguno andaba en ese momento y veía que otro poeta lo necesitaba se lo prestaba incondicionalmente.
Tuvo novias muy valiosas y admiradoras tanto de su porte físico como de sus dones de caballero. De su vida en Madrid sé que fue de mucha actividad y todos hablan con elogio de sus relaciones.
Otra de sus cualidades era la del dibujo, pero lo practicaba muy poco, por lo menos a mí me hizo uno, lamentablemente en una servilleta de papel de las que utilizan en las cafeterías; esto fue en una de las tantas que visitábamos en la vieja Managua.
Conservo su libro ONNIBUS, publicado por la Editorial Universitaria de la ciudad de León en la Colección Poesía No.9 que dirigía Ernesto Gutiérrez. Tiene una dedicatoria fechada en Managua, diciembre de 1975.
De este poemario entresaco algunos versos que podrían ser revelaciones de su ars poética y al mismo tiempo de su vida misma como ser pensante. En su poema: “Sonata para enflorar tu Psique abolida”, dedicado a Fernando Gordillo, afirma:
“Todo es misterio en este mundo”, como para justificar al no dar minuciosas explicaciones sobre su existencia y así únicamente utilizar el don del canto para exponer alegrías o angustias.
Más adelante, en “Saloma o Orza”, ciudad española que él visitó, dice:
“…y has poblado de nombres tu corazón”. Aquí, suponemos, que entran y caben los de sus amigas y novias, pero más que nadie su madre y específicamente la Virgen María, de la que era muy devoto; incluso visitaba templos para dirigirle plegarias.
En el poema “Lalage-muchacha desconocida” habla de: “Numerables mis tristezas/ sin el séquito que le corresponde a un llanto”; dando a entender que nadie está exento de padecer tristezas, mucho menos el poeta de sensibilidad a flor de piel.
A quienes conocimos a Julio en su plenitud y de sus excepcionales facultades y lo vemos ahora en su lamentable estado nos duele su situación, más todavía ante la impotencia de no hacer nada para remediarla, o de que haya una institución gubernamental que haga posible una ayuda para aliviarla un poco.