Nuevo Amanecer

Brújula para leer


Humboldt 144
Marina Ester Salinas Martínez
En la sección Sobre la actualidad de las justificaciones religiosas, Carlos Widmann nos trae el tema Prisioneros de los mitos. Conjuras del espíritu revolucionario en Latinoamérica.
Ciertamente y se ha evidenciado con los triunfos de Brasil, Venezuela, Bolivia y ahora amenazando Nicaragua, donde la más reciente encuesta apunta a seguro vencedor a Daniel Ortega, se podría asegurar que se ha conjurado el espíritu revolucionario en Latinoamérica, así lo afirma Widmann en su ensayo donde asegura que hay nostalgia por el hombre providencial.
“El caudillo carismático de retórica anticapitalista con sabor nacional. Un aparente giro continental hacia la iz­quierda consternó a la potencia mundial del norte. “Desde la llegada al poder de Chávez, tres cuartas partes de América del Sur se han desplazado hacia la izquierda”, calculó el The New York Times. Desde esta perspectiva estrecha y dramatizante, el lí­der sindical Luiz Inácio “Lula” da Silva en Brasil, los peronis­tas de izquierda Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, así como el progresista Tabaré Vázquez en Uruguay serían sólo las primeras en una larga serie de fichas de dominó dispues­tas a volcarse. Las promesas de Evo Morales, el victorioso lí­der de los campesinos de coca en Bolivia, han hecho que esas visiones se volvieran aún más amenazadoras… “la chispa del populismo de izquierda podría incluso saltar hacia el norte: un cuarto de siglo después de la ruinosa revolución sandinista en Nicaragua, el comandante Daniel Ortega -quien desde en­tonces había llamado la atención sobre todo por su lujoso es­tilo de vida- está preparando su retorno presidencial.
Pero, para muchos iberoamericanos, el poder de los mitos pa­rece triunfar sobre las necesidades económicas. Y sus mitos se orientan hacia el pasado; los redentores de hoy veneran el ayer. Evo Morales no sólo lleva consigo la imagen del Che, sino que, como otros líderes indígenas, sueña con la resurrec­ción del reino inca, sin tener en cuenta que a ningún indio ac­tual le encantaría vivir en un imperio construido sobre las es­paldas de esclavos. Para el mito fundacional de su “República Bolivariana de Venezuela”, el teniente coronel Hugo Chávez se ha servido del Libertador con trucos procedentes de la cámara oscura del espiritismo”.
Lioba Rossbach de Olmas, en la misma sección, trata el tema Orichas en nuevos confines. Pese a que para la gran mayoría es un hecho desconocido, religiones como la santería afrocubana se practican desde en Alemania desde hace algunas décadas”.
“Recientemente ha aumentado el número de seguidores de re­ligiones mundiales no cristianas en Alemania. En el contexto de los movimientos migratorios transnacionales, han llegado al país además representantes de religiones “exóticas”, de las que hasta ahora sólo se tenía noticia por publicaciones es­pecializadas y narraciones de viajes lejanos. Una de ellas, pre­sente hoy en Berlín, Hamburgo o Fráncfort del Meno, es la santería afrocubana, que deriva de los esclavos yoruba proce­dentes del África Occidental, quienes llevaron consigo sus dioses -orichas- a su nuevo paradero involuntario cubano y allí los fusionaron con los santos del catolicismo ibérico para poder seguir así venerándolos subrepticiamente. De ahí su nombre, que hace referencia a la veneración de los santos ca­tólicos. El concepto “santería” reúne dos tradiciones interre­lacionadas pero distinguibles: la “regla de ocha”, o sea, la ve­neración de los orichas, y la jerárquicamente superior “regla de ifá”, el sacerdocio de la adivinación de los “babalaos, limita­do a los hombres.
La santería es una religión compleja que ofrece ayuda con­creta para los problemas cotidianos a través de la adivinación y rituales, y estimula la veneración de los orichas, basándose en enseñanzas profundas.

LA FOTO DE FAMILIA
Antonio Móbil
Memorias, cuentos, novelas. No importa qué cosas relatan los autores, sino cómo lo cuentan. El amor, la muerte, el olvido, son temas recurrentes que no cesan, siempre nuevos en las manos creadoras de quienes saben comunicar con lucidez las cuitas de la vida.
Tengo en las manos La foto de familia, libro de prosa pausada y viva de Fernando Silva, gran señor de la palabra; de risa fácil, contagiosa, de trato afable. Leí de un tirón sus páginas que hablan de “sus memorias, es decir, de lo que yo me acuerdo y que ahora lo cuento, como un cuento mío, donde el personaje soy yo mismo, que está diciendo todo lo que recuerda”.
La primera parte del libro gira en torno a la figura maternal y de los primeros recuerdos lúcidos --obertura por donde transitan personajes peculiares de su patria chica, Granada--, con sus voces, tan locales, a ratos ininteligibles para oídos extraños: es un caló que a veces no permite al extranjero extasiado meterse adentro de los personajes, que, de pronto, devienen casi mágicos.
Marcha también la magia con los millares de bichos, insectos y otros pequeños animales que cada atardecer se arrastran y se cuelan por hendijas y agujeros y se alejan en procesión solemne por la puerta principal, sin despedirse, después de transitar por la casa, como quien reconoce su heredad.
El libro reproduce el trópico que durante tardes y noches se encanta con el canto de los pájaros, con los colores cegadores del celaje, con el aroma de los frutos y el bamboleo de las nalgas tentadoras de las muchachas que florecen.
Por los recuerdos del retrato familiar desfilan también las churucas, la Gertrudis, la Emérita y la Ugenita. Pasan los sisitotes --pajaritos de color amarillo--, también llamados chorchas, que dieron en morir el mismo día que la muerte se llevó a doña Conchita, la madre de Fernando.
Las páginas que describen la travesía de la lancha Santa María por el lago son de un elaborado encanto. Recordé, al leerlas, las deliciosas aventuras de Pierre Loti cuando relata las peripecias marinas, ¡tan vivas!, que reviven con el lector la riqueza de las letras dormidas en las sábanas blancas del papel que las cobija.
En suma, La foto de familia es un libro deleitoso, tanto por la lectura de la anécdota y la historia, ambas atadas a sus páginas, como por los recuerdos de la vida que se entrelazan con la nostalgia de las horas idas.
Albricias, mi querido Fernando. He gozado tu prosa sencilla, amena y cordial, como se gozan los recuerdos propios, lejanos y elusivos como la memoria...
Guatemala, agosto 2006.