Nuevo Amanecer

Siempre Angel en el recuerdo


El poeta y sacerdote jesuita Ángel Martínez es el primer místico que yo conocí. Siempre evoco su figura etérea e ingrávida transitando por los corredores de la UCA, donde yo era en los años sesenta, una joven secretaria de la Facultad de Derecho.
Ángel fue un poeta de la trascendencia, iba a la esencia de las cosas, pero vivía con naturalidad en el mundo concreto que lo rodeaba, tal como son descritos los verdaderos místicos, que viven sumergidos en la realidad, no se abstraen de ella y así son capaces de captar la verdad última.
Recuerdo particularmente su charla sobre los hippies, el movimiento de pacifistas, peludos, descalzos, fumadores de marihuana, generación que él identificó como de jóvenes auténticos, en legítima búsqueda y de quienes valoró su lucha por transformar el mundo y promover la paz y el amor.
Amó a Nicaragua de forma entrañable y así lo expresa en su carta al Padre Juan B. Bertrán, su editor de Nicaragua canta en mí (En la sonrisa del ángulo), de quien habla elogiosamente por amar a nuestro país, sin verlo, sin conocerlo: “Aquí queda con el mío –P. Bertrán- como están los dos en mi corazón y el suyo: amando a una sola voz a Nicaragua...
Y más adelante: “Quedan como del tiempo que digo la mayor parte de las poesías para dar su tono de época al libro. Son primeras impresiones y afianzamiento en ellas de una tierra totalmente nueva para mí y que me hacía nuevo –nuevo de nuevo, en la continuas renovaciones que entonces tenía y nunca he dejado de tener hasta ahora- tierra especialmente nueva para mí que nacía -renacía en ella, renacía a esa tierra y con ella al mundo. Se ha fijado usted en el hondo sentido humano de los Nuevos cielos y la Nueva Tierra bíblicos? Somos nosotros mismos ese Cielo Nuevo y esa Nueva Tierra en que la nueva tierra y los nuevos cielos en que vivimos nosotros mismos transfigurados, pero por ellos antes transfigurados nosotros”... Por eso sentí mi poesía especialmente nueva. porque de verdad estaba renaciendo...”
Así sabemos que este español llegado a Nicaragua encontró en esta tierra nuevos motivos para vivir y soñar. Formó al Capitán de la Vanguardia nicaragüense y a los jóvenes pupilos del colegio Centroamérica, Ernesto Cardenal y Carlos Martínez Rivas, entre otros, para luego maravillarse de los resultados de su magisterio.
Creo que Ángel amó a la mujer encarnada en su madre, sólo así se puede afirmar: “Me hicieron poeta los besos de mi madre”.
Guardo de él su paso sutil, sus sabias y hondas palabras cuando embarazada de mi primera hija Karla, me escribió:

... “Ya rezaba ese día: -Toda tierra
Desbordando de espíritu contiene
Al que en su ser la misma tierra encierra.
El que da voz al ser que en sí abisma,
Que en tu nombre es su ser que lo sostiene
Y en la voz que nos das eres tú misma”.