Nuevo Amanecer

El Reino Animal


Claribel Alegría

Es para mí un honor presentar el nuevo libro de Sergio Ramírez: El Reino Animal.
Sergio no deja de sorprendernos. No se repite nunca y su escritura se vuelve cada vez más transparente, más perfecta.
El Reino Animal me conmovió. Está escrito con humor, con ternura, con sabiduría. Además, está dedicado a mí, lo cual me llena de alegría y orgullo.
Es un libro insólito. En Centroamérica yo no he leído nada parecido.
Pienso en un libro de Gerald Durrell: Mi familia y otros animales, El autor es inglés y yo lo leí hace algunos años.
A Durrell, en su delicioso libro, lo que más le interesa, si mal no recuerdo, es solazarse con su luminosa infancia en Corfú, rodeado de su familia, de sus perros, gatos y los insectos que él amaba.
Sergio, en cambio, se ocupa de la relación entre los animales y los hombres, sienta bases para que otros escritores y científicos también, le presten más atención a nuestro Reino Animal, a las conductas animalescas y humanas que tienen tanto en común y que difieren tanto.
El cuento de la araña me dejó aterrorizada y les aconsejo a todos mis amigos que siempre que vayan a usar el servicio higiénico, aun el de su propia casa, levanten primero el aro del inodoro y examinen cuidadosamente para ver si no hay arañas.
¿Y qué decir del fabuloso cuento de la ballena que llegó herida a nuestras costas y aunque los expertos les advirtieron a los miles de curiosos y hambrientos que se hacinaban allí, que la carne de la ballena estaba contaminada y que los peces que arrojaba eran tóxicos, la multitud se abalanzó sobre los despojos, porque la multitud estaba hambrienta y la ballena, según dijo el Dr. Romero, “es como el país”, sólo quedan los despojos.
Terrible realidad a la que nos encara Sergio.
¿Y la carpa que habló?
Esa carpa profética que habló en Hebreo antiguo para decir: “Prepárense, pescadores, porque el fin está cerca.”
Pensándolo bien, tiene razón la carpa. ¿Hasta dónde llegaremos si siguen surgiendo guerras insensatas como la de Irak y esta de ahorita, en que Israel, ayudado por el gobierno de los Estados Unidos, se empeña en exterminar a la población civil de Líbano y Palestina?
Nos estamos aniquilando. Acabaremos por extinguirnos. Sólo los humanos, entre el Reino Animal, nos empecinamos en destruirnos los unos a los otros.
Hay tanta profundidad, tanto vaticinio en los cuentos de Sergio, pero también nos hace reír, nos hace gozar con el lado cómico y fabuloso de algunos de sus cuentos.
A veces nos lleva por la cuerda floja y hace equilibrio y camina como Charles Chaplin y nos hace reír y llorar.
Casi me vuelvo vegetariana cuando leí los Pollos de Treblinka. Terrible saber cómo los mantienen apretujados, como en un campo de concentración, esperando su muerte. Ellos sufren y padecen y presienten que algo atroz les va a pasar.
No quiero seguir enumerando, son ustedes los que tiene que encontrar los tesoros escondidos en el libro. Pero antes de terminar, quiero citar sólo un cuento más. Se trata de La Mosca, un niño como tantos en Nicaragua: inteligente, fantasioso, famélico, huele pega.
La Mosca, de apenas once años, se enamora perdidamente de Shakira, una cantante colombiana que vive en Estados Unidos. Se enamora de ella por su voz y decide irla a buscar, y se va sin papeles y sin nada y cruza cuatro fronteras, guiado por su amor y por su astucia hasta que lo capturan en Chiapas y lo llevan a un centro de atención de menores.
Dan ganas de seguir, pero debo detenerme. Sólo quiero que ustedes lean los cuentos de este libro mágico. Cada uno de ellos es una meditación sobre la injusticia, sobre tantas miserias, sobre el desamor, sobre el aspecto lúdico de la vida.
Sergio observa la realidad a través de sus meditaciones y usa la ironía para no caer en la tentación de solemnizar.
Son cuentos que te enseñan a amar, a perdonar, a abrir puertas y ventanas para descubrir panoramas nuevos.
Gracias, Sergio, por haberlo escrito.