Nuevo Amanecer

Squier:“Un viaje a la geografía de sus obras”


Su gran imaginación y su poderosa intuición son los referentes ideales del escritor que es Ephraim Squier, al abrir en cada una de sus obras un mundo de nuevos significantes, y que se traducen en vida, hasta en el dato más insignificante, pese al implacable tiempo.
Para Squier, simular es hacerse similar a la vivencia de otros, y, por ende, una acción doblemente compartida. Para este gran escritor, la literatura es una sutil exploración. En cada crónica que presenta encontramos reflexión e información a través de la historia.
Squier atrapa, inquieta y fascina al lector. Se mete y comparte en cualquier laberinto social, con ojo de artista. Por ello es que a veces uno no sabe si el lector va hacia el libro o el libro hacia el lector. El doctor Jaime Incer, gran conocedor de Squier nos invita a valorar más a este extraordinario escritor.
Doctor Incer, coméntenos acerca de esa otra realidad invisible, tan fría y dolorosa, para la época que encontró Squier en su investigación por el Caribe nicaragüense y que culminó con la obra Waikna.
La obra Waikna es una interesante novela sobre un supuesto viaje de Squier a la Costa de La Mosquitia, como se llamaba a la región dominio de Inglaterra.
Squier usó el seudónimo de Samuel A. Bard para ocultar su identidad en la zona comprendida entre Trujillo y Bluefields, entonces sometida al declarado antagonismo por la presencia inglesa en la región, posición de la que hizo causa durante su misión diplomática en Nicaragua, unos cinco años antes de escribir el libro.
En efecto, como encargado de Negocios de los Estados Unidos, entre 1849 y 1850, con sede en Nicaragua, su misión diplomática estuvo dirigida a contrarrestar la influencia inglesa en La Mosquitia, especialmente después de la toma de San Juan de Nicaragua, que entonces era el inicio de la ruta de tránsito interoceánico, por donde viajaban los buscadores de oro a California y sobre la cual el gobierno norteamericano mostraba especial interés.
Por otra parte, la toma de San Juan, rebautizada por los ingleses como Greytown, obedecía al compromiso británico de defender supuestos derechos de sus súbditos indígenas, agrupados bajo la falsa figura de un “Reino de la Mosquitia”, pero detrás de esa intención, los ingleses querían controlar la entrada del río, considerada como el Gibraltar de América, ante la posibilidad de establecer la ruta interoceánica.
Por la misma motivación, del otro lado de la ruta, en el Golfo de Fonseca, naves británicas habían capturado la Isla del Tigre, aduciendo la falta de pago de ciertos adeudos de Honduras con banqueros ingleses.
Aunque Squier nunca estuvo en la Costa Caribe, se encontraba bien informado de la geografía y naturaleza de la región, así como de las costumbres de sus habitantes, a través de informes y crónicas, como los de Antonio Porta Costas, Orlando Roberts, Thomas Young, y otros viajeros que antes habían visitado el litoral.
En “Waikna”, Squier describe con mucha propiedad y realismo la Costa Caribe, entre cuyas lagunas, ríos y pantanos supuestamente navegó, desde la bahía de Bluefields hasta el río Coco y más allá, describiendo sus encuentros, una veces amistosos y otras confrontados, con los líderes mískitos de las comunidades que visitara, y cuya fidelidad a Inglaterra era mantenida a través de obsequios de garrafas de ron, uniformes y otorgamiento de títulos altisonantes a los jefes indígenas.
El propio “rey mosco” era un muchacho mulato, bajo el cuido del superintendente inglés en Bluefields, sometido a su voluntad, y que vivía en la misma casa de su regente, según Squier.
¿Qué otros hallazgos podría señalar acerca de la exclusión discriminatoria de los mískitos de la corriente de la vida nacional?
Squier nunca tuvo un trato discriminatorio para los mískitos; al contrario, elogia sus destrezas y conocimientos naturales, además que sus dos compañeros de viaje eran un muchacho de origen maya y otro paya, del Patuca, ante los cuales mostraba su complacencia por sus habilidades, y era respetuoso de sus creencias y ritos.
Tampoco creo que exista rígidamente un sentido discriminatorio del resto de los nicaragüenses, o de los gobiernos nacionales, sino un desconocimiento y falta de atención por la región, al igual que ha sucedido y sigue sucediendo con muchas otras áreas del país, que aún se encuentran al margen del progreso. Lamentablemente, hay quienes piensan o actúan como si Managua fuera toda Nicaragua, y que el resto del país es puro monte.
Por otro lado, hay que comprender que por varios siglos la Costa Caribe estuvo incomunicada del resto del país por razones topográficas, selváticas y climatológicas; que su historia y cultura eran más de corte circuncaribe e inglesa que española, lo cual no significa que no posean sus propios valores, los cuales el resto de Nicaragua ha aprendido a reconocer y a promover culturalmente.
En el libro “Nicaragua de océano a océano”, Squier presenta una visión muy fluida y coherente de su pasado lejano y cercano, y enrostra la falsa propuesta del “desarrollo” sin información y libertad. ¿Usted qué opina?
Tanto en este libro como en su obra clásica sobre Nicaragua, Squier ahonda en la psicología de los diversos estamentos de la población nicaragüense con los cuales el autor convivió o contactó, a mediados del siglo antepasado, gracias a su acucioso espíritu de observación y habilidad descriptiva, a veces anecdótica y hasta pícara. En realidad, ninguno de los pocos autores extranjeros que le precedieron, y muy pocos entre los que le siguieron, nos han donado un caudal de percepciones al respecto, las cuales resultan de obligado conocimiento para nuestra historia oficiosa --no oficial-- en la medida en que vamos olvidando o ignoramos cómo vivían y pensaban nuestros bisabuelos.
Por otra parte, un pueblo con una escasa educación y falta de cultura, con el más bajo índice de lectura en Latinoamérica, nunca podrá ser factor de desarrollo, más aún si ha perdido sus principios y caído en una etapa de desvalorización social.
También tenemos como clara lección del libro que sólo reconociendo nuestra memoria histórica podremos saber lo que nos pertenece. ¿Qué opinión le merece esto?
Además de ignorar lo que nos pertenece, como patrimonio cultural, natural y hasta territorial, es más preocupante el ignorar lo que nos puede deparar el futuro, si, como dice el dicho popular, “seguimos arando el mismo surco con los mismos bueyes”.
Doctor Incer, ¿aún falta por descubrir a Squier?
Ese es un tema reservado para los verdaderos investigadores. ¿Cuantos de nuestros estudiantes han leído a Squier, o saben algo sobre este erudito personaje?