Nuevo Amanecer

Cartografía del pensamiento contemporáneo


Por Carlos Midence.
cmidenceni@yahoo.com

Dividido en siete capítulos que abarcan las cuatro grandes corrientes del pensamiento de hoy, Freddy Quezada en su obra El Pensamiento Contemporáneo (2006) nos da a conocer, aunque en ocasiones de forma muy sucinta, a los pensadores más importantes de la época actual. Es por ello que, desde corrientes como el neo-institucionalismo, pasando por las teorías del caos, el potmodernismo, las teorías holísticas hasta el postoccidentalismo son abordadas por el autor en un rápido recorrido por las mentes más lúcidas de los últimos tiempos.

Según el mismo Quezada la obra fue concebida con un sentido didáctico y pedagógico debido a que su esquema fue pensado por medio de los trazos que debe seguir todo aquel que desea conocer las líneas del pensamiento que gravita en las universidades del primer mundo y en algunas muy adelantadas como las de Brasil, México, Argentina, Chile, entre otros.

Por ello llama la atención cuando Quezada escribe sobre Nicaragua debido a que sus comentarios no alcanzan el vuelo necesario y apenas enumera a algunos representantes, sin abordar sus propuestas. Esto es justificable debido a que tal y como el mismo Quezada afirma en la última parte de su obra, América Latina no existe, así como lo sostenía Salazar Bondy y más cerca de nosotros Raúl Fornet Betancourt y, por lo tanto por ser Nicaragua periferia de la periferia sería aún más inexistente.
Quezada a través de su recorrido demuestra un conocimiento total del occidentalismo (me recuerda aquel clásico del maestro Bertrand Russel) así como de sus contrarios, es por ello el apego a Krishnamurti y sus correlatos. Aunque no deje de lado a los pensadores indios y sus propuestas de los imaginarios intersticiales, lo mismo que de clásicos como Said o Ilya Prigogine el físico postmoderno por excelencia, el único a quien Alan Sokal no pudo confrontar en aquel debate con los postmodernos por medio de su obra Imposturas Intelectuales, aun con toda y la simpatía de Prigogige y de Lorena Pretta a los trazos de la no linealidad llevados a la postmodernidad teórica.

Es así que, quiérase o no, Quezada cumple un rol importante con la difusión no solamente de los autores, sino de sus más contundentes supuestos. Además dentro de la narración de la cual el autor se vale para presentar su propuesta llama la atención lo cinético o tendría que decir lo cinematográfico (pese a que no es narratividad pura) pues no sólo las alusiones a cintas cinematográficas son de vital importancia en la textualidad de El pensamiento contemporáneo, sino la forma en que concibe el texto lleva mucho de aquel Deleuze de la imagen- movimiento- tiempo, pues rompe con la sucesión empírica a la que nos acostumbran los textos que por lo general procesan ideas.

No es gratuito que de alguna manera Quezada se vincule con una forma “otra” de comentar la teoría, desde alusiones recargadas ( Matrix) así como los re-encadenamientos que el mismo Deleuze describe en su ya clásico texto de teoría cinematográfica. Hay entonces en la obra de Quezada una apuesta por el pensamiento en un país donde éste se escurre o al menos es atributo de unos cuantos como él mismo dice.

Esto llevaría implícito otras premisas inconclusas debido a que estas expresiones (un grupito muy pequeño de jóvenes) adquieren resonancia en las diez tesis poderiales sobre América Latina a través de las cuales irrumpe con el debate extendido hoy por Fornet Betancourt retomado de Bondy y aún del mismo Simón Rodríguez. Es decir, Quezada niega América Latina desde sus imaginarios cartográficos, así como desde sus pliegues de pensamientos, aunque Walter Mignolo por ejemplo rescate las líneas epistémicas de un Darcy Ribeyro o bien recientemente Martín Barbero afirmara que en América Latina se hizo estudios culturales antes que en Birmingham, de igual manera el mismo Mignolo rastrea en Fernández Retamar y Martí lo larvario del postoccidentalismo como antelación al (post) indio.

No obstante, Freddy Quezada abre la posibilidad de filtrar los signos y los actos de la palabra, específicamente de la palabra teórica por oposición a la palabra-poesía en nuestro país, aunque se niegue dentro del entramado de la obra la existencia de Nicaragua, para que de esta manera se pueda articular forzosamente la discusión.