Nuevo Amanecer

Reflexiones sobre la Guerra Nacional


Hay que considerar que somos hombres del Siglo XXI, pero que la Guerra Nacional pudo evitarse, seguramente que sí, si hubiera habido tolerancia de parte del gobierno de Fruto Chamorro, quien encarceló a parte de sus adversarios políticos y obligó al exilio a otros. Pudo evitarse la Guerra Nacional, si hubiera habido aceptación de las gestiones de paz que impulsaron Guatemala y El Salvador, con las gestiones hechas por Tomás Manning y don Norberto Ramírez, y por parte del gobierno democrático representado por Hermenegildo Zepeda, intenciones que fueron rechazadas. Asimismo, si se hubieran aceptado las gestiones de paz por el canónigo don Remigio Salazar y si no se hubiera introducido el elemento extranjero con la contratación de mercenarios. Por éstas y otras razones, se pudo evitar la Guerra Nacional. Esa Guerra Nacional que no era nacional, porque en ella intervinieron fundamentalmente los ejércitos centroamericanos, y que sin esa fuerza ni el pacto providencial del 12 de septiembre de 1856, hubiera podido obtener la victoria sobre los filibusteros, sin la presencia de esos ejércitos al mando del General José Joaquín Mora, hermano del Presidente de Costa Rica, don Juan Rafael Mora. En realidad, fue una guerra centroamericana, pero se quedó en Guerra Nacional, por la falta de coherencia y de unidad de las naciones centroamericanas, que únicamente quisieron defender cada uno su parcela y por su parte, Nicaragua redujo en el tiempo, todo ese episodio trágico al episodio bélico, lo que fue la batalla de San Jacinto.
Mi padre, el doctor Ildefonso Palma Martínez, formó parte de un comité de intelectuales para ayudar a la conmemoración del centenario en 1956, y aprovechó la oportunidad para dejarnos esta obra cumbre y salvar muchos escollos, pues, durante el terremoto de Managua de 1931, los incendios arrasaron con el Archivo Nacional, por lo que tuvo que visitar el Archivo General de la ciudad de Guatemala, en donde tuvo, según sus palabras, una calurosa acogida de parte del director, el señor Pardo. Además, realizó consultas en los textos históricos de Gerónimo Pérez y de José Dolores Gámez.
La historia, obviamente, se nos ha contado muy mal, y por eso históricamente hemos seguido repitiendo los mismos errores, persistiendo la intolerancia, la falta de respeto hacia los adversarios políticos y de nuevo las guerras, y, como secuela de ello, los encarcelamientos y el exilio.
Damos por un hecho que el 14 de septiembre se celebra la Batalla de San Jacinto y que es indispensable que la historia se conozca correctamente y en toda su dimensión, para entender nuestro pasado y saber vivir mejor nuestro presente, y, sobre todo, nuestro futuro.
Una cosa importante en ocasión del centenario en 1956 fue el decreto de expropiación con su respectiva indemnización de la hacienda San Jacinto, con sus corrales y los terrenos aledaños, hasta completar diez hectáreas, para la construcción de un parque nacional. Sin embargo, no se ha hecho nada, a pesar de que han transcurrido 50 años. Recientemente visité el sitio y lo encontré en franco deterioro, sin agua, sin electricidad, sin árboles y en una aridez total; respecto al museo, éste es un símbolo de pobreza, en tanto, la obra del pintor chileno Luis Vergara y Ahumada, que se encontraba en dicha hacienda, actualmente está colgada en las paredes del Palacio de la Cultura. Respecto al robo de las armas, que aunque se entiende que no son las que usaron los contendientes, sí son de la época, y en mi opinión tienen que ser resguardadas en su lugar de origen.
Pienso que se puede y se debe hacer algo muy hermoso, y puesto que el Estado y los gobiernos que se han turnado en el poder no han sido capaces de darnos un lugar digno para tener siempre en la memoria esos hechos trágicos. Creo que teniendo ejemplos como los de la ciudad de León, con la construcción del Hotel El Convento y los museos hermosos de la Fundación Ortiz‑Gurdián, y el museo de cerámica prehispánica de la Fundación Betania, puede lograrse algo parecido en Managua, en la que puedan intervenir empresarios privados que logren construir un complejo urbanístico en el centro del museo San Jacinto y en su entorno, en las famosas 10 manzanas señaladas en el decreto de 1954, para construir hoteles, piscinas, campos de juegos, y que haya caballos, mucho verde y árboles, y que a poca distancia de la capital sirva de esparcimiento para la ciudadanía y un lugar frecuentado por los turistas extranjeros y para la creación de muchos empleos en el campo cultura.

La Fundación Hago Palma Ibarra invita a la presentación del libro “La Guerra Nacional, sus antecedentes y subsecuentes tentativas de invasión‑” del doctor Ildefonso Palma Martínez, en la Galería El Águila, el viernes 1 de septiembre, a las 7 30 pm.