Nuevo Amanecer

Tres poemas de Nicólas Navas


LOS PERROS
A mi amigo
José Augusto (Tuto) Navarro
Muerden los perros
En las noches de luna llena.
Muerden con los alientos del día.
Muerden en las casas
En las calles, en las oficinas.
Muerden con alientos de soldado de turno
O de policía patrullero trasnochado
Y en ayunas nocturno.
Muerden como promesas de políticos.
Muerden desde las 8 am hasta las 5 pm.
Entre las cuatro paredes con aire acondicionado
Del gerente o del jefe de turno,
En las oficinas donde no hay escape.
Donde no hay testigos.
Muerden hasta matar
De muerte vil,
Mientras los canes humanos ríen
Gozan, celebran y se regocijan
-como en el circo romano.
El de los vecinos del Sur,
El maldito circo moderno-
Con televisión y pantalla gigante y lamentos
Y policías y policías y policías y el Presidente
Y todo el pueblo
Con el puño apretado y el brazo en alto
Frente al pecho
Con el dedo gordo hacia abajo
Pidiendo a gritos: ¡muerte!, ¡muerte!
Como en el circo romano
¡Como en el circo!!
Nicolás Navas
Chinandega, 12 julio 2006

SI ME AMARAS, MARINA
A Melba Marina
Si me amaras, Marina, si me amaras
Y en estatua de carne convertida,
No la mujer de Lot, sino lacustre,
Que siendo tú también ya eres mía.
Que mía siendo más en ti viviendo
Uno solo somos y dos en uno.
Umbilical pasión nos lleva asidos
Tú siendo ya mía y yo siendo tuyo.
Que siendo tú y ya entregada mía
Y siendo yo, más entregado tuyo
Ya sólo queda la fatal espera.
Unidos en la vida siempre iremos
De la mano de Dios, yo de la tuya
Que siendo dos nos entreguemos uno
Chinandega 12 agosto de 2006.
Nicolás Navas

YO NO CONOCÍ A FLAVIO
Yo no conocí a Flavio César Tijerino
El poeta boaqueño que vivía
Con su intimidad poética
En el cucurucho del cerro Saguatepe
En su mirador de estrellas y ríos de palabras
Y borbollones de poesía
Y lanzaba los versos para que los lazaran
Los jinetes boaqueños
Desde sus monturas astrales,
Y que, como Coronel Urtecho y yo
Usaba boina vasca para esconder en ella
Los duendes de la poesía.
Lástima Flavio, no haberte conocido,
Pero ya ves qué egoísta es la vida
Que nos negó una grata amistad.
Pero leía tus poemas cuando publicabas,
Que no era muy frecuente, caray
Y a tu poesía no le sobraban sílabas
Ni palabras indebidas o de sobra
Como decimos cuando no hay suficiencia
En las correcciones, porque en vos, que eras
Un maestro, la cincelabas con fineza
Y lo definitivo y puro y fresco persistía.
Poesía regional en vuelo alto hacia lo nacional.
Ahora te guardas en otra dimensión
Donde con la armonía de subidas y bajadas
Vueltas y revueltas, idas i venidas
De tu Boaco de arriba
Hasta tu Boaco de abajo
Porque así llevaban la leña para tu funeral.
Es así que a este Flavio César
Presencia y alma y pensar
Ya le tocó atravesar su Rubicón y ya lo arrincona
A uno con lo profundo de su sencillez
Poética que ahonda en nuestras memorias.
Así,
Abriendo la brecha
de los colores del día nos lleva
de la mano hacia las verdes aguas
de sus llanos que nunca navegó
mas nos legó con sus vidas muertes y laberintos
y los bosques infiltrados en sí
y en su poesía escrita en una ciudad
que teniendo un faro
nunca conoció el mar.
Una gran tristeza me invade
No haberlo conocido:
Poeta Flavio!
Chinandega, 3 de agosto 2006
Nicolás Navas