Nuevo Amanecer

A propósito de poesía


La poesía nos reconcilia con la vida, porque es grande, buena y noble. Está en la confesión de nuestro grito y en la escucha de nuestros silencios, y es capaz de limpiar nuestros ojos. Está escrita en la mirada del poeta, porque la emoción es indefinible. El poeta Julio Valle-Castillo, dice de Lovo que su oficio es más artificio, artificioso, pero no ocioso, en tanto consigue la creación del poema. Es evidente que su poesía pone en práctica teorías poéticas y que sus poemas a veces se resuelven más teórica que poéticamente. En el único poder que cree es en el de la poesía, y en esta entrevista se expresa con la conducta libre y humana de sus palabras.
¿Qué es lo que puede y no puede ser más la poesía de hoy?
Tito, sin pretender nada a propósito de un asunto tan elusivo como la poesía, pienso que la de hoy está asumiendo los retos tecnológicos que le plantea el mundo contemporáneo. Si bien está hecha de palabras y toda poesía es metapoesía (una función estética del lenguaje hecha para reflexionar sobre los límites o la infinitud del mismo) ante el desafío cibernético está adoptando nuevas formas y variantes. Aunque su caverna o placenta nutricia sea siempre la palabra, la poesía nuestra debe penetrar con mayor pasión, garbo y dominio en el universo de la tecnología, y a punta de palabra, a verso limpio e imágenes inclonables decir la condensación de belleza crítica que constituye su ser.
Al contrario, la poesía, en ningún tiempo y menos hoy, no debe ser de aquellas del lugar común y del ombliguismo intrascendente, chato, áfono, pedestre. Aquella agua chirle que aquí y allá pretenden hacernos pasar por poesía muchos y muchas. En este mundillo terco y hediondo hoy en poesía es mucho más grande la oferta de gato por liebre.
¿Qué piensa de los nexos entre poesía y pensamiento, entre poesía y filosofía?
Decía Mao que la poesía era como un inmenso jardín donde mil flores se abrían. En ese jardín encontramos desde los versos de Quevedo que piensan mucho, hasta los de Góngora que gozan mucho por la mera belleza de la palabra hecha imagen. Un Rubén que en algunos poemas, como en Sonatina, es un prodigio del sonido, hasta su profundo Lo Fatal. Esto sin meter a concursar a Alfonso Cortés, quien según Erwin Silva, antes de Heiddeger pensó las mismas cosas trascendentales para la filosofía occidental. En la poesía debe haber filosofía y viceversa, siempre que no se aniquilen entre sí, aunque ninguna es condición de la otra. Estas dos formas acabadas del espíritu, se pueden abrazar, se pueden amar, pueden cohabitar o sencillamente prescindir una de la otra.
¿Sin palabra poética, podría haber política, literatura e historia?
Tito, creo que sería muy difícil descubrir una cultura sin lenguaje y sin poesía. Vos sabés que como poeta yo le apuesto epistemológicamente a la construcción lingüística de la cultura humana. Para mí todo lo demás viene después del lenguaje y de la poesía. Inclusive el poder, materia orgánica de la política, nace del poder de la palabra. Y la historia, ésa para mí ni siquiera concursa, ya que historia e historiografía son más ficticias y mitagógicas (también más mentirosas) que el tiempo, sus personajes y los eventos.
¿Usted escribe con el oído o escribe con el ojo?
Como mal poeta deformado por Darío y Góngora, escribo con el “oidojo”... Pero en circunstancias que vivo después de Sthephane Mallarmé, aunque las palabras suenen en mi caracol sonoro, como un batelero acuoso e íntimo, no se me olvida que son unos grafemas cromáticos los que nacen en el blanco esperma del alba página. Para mí la poesía siempre será sonido y escritura, creo que personalmente no la logré, pero vale la pena morir en el intento. ¿No te parece?
¿Qué considera usted como verdadera innovación en el arte de las letras?
Cervantes, Góngora, Mallarmé, Joyce, Pound, Cortázar, Zurita (y esto no es sólo para regresarle flores al amigo)... Todos ellos escritores imperfectos.
Si de perfección hablamos en el arte de las letras, debo decir Flaubert, Borges, Rulfo... Pero la comarca de poetas y escritores es harto grande y uno es tan atrevido, que siempre habla de sus gustos y desafíos, es decir, de los libros de cabecera.