Nuevo Amanecer

Nicaragua con amor y humor


Una segunda edición de esta obra, porque la primera que se lanzó en 1977 se agotó, en esa oportunidad se imprimieron 1,000 ejemplares. Volg te lleva a remembranzas de tiempos que no volverán, costumbres, anécdotas de esa Nicaragua, Nicaragüita, como bien canta Carlos Mejía, las cuales son leídas por los nicas dentro de su terruño, y por los que por distintos motivos están fuera del país. Recordando a Papa Beto, como lo llaman sus sobrinos, y gracias a don Jesús de Santiago, Gerente y propietario de Hispamer, anunciamos a nuestros queridos lectores que ya pueden adquirir esta obra, digna de colección.
A propósito de las fiestas de Santo Domingo, las cuales culminaron este jueves 10 de agosto, la tradicional fiesta que conmueve a Managua cada año desde hace más de un siglo. Volg nos da a conocer algunas versiones: “El primero de agosto viene el Santo desde su ermita en las Sierras para velarse y ser adorado por diez días en la Iglesia de Santo Domingo”.
El porqué, cómo y cuándo empezó su culto se confunde en las múltiples versiones que existen sobre la milagrosa imagen del San­to: que fue hallado por unos macheteros en el suelo, cuando lim­piaban un terreno para una milpa; que lo hallaron en un cerco de piñuelas cuando hacían la ronda; que le encontraron en el hueco de un árbol al sacar un jicote; que su primer venida a Managua se debió a la promesa de un creyente: que fue llevado en una procesión para pedir lluvia y que traído a Managua los vecinos de Las Sierritas lo reclamaron y que desde entonces quedó establecido que pasaría todos los años diez días en Managua. Yo no he buscado documentación escrita, no sabría dónde hallarla, pero en mi ju­ventud he platicado muchas veces con los viejos del lugar y recuer­do sus cuentos. Hace más de cincuenta años hablé con una viejita dicharachera. Dígame abuelita, le pregunté, ¿cómo fue hallado el Santo? Pues estaba ahí no más botado, lleno de tierra y lo limpia­ron y lo lavaron hasta con jabón de olor. Pero, ¿dónde estaba? insis­tí. Pues en el monte. ¿Y quién lo halló? Pues la gente que botaba el monte. ¿Y cuándo fue? Eso fue hace tiempos, pues cuando entró el general Zelaya yo estaba muchachona y ya hacía tiempos que estaba Santo Domingo. Y entonces sí que era una fiesta de verdad. Otro sierreño me contó que el santo había quedado olvidado en una casa medio derrumbada y que lo trajeron a Managua, pero que se regresó (el Santo) solito a su casa vieja, pero como ésta se había caído, se metió en el hueco de un árbol, donde lo hallaron.
Este libro es la segunda edición de la obra, realizada por Hispamer con la gestión del Ingeniero Kühl. Será presentado en el mes de agosto.

Marina Ester Salinas Martínez