Nuevo Amanecer

“La poesía me hace pertenecerme”: Christian Santos


Christian Santos descubrió la poesía china en la biblioteca de sus padres, y desde entonces el amor, la belleza y la sabiduría de las palabras la
acompañan en su jornada cautiva de amante del río y del tiempo.
Santos, autora de la novela “El tigre junto al río” y los poemarios: “Agualuna”, “Huella de amor”, y “Orígenes de sal”, me informa complacida que fue invitada por el departamento de Lenguas y Literatura de la Universidad de Purdue, en Illinois, para recibir una placa en reconocimiento a su labor literaria y leer su poemario más reciente “Orígenes de Sal”, el pasado 22 de abril de 2006. Este último libro fue traducido al inglés y francés, siendo comentado por estudiantes y destacados profesores. “Fue una experiencia preciosa, diría inolvidable”.
Distinguidos escritores como el mexicano Octavio Paz y los centroamericanos Manlio Argueta, (El Salvador), Roberto Sosa (Honduras) y Julieta Dobles (Costa Rica) antecedieron a la poeta nicaragüense.
El poemario “Orígenes de Sal” (2005) fue presentado en la ciudad de Panamá, en el Congreso de la Red de Escritoras y Escritores Centroamericanos, en el Festival Internacional de Poesía de la ciudad de Granada y en la apertura del Ciclo Dariano en la Universidad Nacional (UNAN) de Carazo y muy recientemente en la UNAN de Estelí. “Son vivencias que me dan vida”.
Conversamos con Santos sobre su trabajo poético y sus preferencias:
Christian, ¿qué libros te han seducido?
Los autores preferidos por mí: San Juan de la Cruz y la poesía china de la dinastía Tang; Jorge Luis Borges, Rosario Castellanos, Vicente Huidobro. Son creadores que me llenan el alma.
¿Para qué te sirve la poesía?
Para conocerme, para pertenecerme más a mí misma y sentir respeto por la poesía de los demás.
¿Cómo justificas tu vida: leyendo, amando, reflexionando, apoyando el buen oído?
Primero amando, viviendo, leyendo, escribiendo y después amando amando, amando a mis hijos, amando a la naturaleza, a mi amante...
¿Cuáles son tus estímulos afectivos para escribir?
El estímulo afectivo es mi amor a la naturaleza. Sé que necesito más tiempo para observar la belleza insuperable del mar, los ríos (de mí río), los volcanes, los lagos y tanto amor desparramado que me hace inmensamente feliz. Y mis poemas vienen de mi alma, en el carro, en el baño, cuando estoy media dormida; ése es el misterio de la poesía.
Siempre uno está produciendo, condensando. Es trabajo muy duro, doloroso, pero riquísimo.
Christian, ¿dónde vives?, ¿en el presente, en el pasado o en el futuro?
Yo pienso que vivo en el presente, aunque es un sitio muy fuerte y muy embarazoso. Pero hay un hilo conductor donde el pasado está dando vueltas y vueltas, como un río; es como la vida de ese pasado que también es un río que intenta desbordarse, pero frena y luego se marcha.
En mi vida siempre hay agua; mi madre es el agua y su sangre es agua y es agua y sangre. Trato de no moverme en el futuro, porque no me pertenece. Los recuerdos del río, del mar, para mí son impactantes. Yo puedo estar escribiendo y sentir que están enfrente y abrazándome con la inmensidad de sus olas reventando. En las casas donde viví con mis hijos el pasado está ahí, señalándome, sin devolver mis pasos. Pero la realidad es que el hoy lo vivo con la mayor intensidad.
Si el río te preguntara: ¿tu cuerpo qué es?, ¿qué le responderías?
Mi cuerpo es amor y está hecho para amar. Yo trato de vivir inmersa en armonía con mi cuerpo, el amor y mi alma. Aunque a veces hay brotes de odio, los que lucho por sacar fuera, aprendiendo a compadecer.
¿Leer o soñar?
Si debo escoger, leer. Aunque, imposible para mí dejar de soñar. Sueño con una Nicaragua con educación y salud para toda la gente, y que en el día a día seamos productivos, mejores.
De lo que pasa en tu vida, ¿qué idealizas?
La solidaridad, que es el amor que no debe morir, es la clave para sobrevivir y para que otros sobrevivan. La solidaridad es la parte esencial del ser humano que irredenta siempre idealizo.
Christian, en el amor, ¿olvidar o restaurar?
Vivirlo sin olvidar. No podría restaurar el amor, porque no se me ha acabado. No sé qué sería yo sin amor, ¿un árbol seco? Mi alma sería muy pobrecita sin amor.