Nuevo Amanecer

“Yo soy aquel que ayer no más decía”


En nuestro trabajo sobre “Mi poesía es mía en mí” (8/7/2006) abordamos la cuestión de la originalidad como argumento del discurso latinoamericanista. Este mismo argumento como fundamento literario se encuentra en Hugo (Odes et Ballades, “Préface”, agosto de 1826) cuando escribe: “Admirons les grands maîtres, ne les imitons pas.” Ahora bien, Darío manifiesta en las “Palabras Liminares” de Prosas Profanas: “Yo no tengo literatura “mía” como lo ha manifestado una magistral autoridad, para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje ó esclavo, no podrá ocultar sello ó librea. Wagner á Augusta Holmés, su discípula, dijo un día: “lo primero, no imitar á nadie, y sobre todo, á mí”. Gran decir.” La preocupación de Darío por la originalidad y las oposiciones a su obra, antecediendo lo citado, recuerdan el “Prefacio” de Hugo.
En los dos casos aparece el Yo como elemento discursivo intelectivo. Es el punto de partida permanente en los poemarios de Darío, como hemos mostrado (“Epístolas y Poemas”, 18/2/2006), de Epístolas y Poemas (1885) a Cantos de Vida y Esperanza (1905), con su paradigmático inicio de primer poema: “Yo soy aquel que ayer no más decía”. Encontramos la figura del Yo en dos autores coetáneos de Darío: José Martí, con el primer verso: “Yo soy un hombre sincero”, de Versos sencillos (1891), y Walt Withman, con el también primer verso de Canto a mí mismo: “I celebrate myself, and sing myself”, cuyos versos siguientes, sobre el andar vagabundo tienen eco tanto en la progresión poético referida en “Yo soy aquel...”, como en las segunda y tercera estrofas de Martí (“Yo vengo de todas partes,/ Y hacia todas partes voy:/ Arte soy entre las artes,/ En los montes, monte soy./ Yo sé los nombres extraños/ De las yerbas y las flores,/ Y de mortales engaños,/ Y de sublimes dolores”). En la primera edición de Leaves of Grass (1855) el poema “Song of Myself” era sin título, en la segunda se tituló “Poem of Walt Whitman, An American”, título que, como la vuelta sobre sí de las “Palabras Liminares” de Prosas Profanas, necesaria para obtener en un segundo tiempo, ya racionalizado, de reflexión, lo no concedido en el primer momento de existencia: “Yo no tengo literatura “mía”... mi literatura es mía en mí”, revela un proceso de disociación intelectualizada del mundo mediante la visión individual del sujeto hablante, en este caso el poeta narrador.
Tanto la aparición del Yo como fundacional en la actividad poética en tres autores, que la hace generacional, como el principio de retorno del Yo sobre sí mismo, sea para cantarse, en Whitman, sea para historiografiar la actividad poética, en Darío, sea para reconocerse cultural y geográficamente, en Martí (“Yo soy un hombre sincero/ De donde crece la palma,/ Y antes de morirme quiero/ Echar mis versos del alma”), remiten la aparición sintomático de este Yo a lo que Walter Benjamin estudió como El concepto de crítica estética en el romanticismo alemán, en particular el proceso de “reflexión” que, en Fichte, Schlegel y los primeros románticos implica, en una perspectiva cartesiana (París, Flammarion, 1986, pp. 60 y 72), una división del Yo para poder pensarse a sí mismo. Para Schlegel en las Lecciones Windischmann: “existe un modo del pensar que produce algo y por esta razón tiene una gran analogía de forma con el poder creador que atribuimos al Yo de la naturaleza y al Yo del universo. Es la actividad poética: ella crea de alguna forma ella misma su propia materia” (cit. p. 104). Confirma Schlegel en el Athenaeum: “La esencia del sentimiento poético reside tal vez en la facultad de afectarse a sí mismo.” (105) Novalis en sus Escritos concibe el arte como “medium-de-la-reflexión” y considera el arte como “la naturaleza viéndose, imitándose, formándose a sí misma” (105-106). Por lo cual, Novalis considera que “Toda obra de arte tiene un Ideal a priori, una necesidad inherente a sí misma de existir” (121).
Por esta idea de que el arte, en particular la poesía como elemento activo de auto-reflexión, son ilustrativos, por lo menos en su proceso, de la actividad intelectual del Yo sobre sí mismo, Schlegel en el Athenaeum amplía el concepto de poesía romántica a un universo múltiple que integra todos los campos literarios (136), al igual que la filosofía abarca todos los conceptos (137). “De manera análoga, todos los libros de la literatura deben ser un solo libro” (Ideas, cit. p. 139). “Así idénticamente lo individual del Arte, cuando lo entendemos profundamente, lleva al todo ilimitado” (Jugendschriften, cit. p. 139). Este concepto de poesía universal progresiva implica “un hecho trascendental eterno” (Athenaeum, cit. p. 140), así la poesía necesita un perpetuo retorno sobre sí mismo respeto de la tradición, para inventar nuevas formas, como lo plantea Hugo en su “Prefacio”, opuesto al progreso “agitación inquieta y vacía,... mala costumbre nórdica” (Schlegel, Lucinda, cit. p. 141). Schlegel postula “La más alta tarea de la cultura, es volverse dueña de su Yo trascendental, y asimismo del Yo de su Yo” (142). Esta “poesía de la poesía” “es en sí en la naturaleza y la vida...; pero es la naturaleza de la naturaleza, la vida de la vida, el hombre en el hombre” (145). Así crítica e ironía son las dos vertientes que, místicamente, en la obra dialectizan la presencia de un Yo trascendente, “formas simbólicas... contra el sentido profano” (146). El concepto romántico de poesía abarca entonces el recuerdo primogénito de la época medieval, caballeresca, como forma del primer romanticismo en sentido etimológico: lo romance/románico (149), integrando al universo de la poesía, en cuanto forma suprema idealizada, la novela (le roman) conforme Novalis en su carta a Schlegel del 12/1/1798: “Si la poesía quiere extenderse sólo puede hacerlo limitándose - contractándose... Toma un aspecto prosaico... se adapta a la representación de un contenido más limitado... por consiguiente fiel a las leyes esenciales de su naturaleza... ser orgánico cuya estructura delata el carácter ilimitado... la aptitud al todo... Se podría llamar esta poesía superior poesía de lo infinito”, por lo cual “La poesía es la prosa entre las artes” (Escritos) y “La novela... debería abarcar todos los tipos de estilos en una succesión diversamente relacionada por el espíritu común” (ibid., todos extractos cit. pp. 152-153 de Benjamin). Así se entienden la presencia sobredeterminante del Yo en Darío, el título Prosas Profanas, y el famoso pasaje remitido al proceso de interiorización poética: “ Yo no tengo literatura “mía”...: mi literatura es mía en mí”, como expresión de un humanismo romántico (versión histórica de su cosmopolitismo), profanación de lo poético para volverlo dialéctico, romántico, eterno y universal. La crítica al progreso norteño también tiene en Darío raíces en el primer romanticismo alemán.