Nuevo Amanecer

Carta de Alfonso Robles a Juan Tijerino


Tulsa, Febrero, 2006

Amigo Juan

Debe ser el recuerdo de aquellos años inolvidables de quiebra-platas, tenporales y gavilanes mareños que volaban en bandadas sobre los cielos de Boaco, o que mi corazón nostálgico en este exilio voluntario retorna en los recuerdos como el hijo pródigo a suavizar el tiempo perdido caminando descalzo en los charcos infinitos de las cunetas, o en los recodos veraneros de la luna de abril, todo eso ahora Juan, desde mi perspectiva de pintor que quiere ser, se juntan en un solo puño que de golpe despierta mis dormidas memorias inconsolables.
En ese horizonte ya perdido, la tremenda, tremendísima dimensión de Flavio se agigante escapándose de las fronteras del pueblo, para reclamar por derecho propio su merecido espacio en la geografía cultural nicaragüense. Con su partida todos hemos perdido, todos somos menos completos.Ya Flavio habita lleno de vida y alegría en la certidumbre de la tierra prometida, mientras en su Saguatepe el viento de febrero esparce las semillas de su recuerdo.
Creo verlo con su costal a tuto lleno de ideas y sortilegios: Flavio poeta; Flavio ensayista; Flavio innovador; Flavio ciudadano; Flavio cívico; Flavio naturalista; Flavio rebelde; Flavio boaqueño; Flavio universal; Flavio terco; Flavio rajatablas; Flavio de todos; Flavio de nadie; Flavio solo.
En el malinche del parque donde lo conocí de vista por vez primera, allá por 1959 en el malinche repito, junto a las flores rojas y las vainas, quiero colgar también en su memoria los crespones íngrimos de mi adiós.
Decile a sus hijos, a sus nietos, a vos, a toda la familia, a Boaco a Nicaragua, que las campanas doblan por Flavio, pero que también doblan por nosotros.

Abrazos,
Alfonso