Nuevo Amanecer

El botí de los sinvergüenzas


Flavio César Tijerino

Poeta Luis Rocha
s/m

Estimado Luis, excelente artículo el que publicaste en la edición del domingo 11 de febrero en El Nuevo Diario (END).
Estoy de acuerdo con casi todas sus letras. ¿Casi? Pues sí --¿Poessy?--. En los actuales cuartos de costura mierdocráticos, ¿no se asesina y tortura de manera que corra la sangre? ¿No es allí donde se urden y desde donde se comanda el empobrecedor plan neoliberal que está produciendo innumerables suicidios, asesi­natos, violaciones. CRUENTOS?, Luis Rocha. ¿Te acordás del parisiense graffiti estudiantil de 1968?: Un weekend es más sangriento que seis meses de revolución. Pero algo queda que meter en mi discrepante casi: ¿Tenés esperanza, Luis Rocha, en alguno de los industriales de la política nicaragüense, en alguno de sus re-partidos partidos o regresivos movimientos? Yo no. Son, han sido, metástasis del pasado peor.
Ninguno de los industriales de la política es capaz de imaginar la patria que merece el pueblo, la que sin ellos y tal vez contra ellos va a construir. ¡Cómo van los industriales de la política a imaginar la patria que no les cabe ni en el cerebro ni en el corazón!
Nuestro modelo de acción política debe ser --mutatis mutandi-- el ejemplar modelo ecuatoriano. Los industriales de la política dejaron de ser mediadores entre el pueblo y el Estado. ¿Cuándo y dónde fueron tales cosas personajes tan nefastos? La sociedad en particular, la mal llamada sociedad civil, tiene que desarrollar sus propias y diversas instituciones o grupos manumitidas de los partidos políticos; nada de totalitarismo mesiánico ha de inspirar y regir a esas instituciones populares. En los momentos críticos, autonomía coordinada por comunes objetivos estratégicos. Forzar la regulación salarial de los funciona­rios públicos. Regulación, pero con referente INAL­TERABLE.
Tanto por ciento del salario mínimo nacional. Así de claro. Sin trampas di-puta-diles. Cuando la fun­ción pública deje de ser el negocio más fácil y lucrativo de la República, verás, Luis Rocha, cómo los indus­triales de la política buscarán su sobrevivencia en el mercado especulativo ilegal, para el que nacieron y del que a mala hora salieron, desde que Nicaragua es nación. La función pública debe ser un honor concedido a compatriotas abnegados y probos.
¿Por qué tiene que ser, como hasta ahora, botín de sinvergüenzas?
Hay que forzar la derogación de esa hedionda y cómplice Ley de Inmunidad, hay que forzar la reformu­lación de la actual desuñada y desdentada ley contra el nepotismo.
Para empezar, esas cositas, Luis Rocha; y; por fin, la INSTITUCIONALIZACIÓN del país. Que se guarden los indusriales de la política sus proyectos de pavimentar las rutas áreas. El pueblo se enriquecerá si echa de la administración a los ladrones.
El modelo ecuatoriano, Luis Rocha: Los campesinos ecuatorianos consiguieron parcialmente sus ob­jetivos, pero no se quedaron gurruguceando o ace­chando por pasillos y oficinas a ver qué diputaciones, administraciones o direcciones generales sonsacan o apercollan. Los indios ecuatorianos se volvieron a sus montañas y desde allí tienen en capilla a los industria­les de la política.
¿Fue Jefferson quien dijo que la libertad es el resultado de una eterna vigilancia? No hay de otra. Sin cuartel.
Termino estos renglones, que calificarían de UTÓ­PICOS los industriales de la política. El pueblo tiene que forjarse una patria en la que el enriquecimiento a costa del sudor, la sangre y las lágrimas ajenas deje de ser fácil y se vuelva chureca incinerada.
La tolerancia se está volviendo intolerable. Habrá que repetir y vivir el lema del 68: Paz sin justicia es un sueño.

Fraternalmente,

Flavio César Tijerino

Saguatape 15 de febrero de 2001