Nuevo Amanecer

Dos cartas de Juan Tijerino Fajardo


Al poeta Luis Rocha

Managua, 22 de febrero de 2006

Poeta Luis Rocha
Sus manos
Apreciado y querido Luis

Al sentarme a escribirte esta carta me encuentro ante la hermosa y conmovedora realidad que vos también estás sintiendo en carne propia: el dolor de la partida de tu entrañable amigo Flavio; vos también estás de duelo. Este muerto es también tu muerto. Cuando se comparte plenamente la vida, también se comparten plenamente la muerte y la resurrección.
Aun así, quiero agradecerte en nombre de sus hijos, nietos, hermanos, sobrinos, de Piedad, Yaoska y demás familiares tus muestras de condolencias, las de Mercedes y de Nuevo Amanecer Cultural, del Nuevo Diario, al que tanto admiró y quiso mi hermano Flavio y que también en vida lo homenajeó. Luis, ¿qué puedo decir ante la muerte de mi hermano Flavio, si pesa más su vida, hoy renacida en esta hermosa resurrección del amor pleno?
A través de ti quiero decirle a Flavio que hará falta a su familia, a sus amigos y, sobre todo, a mí. Él supo ser hermano y disfrutamos esa hermosa relación de hermano a hermano. Sí Flavio, también harás gran falta a las decenas o centenares de jóvenes que desfilaban por tu casa buscando tu ayuda jamás negada a nadie; ayuda gratuita porque la dabas por amor, por vocación de servicio. Así ayudaste a los de primaria, bachilleres, licenciados, doctores y, por supuesto, a poetas y escritores. Dios te dio el don de descubrir talentos, y no te quedabas allí, los orientabas y alentabas haciendo que brillaran sin envidia, sin celos, gozando con el triunfo de todos los que podías ayudar. Así eras caro hermano mío: sencillo, franco, auténtico, sin dobleces. Hablabas de pobreza y la vivías con dignidad. ­Jamás hubo contradicción en tu vida con lo que creías y decías. Aquí estarán recordándote siempre tu Saguatepe y tu caserío, que seguirán siendo decires o referencias de tu Boaco amado, y siempre a través de Luis permíteme decirte sin herir tu humildad y modestia que sos un hombre que honró a Boaco con tu nobleza, honradez, autenticidad y entrega para promover la cultura de este pueblo. Hermano, ahora no podrás ruborizarte, por eso quiero decirte que en tus honras fúnebres hubo desborde de amor y cariño, de gratitud y hermandad sincera. Siempre te recordaremos porque fueron múltiples y aleccionadoras todas las facetas de tu vida. No sólo fuiste alma y nervio junto a tus compañeros del Grupo U para llenar de cultura e inquietudes sociales al Boaco de tus años mozos; fuiste también fundador de la Asociación de Ganaderos de Boaco, dándonos tus valiosos aportes resonando tu voz en los foros ganaderos nacionales. Con sapiencia, pasión y valentía denunciabas las injusticias reclamando los derechos del gremio.
También en el año 1971, preocupado por el decaimiento del catolicismo en Boaco, te interesaste en traer a tu pueblo (a nuestra Iglesia) el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, que tanto bien hizo en el departamento de Boaco.
Supiste ser alumno, maestro y también profeta. Anunciabas y denunciabas con tu palabra. Las radios de Nicaragua fueron testigo de tus voces de alerta y de tus críticos análisis. A través de esas radios hiciste tantos amigos que con frecuencia te visitaban y otros que sin conocerte personalmente se hicieron tus amigos. Ellos hoy también deploran tu partida. Pero sobre todo fuiste un hombre de fe y esperanza. Siendo intelectual y cristiano de avanzada te oí repetir tantas veces: “Yo creo y jamás me saldré del Credo, ni le quitaré, ni le agregaré nada al Credo que me aprendí de niño”. Por eso supiste aceptar la muerte proclamando tu fe, aceptando cristianamente la voluntad de Dios. Vos Luis, estuviste conmigo y Flavio pocas horas antes de su muerte, y con sorpresa vimos cómo no perdió su humor y su ironía aun cuando ya la muerte lo rondaba; pero como ya estaba preparado, nos hablaba y discutía con normalidad sobre el título de su último poema.­ Recuerdo que con sentido del humor te dijo: “Yo te creía más audaz Luis Rocha”.
Flavio no sólo nos enseñó con su larga vida, sino también nos enseñó a aceptar con hombría, con serenidad y fe su propia muerte. Y como nos dijo Isolda Hurtado: “Ya Flavio descansa donde todo es poesía”.
Termino escribiendo parte de un poema de Ana Ilce Gómez que a Flavio le gustaba: “Nada sobrevivirá a nuestras vidas, sino el pequeño fuego que prendimos”. Y mi hija Yaoska dice de él: “Supo encender muchos fuegos que se enarbolan más allá de su muerte”.

Gracias por todo Luis; recibe mi fraterno abrazo.

Juan Tijerino Fajardo

Al Centro Nicaragüense de Escritores

Boaco, 31 de enero del 2006.

Señores
Centro Nicaragüense
de Escritores
Managua

Estimados Amigos:

Ante el sensible fallecimiento de FLAVIO CÉSAR TIJERINO FAJARDO, en nombre de sus Hijos, Nietos, Hermanos, Sobrinos y demás familiares, agradecemos las muestras de condolencias, el reconocimiento enviado y leído por el Dr. Carlos Tünnermann, en el homenaje que le hicieron en la Biblioteca Pública de Boaco, y el arreglo floral enviado en nombre de todos Ustedes.-
Flavio César Tijerino Fajardo participó activamente en la lucha y construcción de un “mundo posible”, que se construye haciendo el bien aquí, ahora, en primera persona, con entrega, renuncias, con pasión y donde sea posible, con ó como él decía: “la palabra en la boca i el corazón en ella” y ejerció sus deberes luchando por la Justicia, creando opinión, siempre con una “argumentación racional”; insistiéndonos que: “en la resistencia estriba la fuerza”; “supo en vida asomarse a la eternidad a través de la palabra” y “encender muchos fuegos que se enarbolan hoy más allá de su muerte”.-
Nos dejó, además de su palabra, entre otros, sus ejemplos de renuncias, entrega, honestidad, justicia y conciencia social, para seguirlo, recordarlo y construir una sociedad posible, es decir, justa; dándole vida a los conceptos, haciendo de ellos verbo y carne.- Predicó con la palabra y la vida, participó en diferentes movimientos de defensa de la sociedad civil, fue fundador de la Biblioteca Pública “Fernando Buitrago Morales” de Boaco y de la Asociación de Ganaderos de Boaco, miembro del Grupo “U”, impulsor de cursillos de cristiandad, director de casas de cultura y talleres populares de poesía, alfabetizador, promotor de actos culturales y recitales; amó entrañablemente su patria y su voz fue siempre un abrir caminos, “mentor de poetas, ejerció su magisterio con dignidad y discreción, enseñando a los más jóvenes el valor de las disciplinas artísticas y ayudándoles a encausarse en el amor por la literatura”; “ayudó a estudiantes de primaria, bachilleres, licenciados y doctores y se fue graduando con ellos, porque tenía una gran sed de enseñar y de saber”.-
Para nosotros aparte del poeta, del lingüista, el incansable promotor de cultura, el formador de generaciones, profesor de seminaristas en Boaco, el revolucionario, rebelde con causa, miembro de la Junta de Gobierno de Boaco, el comunicador, maestro oral, “el purificador de la razón”, el hermano, el padre, el abuelo, el tío, el amigo; nos llena de satisfacción que “jamás renunció a la libertad y a la fuerza de su propia palabra.- Supo ejercer con dominio el mejor y mayor de sus patrimonios: la palabra-y la empuñó siempre con honestidad.- Siempre dijo bien lo que quería decir.- Con esa palabra certera e incontaminada”; lo cual nos llena de orgullo, y agradecemos las muestras de afecto, los reconocimientos en vida y póstumo que le hicieron, y demás consideraciones recibidas y como nos dijo Isolda Hurtado: “Flavio ahora descansa donde todo es poesía”; y como él repetía: “la única muerte es el olvido” y “ mientras le recordemos y sea palabra en nuestras bocas, siempre va estar vivo”.-

Atentamente,

Juan Tijerino Fajardo