Nuevo Amanecer

Nobel para Cardenal


No solamente es por este bello canto admonitorio, casi de lágrimas, en la corroída vida de la apocalíptica urbe del gigante engullidor de angustias: Señor recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe aunque ese no era su verdadero nombre (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años y la empleadita que a los 16 se había querido matar)…
Tampoco creo que sea por la Ciudad Deshabitada: una ciudad derrotada de la que es necesario salir, porque aquí una ceniza definitiva ha entrado al asalto… No nada, nada de todo esto, porque el ser total: el hombre que está más allá de comunes cantiles de la ansiedad dominante, brilla con luz propia en donde el cantor de fuego y tierra, de agua y éter, en ardiente romería de voluntades, escapa de la sombra y entra a la luz, merodea en derredor de las murallas celestes, busca y se rebusca a la orilla del infierno: Penoso trajín ha sido impuesto a todos los hombres, un pesado yugo agobiado a los hijos de Adán, desde el día en que salen del seno materno hasta aquel en que vuelven a la madre tierra (Ecles:40-1).
En este recorrido encontramos a Ernesto Cardenal: hombre y poeta, con toda textura en su de vez en cuando oblación mística: Salmos y Vida en el Amor, o pragmáticamente humano en sus cantos proféticos de protesta: Hora 0, Oráculo sobre Managua…. O proyectos de Solentiname, sobre su barca de ensueños, enhebrando pinceles en los ratos tomados por otros tipos de ensueños en que sobresale el mito: el lagarto, la garza, el pez saltando sobre el lecho de los caudales del San Juan o el Río Frío, como pienso que salta su corazón conmocionado muchas veces por su propio silencio que en ocasiones parece condicionante y excluyente para algunos de los poetas --de acuerdo con lo que escuchado y leído--, pero uno es como es --especialmente si se trata de autores o genialidades de la ciencia, la literatura y la plástica--, pues del temperamento y el carácter, sólo son culpables los genes.
Es grandiosa la obra de nuestro candidato a Nobel de Literatura, y es humanísticamente digna a tan noble distinción. Las letras nicaragüenses y centroamericanas se verían efectivamente honradas con reconocimiento del poeta de la Ciudad Deshabitada, Coplas a la Muerte de Merton, Vida en el Amor.
Como escritor, como nicaragüense y lector de la poesía y la prosa de Ernesto Cardenal, espero que a nuestro poeta lo ilumine la Lámpara del Nobel de Literatura. Señor quien quiera que haya sido el que ella iba a llamar y no llamó (y tal vez no era nadie o era alguien cuyo número no está en el directorio de Los Ángeles ¡contesta Tú el teléfono!