Nuevo Amanecer

Mi 14 de julio


Oí que alguien subía a grandes pasos las gradas de las escaleras que conducían a mi cuarto en el 2do piso, Hotel de France (Vaugirard 10).
-¡..golpes y voces..!- - ¡Ehé..! ¿qué está pasando?- y abrí la puerta antes de verme en dificultades. Era el exagerado de Carlitos, borracho... me di cuenta... al ver que traía en sus manos un bastoncillo pelado de paraguas con la bandera de FRANCIA...!!VIVE LA FRANCE..!! A la bastilla... jodido..! me gritó.
Claro que de abajo se oyó venir enseguida la voz de la Concierje..
-..¿ qui est c’est l’estupide qui crialle lá haut comme béte que beugle..?
- Tais toi...alors- grité para que me oyera la vieja y le tapé con mi mano la boca a Carlitos...
No tardó mucho y la vieja Concierje se apareció hecha un furia, que tuve con muchas mañas que apaciguarla.
Y era de esperarse, porque apenas eran las 7 de la mañana, que aunque ya el sol de julio abriera la brillante claridad tempranera del verano, al fin y al cabo no había razón para tanto alboroto; pero ese era Carlitos Bárcenas, el genial boaqueño que estudiaba con nosotros allá en París y, para darle alguna razón, Carlitos era un afrancesado incorregible que para él la celebración de ese día del 14 de julio era más que una fecha grande para Francia: era la fecha que calzaba en su carácter de asimilado biológico francés, como él se sentía.
Bueno, pero es cierto. El 14 de julio...era para mí, para todos también el más hermoso motivo de alegría y obligada celebración; de tal manera que cada quien hablaba desde antes, diciendo: -..mi 14 de julio...
Era de esperarlo, pero Carlitos no había desayunado y el problema era conseguir que la Concierje nos subiera desayuno para dos.
- Madame..s’il vous plait..deux petits-dejeuners..¿oui..?
No hubo respuesta; sin embargo, los trajo... y como ya lo suponía Carlitos le cayó encima a la bandeja y no me dejó más que lo untado- “du beurre”- sobre el platillo y, además se acabó una media botella de vino que había dejado yo en la mesita la tarde anterior.
Con todo pues y eso, me sirvió para mientras me iba a la ducha lo puse a Carlitos a hacer las llamadas por teléfono a todos y cada uno de los del grupo que ya estarían preparándose para salir a las calles y meternos de lleno dentro de la celebración del 14 de julio que es un acontecimiento nunca visto en París.
Encima de la mesita estaba la lista que encabezaba René Sandino Argüello; el doctor Sandino, que era como mi hermano y estaba en la Alliance Francaise -Boulevard- Raspail ll0- lo que a mí más me interesaba era que René era una persona muy cuidadosa y esmeradamente ordenado y para planear todo el movimiento del día que era necesario contar con sus atinadas sugerencias e indicaciones para los movimientos, ya que ese era, repito... un día tremendo.
Todo se hizo bien. En el Café de Saint Placide nos íbamos a reunir antes. Ya René tenía advertidas a las muchachas cantantes del grupo Janinne, Anitra, Elvia, cantante de tangos y la guitarrista, Llosa Berra, también pianista; y también tanguista Manuel Sebás, y el poeta Argento Abelillo Sordida que se sabía de memoria casi todo el Martín Fierro. La cuestión de la importancia de ese grupo, que como otros grupos tenía mucho valor en el mundo del París flotante de mi tiempo, era más que todo en el caso nuestro que contábamos con una clientela segura, principalmente en “Les halles” y algunas “boite de nuit”... donde el espectáculo de cantar y bailar como expontáneos novilleritos en rueda, nos permitía el disfrute de una mesa servida... y etc...
Entonces el tiempo lo teníamos en nuestras manos para disponer en lo bueno de ese retazo de vida dentro de la gracia, la alegría y el alarde de libertad de acción que nos daba ese día que es grande, siempre grande. De ahí pues, de Saint Placide nos fuimos a Saint Sulpice y desde ese momento empezamos a darle rienda suelta a nuestra mejor disposición de participar en la festividad que teníamos enfrente. Ya sabíamos que en la placita de Saint Sulpice habría una reunión de grupos húngaros que habían anunciado sus bailes para temprano y allá nos fuimos, haciéndoles rueda a los bailarines, quienes con indumentaria riquísima, bailaban desplazándose con soltura y gracia, siguiéndose unos a otros los bailarines que en parejas, con mujeres adornadas de pavas negrísimas y grandes aretes en las orejas, se acompañaban de raros instrumentos musicales como flautas larguísimas y tamborcitos de lata que sonaban con unos bolillos de goma.
No esperamos más tiempo que el que disponíamos, y por el metro más cercano, pasamos a Notre Dame des Champs, y si me acuerdo bien teníamos, además, interés de acercarnos con tiempo a la avenida de Champs Elyseé para estar a tiempo y ver la pasada del maravilloso desfile militar, aunque antes había que ir a la Place de Terte, donde se tenía una exhibición de pintura impresionista, especial para ese día y, se iba a mostrar al público general, sólo ese día nada más, “Le dejeuner sur l’heebe”- de Manet, que para mí era eso lo que más amaba en pintura. Con todo y todo el día estaba más que apretado y sería largo y no confío más en mi memoria para ir siguiendo el itinerario más que así en desorden.
Entonces, solamente escribo aquí lo más que puedo y sigo: no nos quedamos sin acercarnos a la Vendome, ni menos al Pont Neuf, ni que por lo menos dejáramos de mirar con amor toda la fachada del otro lado del Sena de La Conciergerie; pero sin ir más largo ya estábamos, luego, en la place de la Comcorde y ahí, por lo menos más cerca del Elyseé, empezamos en serio nuestra propia fiesta.
Cada quien cargaba sus “saucissons”, más “charcuterie”, suficiente pan y VINO en cantidades como si fuera para varios días! Bebimos, gritamos bailamos...! Aquí estuvimos primero y después volvimos a ver a gusto pasar todo el desfile militar.
En la tarde, pues fue lo mejor en la Concorde. Eran varios grupos que se turnaban bailando. Elvia,una del grupo de nosotros, cantó bellamente en medio de la gente que ahí estaba reunida, acompañada con la guitarra de Manuel; se cantó un tango de Gardel: "Mi Buenos Aires querido”, que la siguió una gitanilla amiga nuestra que se nos pegó al grupo la Feiturita... que bailaba asombrosamente, acompañándose ella misma de una pequeña flauta que la levantaba mientras saltaba como una gallinita de playa con sus piernitas encremadas y su arrugada enagüita de cordeles.
Hubo un momento que el poeta Sordina se lanzó al ruedo y empezó a recitar de memoria trozos, cantados a la vez, del Martín Fierro, que enseguida, Carlitos empezó con gracia a recitar de nuestro viejo y repertorio folclórico clásico el corrido-romancero de: dígame usté señor soldado/ de la guerra viene usté/ si conoce a mi marido/ que a la guerra se me fue/ Mi marido es alto y blanco/ tiene tipo de francés/ y en el puño de su camisa/ lleva el nombre de Isabel/.
Es poco todavía lo que aquí cuento, porque después de esa jornada, ya cansados, pero siempre alertas, ya entrada la noche nos llegamos a “Les Halles” -los Mercados de París-.
Es interesante contar que en Les halles- en “Aux chien qui fumet” nosotros éramos muy bien recibidos, porque nos ajustaban una parte del espectáculo que presentaban al gran público ya entrada la noche...y a pesar que ya era tarde, nos esperamos un poco más. René Sandino, quien era un verdadero Mayordomo, se adelantó seguido por mí, para arreglar el programita.
El patrón, Monsieur CHarles Berbaux, un viejo cómico con la naríz chata y colorada nos hizo la siguiente propuesta: 40 minutos= 3 canciones sudamericanas- dos bailes típicos y una pieza al piano bailable.- ¿ D’accord/?- Mais, ouí...- ¿ y qué más..?-..pues ahí estaba la respuesta: una mesa libre;comida y bebida para todos...! helás..!!
Ése fue el fin de la jornada... un 14 de julio- bello, un día en el corazón. Cumplimos con nuestras obligaciones artísticas, cantó la Anitra con mucha gracia: “Yo vendo unos ojos negros”, y bailó bellamente la gitanilla; cantó tangos Elvia, enseguida y hubo varias guitarreadas de verdad ejecutadas magistralmente por Manuel...y !tangos ... y la gente que aplaudía todo el tiempo mientras tanto nosotros a la mesa pedíamos vino...!Vinooo...! !Vinooo...! y luego allí mismo sentados, sudorosos, felices todos... frente a un tazón de la famosa “soupe d’oigon”, caliente con su capa de queso encima, humeante... La más hermosa experiencia que pueda recordarse de un 14 de julio,dentro de nosotros, esa impresión tan bella, feliz, así como yo estoy tratando de recordarlo ahora mismo.

Managua 10/julio/2006