Nuevo Amanecer

“Mi poesía es mía en mí”


Recordamos en Estudios Darianos (Bès Editions, 2003, p. 40) que cuando, “triunfante sobre sus modelos, Darío afirma en las “Palabras liminares” de Prosas Profanas (PP, 1896 y 1901): “Mi literatura es mía en mí”; tal afirmación de un ser propio se refiere directamente a la de Martí cuando él escribe que la poesía existe “en sí”, es decir en él mismo, o sea en su sangre, como lo aclara en “Mis versos”, introducción a Versos libres (¿1882?)”. También similar a la afirmación dariana es el primer poema: “Dentro de Ti está el Secreto”, del poemario Plenitud (1918) de Amado Nervo: “Busca dentro de ti la solución de todos los problemas.../.../ Y acertarás constantemente, pues que dentro de ti llevas la luz misteriosa de todos los secretos”.
Otros motivos darianos aparecen en Plenitud: la mujer que conoce el Misterio y secreto de Dios (III), el Signo (V), la Esfinge (IX, XIV, XV), los Enigmas (XIV), la Fe (XVIII), que tendrá eco en otro poemario de Nervo: El estanque de los lotos (EL, 1919, parte “Los Lotos”), con el poema “Spes” (XXIII), similar al de Darío en Cantos de Vida y Esperanza. Poemario en el que Nervo toca los temas de Cantos de Vida y Esperanza del Ser (XVII, XXV), la Diosa (XXVI), figura femenina de la Vida y la Muerte como en Darío, la vejez (X) y el horror de existir (XXII, XXV). Los dos poemarios citados de Nervo, como la obra de Darío, en particular Cantos de Vida y Esperanza, tienen valor mesiánico, así en Plenitud el poema VIII, y el epígrafe a la manera de Martí: “Esta es mi riqueza:/ toda para ti” (San Pablo, 1 Tesal., 5-16).
Las citas de Emerson o Schopenhauer (XVI), la genealogía francófila (XVI), morisca (el Sultán) y franciscana (XIII) de los modelos (entre los cuales la Caridad: XIII) revelan unidad temática con Darío. Igual en EL el calificativo “rockfellerescos” (XXIV), que recuerda “Oda a Roosevelt”, las alusiones a Fausto, el Verbo (XI), el nauta (XII), los hindúes nirvana y Brahma (XI, XIII y XIV), el ensueño (XVI) y el sueño de Hamlet, símbolo vivencial (XVII), la parte “La Conquista” y la figura continentalista hispánica de Colón (XXVIII, “Los Lotos”). En Místicas (1898), Nervo cita a Némesis, Felipe II, Kempis y Verlaine. En EL a Helena, y utiliza un principio (parte “La Conquista”) de presentación (“Al lector”) similar a Darío, con tema de humildad de los primeros versos de Los versos sencillos de Martí.
Nervo termina el poemario a la manera dariana con el mesiánico “Cristo futuro”, conforme la ideología mestiza, católica e hispánica de la literatura de finales del s. XIX. Al final de EL (partes “El Panorama”/”La Catástrofe”), Nervo (México, Porrúa, 1985, pp. 197-199) utiliza figuras darianas dialécticas entre sí por una parte del poeta niño, el lucero y la tripartición Trabajo-Amor-Paz, por otra de la guerra y Moloch, dios del comercio y el diario recordando el diario sin sorpresa del final de Plenitud. “Fatalidad” (EL, parte “Los Lotos”) es la versión positiva de “Lo Fatal”. En el prólogo a la edición Porrúa (p. xiii), Ernesto Mejía Sánchez cita la recurrencia del motivo de lo azul en Nervo y los modernistas hispanoamericanos. La filiación entre modernismo y mística poética de Alfonso Cortés se ve en los poemas XX (“La vida móvil”), XXVII, L o LX de Plenitud.
La reflexión de Nervo sobre la poesía se da en poemas como “Mi Verso” (Los Jardines Interiores), donde la añoranza de las “formas que mi numen a soñado”, “radiante, dúctil, poliforme y bello”, recuerda a “la forma que no encuentra mi estilo” de la segunda versión (1901) de PP, y “Mío” de EL (XLI, parte “Los Lotos”), donde “la creación perpetua” de “los anchos universos” “cual río”, llevando el poeta a afirmar: “¿Nada es mío? Mentira: todo es mío,/ pues que mío eres tú”, recuerda la definición de la poesía, que “eres tú”, de Bécquer. De ahí que, siguiendo directamente “Mío” (Darío tiene en PP un poema titulado “Mía”), después del poema “Jesús”, secuencia que revela, como en Darío el mesianismo del modernismo en Nervo, “Los Manantiales” (XLIII) describen la importancia de las fuentes clásicas: “LOS LIBROS ESENCIALES” (las mayúsculas son de Nervo) como “eternos manantiales”. Es el recurrente chorro de la fuente de la última parte de PP (1901). Mejía Sánchez escribe (p. xiii): “En 1891, Gutiérrez Nájera escandalizaría, sin duda, al bando académico cuando salió en defensa de Tablada, de esta manera: “Siento alegría al ver en El Universal versos de José Juan Tablada, pensados en francés, casi escritos en francés, algo neuróticos, pero siempre bellos y reveladores de un gran talento artístico.
El propio Tablada recordó, muchos años después, en sus memorias, ciertos diálogos con “El Duque Job”, en que éste aparece diciéndole: “Lees mucho a los franceses, ¿verdad?... Haces bien; su ejemplo es muy saludable para nosotros; para animarnos a romper viejos moldes.
Pero no descuides a los clásicos griegos y latinos, ni a los españoles. Debemos individualizarnos, pero dentro de nuestra tradición literaria”. Por lo que se puede reintegrar la afirmación romanticista del Yo de Martí, Darío y Nervo, con revaloración de lo precolombino como Grecia continental en los dos primeros y PP, dentro de la línea de Andrés Bello en su famoso “Modo de escribir la historia” (El Araucano, 1848), donde plantea la necesidad, antes de asumir el análisis histórico de reseñar los hechos históricos, y hacer uso de fuentes directas, con el lema “Bebed en las fuentes”: “Es una especie de fatalidad la que subyuga las naciones que empiezan a las que las han precedido. Grecia avasalló a Roma; Grecia y Roma a los pueblos modernos de Europa, cuando en ésta se restauraron las letras; y nosotros somos ahora arrastrados más allá de lo justo por la influencia de la Europa, a quien, al mismo tiempo que nos aprovechamos de sus luces, debiéramos imitar en la independencia del pensamiento.../ Es preciso además no dar demasiado valor a nomenclaturas filosóficas; generalizaciones que dicen poco o nada por sí mismas al que no ha contemplado la naturaleza viviente en las pinturas de la historia, y, si ser puede, en los historiadores primitivos y originales.
No hablamos aquí de nuestra historia solamente, sino de todas. !Jóvenes chilenos! aprended a juzgar por vosotros mismos; aspirad a la independencia del pensamiento. Bebed en las fuentes; a lo menos en los raudales más cercanos a ellas.
El lenguaje mismo de los historiadores originales, sus ideas, hasta sus preocupaciones y sus leyendas fabulosas, son una parte de la historia, y no la menos instructiva y verídica. ¿Queréis, por ejemplo, saber qué cosa fue el descubrimiento y conquista de América? Leed el diario de Colón, las cartas de Pedro de Valdivia, las de Hernán Cortés. Bernal Díaz os dirá mucho más que Solís y que Robertson. Interrogad a cada civilización en sus obras; pedid a cada historiador sus garantías. Esa es la primera filosofía que debemos aprender de la Europa.”