Nuevo Amanecer

Juan Fuchs Holl: un artista con alma nicaragüense


El extraordinario pintor Juan Fuchs Holl concentró su amor por Nicaragua en las numerosas decoraciones de iglesias, murales y cúpulas en conventos y templos, igual que toda Centroamérica y Panamá. Ése es el recuerdo más grato y vivo que guarda su hijo, el también pintor Hansi Fuchs.
“La vida de mi padre y su valiosa obra fueron como una semilla luminosa y sin variables en mi hogar, porque él fue un padre, un guía, un benefactor de su comunidad y un artista seguro de su inquebrantable fe que lo consagró para bien”, confirma este joven, quien expresa el legado de su progenitor apoyando sus palabras con pasión, ternura y profunda admiración.
Hansi (de 35 años) nos informa que Juan Fuchs Holl nació el 26 de febrero de 1912, en Gross Schonan, cerca de Viena, Austria, de padres tiroleses. A los ocho años se inclinó por la pintura, realizando de muy buena factura pequeñas obras en dibujo, las que asombraron a su padre, quien era un maestro de la escenografía.
Fuchs reveló un gran talento para la plástica; concluyó sus estudios secundarios, pero la invasión de Hitler a su natal Austria le obligó a realizar un inesperado periplo por América Central, estableciéndose en la República de El Salvador, donde realizó estudios de filosofía, aprendió la lengua castellana e ingresó a la Escuela Normal para impartir clases de primaria y secundaria.
En 1939 ingresó a Nicaragua, donde se dedicó a diversas labores, como retocar o restaurar estatuas, altares, cuadros al óleo, acuarelas de cualquier género, murales de cualquier estilo, escenificaciones, telones para teatros, estucos, grabados en bajo y alto relieve ejecutados en yeso, cal y pastas especiales, restauración de cuadros antiguos, trabajos en graffiti, entre otros. Todo esto da fe de la fuerza en la expresión artística de este gran maestro de las artes.
Su dedicación a las artes plásticas motivó que este pintor, austriaco de nacimiento y alma de nicaragüense y centroamericana, innovara un método de enseñanza del dibujo que respondiera a las urgencias artísticas de los maestros normalistas del istmo. Ese método aún se mantiene en vigencia en muchas escuelas normales. Un preciado tesoro que le confió su padre a Hansi es su pasaporte austriaco No. P0231191; Johan Fuchs, quien gozaba de sus costumbres europeas, pero “no descuidó el inculcarnos valores esenciales de vida y fraternidad en las raíces nicaragüenses, las que compartió con gran admiración de ciudadano y estudioso artista”, recuerda su hijo.
“Mi abuelo, quien fue también un gran pintor, consagró su tiempo a impulsar a mi padre para que tomara los pinceles y realizara su estupenda obra en la pintura de escenarios; aprendiera de los mejores artistas de la escuela del Renacimiento, y del Impresionismo, su extraordinario ejercicio de la luz y el color. Mi padre --recuerda Hansi-- tenía una gran escuela, disciplina, rigurosidad y dedicación permanente a su arte.”
En varios países de Centroamérica donde le tocó vivir, para evadir el acecho de los militares, se vio obligado a tomar los hábitos y poder cumplir uno de sus más preciados sueños: fundar escuelas de pintura. En esa época también se entusiasmó por la técnica de la fotografía artística y lo hizo bien.
En la foja artística del maestro Fuchs se hace mención especial a su trabajo de retratista, de excelente calidad, plasmando a personas de diferentes estratos sociales, artísticos, políticos y de la ciudadanía en general, lo que le valió elogios y reconocimientos en el ámbito local e internacional. Consultados algunos pintores nicaragüenses admiten que Fuchs se esmeró en la calidad de sus obras y dejó constancia de su buen arte para la posteridad.
“Mi padre se interesó por los estudios arqueológicos, siendo ayudante del doctor Pilz, tratando en dibujos y reconstrucciones de excavaciones de las edades de piedra y de bronce, alrededor de la ciudad de Amstetten. Cuando él hablaba de de esta experiencia de su vida se mostraba muy complacido, altamente generoso y deseoso de entregar sus conocimientos, lo que realzaba en él una gran alegría de ser útil a sus semejantes”, refiere Hansi.
Fuchs se mantuvo atento al desarrollo de las artes en el mundo y como fino observador supo mantener un equilibrado ritmo de su trabajo apoyado en la modernidad con innovaciones, que le permitieron cumplir sus expectativas de artista con valor ético y moral. Él fue un viajero por el interior de Nicaragua, conociendo las costumbres e idiosincrasia, lo que le granjeó grandes amistades, y sintió como propio el terruño que le acogió durante los mejores años de su vida; se apasionaba por la gente de los lugares que visitaba y dejaba constancia de su cariño y entrega a través de sus notables murales en iglesias y conventos.
Una etapa muy productiva y relevante en la obra de Fuchs está comprendida en los años 1960-1968, en la que el maestro realiza una impresionante serie de 13 cuadros murales, de ceñida referencia bíblica, destacando entre éstos “La tentación en el desierto”, plasmado en la Iglesia de San Rafael del Norte, por encargo del sacerdote Odorico de Andrea, cuya pintura que refiere los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto. Este cuadro mural ha sido un punto de críticas de encontradas opiniones, por el cuasi parecido del diablo a un político nicaragüense.
Otras obras de igual naturaleza de estilo religioso-académico son los dos cuadros que pintó a la aparición de la Virgen de Cuapa, en los años 84-85, meses antes de morir. El primero en la Capilla (que se desplomó) del Colegio San Pedro Claver, en la carretera a Masaya. Y la segunda obra, en la Iglesia de Boaco, en cuyo cuadro mural aparece el personaje conocido como “Bernardo de Cuapa” junto a la efigie de la religiosa. A Fuchs lo estimuló para su ejecución el sacerdote Jorge Rodríguez Salesiano, fundador de la Escuela de María Auxiliadora.
“Mi padre no fue un artista egoísta. Su don de gente le mostraba como una persona altruista y desinteresada, que siempre se sintió orgulloso del valor de la vida y su familia, de sus hijos y de sus benefactores de las diferentes órdenes religiosas que se establecieron en la época de su máximo rendimiento artístico. Todos le animaron y le dieron oportunidad de plasmar sus ideas y proyectos, y eso le hizo inmensamente bien, y le dio fuerza y confianza para su desarrollo como pintor”, puntualizó Hansi.
Para Hansi, hablar del pintor Juan Fuchs Holl es algo inagotable, enciende su memoria y los recuerdos. Sin duda, su padre fue un valor fundamental que ha trascendido a su hijo, y con su legado se dedica también a la pintura. Hansi recuerda que su padre, a los ocho años y viviendo en Ticuantepe, le sentaba en una pequeña mesa para darle sus primeras clases de pintura. “Era exigente conmigo, me hacía repetir hasta 25 veces un dibujo. Me hablaba –recuerda-- del lenguaje del cuadro, de su composición según las imágenes, del color, la forma y las líneas, de perspectiva para la combinación de los colores. Todas estas enseñanzas me han servido para mi desarrollo como pintor.”
“Cuando estoy trabajando un cuadro --dice Hansi--, su imagen me acompaña, porque vive en mí, y siento un gran orgullo al recordarlo. Mi padre fue un hombre muy humilde, siempre me motivó a aprender de otros, actuando con dignidad, pues ése fue su legado.” Dotado de la enseñanza paterna, Hansi se ha desempeñado impartiendo clases de pintura en varios colegios, trabajando la cerámica y pintando murales; haciendo escenarios en restaurantes, escuelas e iglesias, incluso diseño gráfico.
Finalmente, Hansi recuerda que antes de morir, su padre le dio un crucifijo que le había acompañado en un viaje por el Amazonas, Brasil. Juan Fuchs Holl murió en Ticuantepe el 19 de agosto de 1986, víctima de un infarto.