Nuevo Amanecer

UNA PALABRA SENTIMENTAL

Por Eunice Odio (San José, Costa Rica, 1919- México D.F 1974)

Se trataba de una mujer bellísima. Y disculpen el principio de este comentario que les pueda saber a algunas amigas tan machista cuando estamos hablando de Literatura. Pero no pude reprimirlo. De hecho, a Eunice Odio la conocí primero por una foto en blanco y negro, y fue tal la impresión que me fui derecho a leerla.
Algunos de sus versos vienen hacia el amor erótico con una sensualidad que no cae en lo manido ya mil veces por muchos poemas que recorren una y otra vez el cuerpo del amado con los versos ya leídos. Y entonces uno se enamora de ella por segunda vez. Después de su foto vinieron sus versos, y después de sus versos conocí lo que dijeron de su vida en las escuetas biografías que la mencionan. Y al final de todas ellas, se dice que Eunice Odio, la poeta de la piel recorrida, murió completamente sola.
En Nicaragua, especialmente se tiene poco apego a conocer obras nuevas si vienen de afuera, aunque ese afuera sea de ahí no más en Centroamérica, y en algunos momentos decir que viene de Costa Rica, eso es un agravante. Creo que la Literatura funciona como el mejor antídoto de resolver conflictos de fronteras y de viejos recelos. Y creo que es más fácil superar los viejos conflictos con la hermosa palabra de mujer, de una mujer poeta que vivió gran parte de su vida en Méjico aunque era costarricense, en ese periplo centroamericano. Su mismo afán de conocer la llevó por Nicaragua y todo el istmo. De hecho, siendo costarricense, decidió ser por encima de todo centroamericana, y se nacionalizó guatemalteca y después mejicana. Más no he de olvidar esa frase final de sus biografías. “Y murió sola”.
Cómo puede morir sola una mujer con la inmensa vocación de alegría que refleja uno de sus poemas, como este primero de Posesión en el Sueño:

Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar, de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
Ven
Te probaré con alegría.

Y uno pide respuestas a sus biografías, y puede encontrar anécdotas con las que se oculta la vida. Por ejemplo, la que habla acerca de una fecha trágica en su vida: 1956. Entonces ocurrieron dos grandes pérdidas: la de su padre y la su mejor amiga, la también escritora y también bellísima Yolanda Oreamuno, muerta en sus propios brazos mientras Eunice le asistía. Uno puede leer también sobre los rumores de su fuerte carácter en medio de un ambiente machista, de su opción por estar sola los últimos años de su vida, de sus opiniones controvertidas que le valieron la enemistad de la intelectualidad de la izquierda mejicana de su tiempo, por hablar en contra de Fidel Castro y por sus colaboraciones en la revista Zona Franca
Pero al final, para hallar respuestas se vuelve siempre a su poesía, de la que parecen haber vivido tantos poetas centroamericanos, de la que parece haber tomado una parte de herencia la Gioconda Belli nicaragüense. Uno puede encontrar en el hueco de un poema de Eunice esa eterna insatisfacción de los poetas, las ganas imposibles de atrapar lo sublime, el momento único, el fracaso de no tener corazón suficiente para sostener la felicidad entera e indemne. Es decir, la imposibilidad de ser niño, de volver a ser niño, la ceguera del anciano que escucha a Cristo, como en este poema de Tránsito de Fuego, su mejor libro:

Yo quisiera ser niña
Pero ya, ¿qué he de ser?
Si me han nacido estos ojos tan grandes,
y esos rubios quereres de soslayo.
Cómo voy a ser ya
esa que quiero yo
niña de verdes,
niña vencida de contemplaciones,
cayendo de sí misma sonrosada,
... si me dolió muchísimo decir
para alcanzar de nuevo la palabra
que se iba,
escapada saeta de mi carne,

y me ha dolido mucho amar a trechos
impenitente y sola,
y hablar de cosas inacabadas,
...
O estar llena de esos repentes
que me cambian el mundo a gran distancia,

Cómo voy a ser ya,
niña en tumulto,
Forma mudable y pura,
o simplemente, niña a la ligera,
divergente en colores
y apta para el adiós
a toda hora.

Para conocerla, si se tiene la suerte, el mejor lugar sería en los tomos de la editora Von Mayer, Pegyy que publicó sus Obras completas. Editorial de la Universidad de Costa Rica y Editorial de la Universidad Nacional, San José, 1996. No escribió una obra muy extensa y es abarcable en varios tiempos. Tiene la estrella de dejar en la memoria muchos de sus versos melancólicos y alegres al mismo tiempo. Si alguna vez, pierden miedo, y se acercan a Costa Rica, sería bueno que lo hicieran con la voz de esta mujer que nos invita a mirarnos sin odio, a recorrernos piel a piel. Y luego leer a los otros poetas: Jorge Debravo, Max Jiménez, y más cerca, Ana Istarú, Carlos Cortés y....más.

franciscosancho@hotmail.com