Nuevo Amanecer

“La muerte de los mitos y las ideologías: ¿Qué hacer?”


“No hay nada tan práctico como una buena teoría”, me dijo en cierta ocasión el profesor Comas citando al psicólogo alemán Kurt Lewin. Y este libro que ahora nos acecha, con su aire inofensivo, está cargado de teorías que quieren y pueden inspirar muchas y muy buena prácticas. Son teorías sobre teorías y sobre prácticas, reflexionadas y urdidas haciendo un recorrido enciclopédico que va desde los mitos de los pueblos cazadores-recolectores hasta los hallazgos antropológicos de Castaneda, pasando por pensadores de disciplinas tan diversas como Fanon y Gorz; Hertz y Heisenberg; Carnap, Wittegenstein y Russell; Eliade y Lévy-Strauss; Merton y Marx; Kant y Popper; Polanyi y Sennett. Estamos, sin embargo, frente a un enciclopedismo sin el menor asomo de pedantería, porque se trata de una cosecha vital, fruto de una búsqueda personal, sólo posible tras muchos años de investigación y reflexión, confrontando, sopesando y haciendo la vivisección de ideas, cosmovisiones, mitos e ideologías.
Quiero mencionar las razones por las cuales pienso que este libro es menos inofensivo --en el sentido de más provocador y lleno de retos-- de lo que su humilde formato y el mesurado talante de su autor pueden erróneamente hacernos creer. En primer lugar, camina sobre la cuerda floja. En un mundo marcado por la reactivación y el surgimiento de fundamentalismos y fanatismos de diverso cuño --políticos, religiosos, tecnócratas-- y de desesperanzados que claudican y pasan de todo, Carlos Comas coloca las utopías, que han existido a lo largo de la historia mundial, en una dimensión que relativiza sus pretensiones y muestra sus puntos contradictorios, pero también la grandeza de muchos de los sueños que las nutrían. Todo el libro mantiene una tensión entre el acercamiento respetuoso, admirado, y cierto tono de condescendencia de quien tiene una mirada panorámica --la mirada de quien sabe qué ocurrió después, cómo fueron usadas esas teorías--, una fórmula idónea para enfrentarse con instituciones y teorías sin caer en la veneración incondicional ni en el cinismo, y que nos invita no a renunciar a las utopías, tampoco al voluntarismo mesiánico, sino a un replanteamiento de las aspiraciones que nos hacen mejores seres humanos, adecuándolas a los condicionamientos del entorno, a los retos particulares de nuestra época y a la herencia de una tradición.
En segundo lugar, es un libro contra-cultural: nada contra la corriente predominante y nos seduce para que hagamos lo mismo. Va contra los estímulos del ambiente. El mercado deifica el lucro como fin último y acaba con la cordialidad. La ciencia se presenta como árbitro y conductora, mostrando posibilidades inusitadas y, para algunos, ilimitadas. Y resulta que todo este libro trata de un tema que el mercado desprecia y la mayoría de los científicos marginan: los valores. De hecho, el libro es ciencia que está constantemente hablando de los valores que subyacen a teorías científicas o precientíficas. Es una mezcla que a muchos desagrada: ética y ciencia. Esta opción implica dos propuestas programáticas atrevidas. Por un lado, revelar la propia propuesta ética para incidir sobre las propuestas soterradas, subrepticias, camufladas de prognosis de lo inevitable. Por otro, volver a nuestras raíces, a lo que nos hace humanos, a la sensibilidad, a la importancia espíritu más allá de su utilidad.
Finalmente, este libro se publica en Nicaragua y ofrece reflexiones de las que bien harían en tomar nota y aplicar a la práctica los políticos, profesionales, gremios, estudiantes y muchos otros actores que van cincelando este país. En una sociedad donde las polarizaciones políticas viven de fantasmas ideológicos puede ser inspirador de nuevas prácticas conocer la radiografía de tantas cosmovisiones y utopías y constatar que en la actualidad “hemos perdido los planos de la historia o se nos han revelado falsos.” Entonces, en lugar de buscar promesas mesiánicas sobre un salto espectacular e inevitable hacia el paraíso, estaríamos dispuestos a asumir la propia responsabilidad sobre los cambios y a aspirar a que “cada episodio (de la historia) tenga una cierta dignidad.” Esto implica no sacrificar la ética del presente en el altar de un futuro idealizado. Para los políticos, supone una estrategia donde el fin no justifica los medios. Para los ciudadanos en general significa la exigencia de invertir en el bien común.
“La muerte de los mitos y las ideologías: ¿Qué hacer?” es un libro esperanzado y esperanzador, pese a su distanciamiento de los excesivamente esperanzados. Y lo es porque su empeño, titánico pero mesurado, proporciona elementos para que cada uno de nosotros, y juntos en sociedad, desee y pueda responder a las preguntas kantianas: ¿Qué puedo yo hacer?, ¿qué debo yo hacer?, ¿qué me es permitido esperar?
Con compulsión y convicción, Comas ofrece, en este platillo aromático y enjundioso, la síntesis de las reflexiones de una vida, con una cercanía y tono personal que sólo consigue quien está genuinamente afectado por los temas que aborda.