Nuevo Amanecer

Nicaragua y Chile: Relaciones Culturales


Director General de Cultura
Las relaciones culturales entre Chile – La fértil y señalada provincia poética en la región antártica famosa- y Nicaragua.- otra provincia de la poesía en lengua española, a pesar de las distancias geográficas, una en el Centro de América y otra en el Sur, han sido estrechas, fraternas y constantes, un continuo vaivén, intercambios, canjes: en Chile se publica el libro que inicia la Revolución literaria llamada Modernismo con Azul…( 1888) del joven Rubén Darío. Y eso implica: La Moneda, Pedro Balmaceda Toro y el presidente Balmaceda, Valparaíso y sobre todo, la apertura a la madurez y a la visión de su tiempo de nuestro gran poeta.
Hacia Chile navegaban como un horizonte y meta de modernidad los jóvenes del siglo XX a estudiar Derecho y, desde el poeta Alberto Ortiz, camarada del “antipoeta y mago”, Vicente Huidobro, Gabry Rivas, entonces naciente periodista, hasta Hernaldo Zúñiga, voz que se reveló como cantor y poeta en Viña del Mar.
Gabriela Mistral, la maestra rural y poeta desgarrada, fue la única mujer declarada “Benemérita del Ejército defensor de la Soberanía Nacional”, en plena lucha del General Sandino: lucha que fue del pueblo chileno.
Neruda en sus años de persecución fue protegido por Salomón de la Selva en México. Neruda reclamó en los foros que más pudo por la libertad de Nicaragua bajo la dictadura somocista: “la noche negra y sangrienta y gimiente de Nicaragua”; fue amigo de Ernesto Mejía Sánchez, Salvador Murillo, Mario Flores Ortiz, divulgador de los Epigramas de Ernesto Cardenal.
Pablo Antonio Cuadra, a pesar de que estaba en la otra trinchera ideológica le envió su libro reconociéndolo como “El otro Pablo de América”.
Neruda fue siempre dariano, de corazón dariano como un caracol marino lleno de todas las resonancias, no sólo al alimón con García Lorca sino hasta el final.
Nuestro cantante y compositor Carlos Mejía Godoy compuso una divertida e irónica canción de cuna para el dictador Pinochet.
De modo que no es extraño que el Museo Nacional de Nicaragua conserve hoy en su fondo “Julio Cortázar”, una colección riquísima de pintura chilena, que viene a anudar los lazos culturales entre estos dos pueblos y hacer que nos conozcamos mejor y que seamos mejor. El arte es representativo de la identidad de nuestros pueblos: la poesía, la música andina de Isabel Parra y el canto de manos cortadas de Víctor Jara, dicen la tragedia que vivió Chile. Furia, Ira, bellezas, contemplación, tortura y torturador, dulzura, esperanza y horror. No hay cultura sin desarrollo ni hay desarrollo sin cultura y la democracia es más democracia cuando abre los canales para que el pueblo pueda consumir cultural continental, americana, universal y producir o crear y recrear, alcanzar el arte. Esta colección de más de 44 piezas se debe a las gestiones de la chilena Carmen Waugh y de la nicaragüense Virginia Espinosa Ramírez.
Ellas en Roma pidieron estas obras. La muestra no puede ser más significativa de la calidad y de la diversidad del arte moderno de Chile. Todas las tendencias, intenciones denunciativas y lenguajes están presentes: el materismo y el collage de Gatty Gusti, el expresionismo abstracto con algo de geométrico de Juan García Gatica, Francisco Smythey Bernal Ponce, el volumen hecho figura de Carlos Solana, Ximena Armas, el neorrealismo expresionista y mixto, que revela el grito de Chile, el retrato alegórico y transfigurado de Roser Bru, la imaginación de los ángeles de Antonio Ferreiro.
Pero el corazón de este fondo lo constituye la serie de Roberto Matta, un inventor de la expresión de América, porque como dice él mismo: “Pero hay otras maneras de expresar a América Latina y los barrotes de la realidad. Roberto Matta, refiriéndose a la influencia que ejercieron los Cantos de Maldoror en su comprensión de América y su concepción de la pintura, halla en la obra del uruguayo Isidoro Duchase “la inmensa hostilidad de la mayoría de los lugares de América Latina, violados pero no sometidos por el hombre moderno, con sus climas catastróficos y su geografía desmesurada, sus plantas aplastantes o pérfidas, sus insectos encarnizados y sus animales venenosos, sin hablar de los seres humanos, los más temibles de los cuales no son siempre los `salvajes`. Latente o explosiva, esa atmósfera de amenaza y de violencia irreductible es la que baña de un extremo a otro el libro de Lautréamont”.
Uno de los más geniales e inventivos artistas plásticos del siglo XX, es la serie más amplia y la más compleja, el surrealismo europeo y americano están imbricados en una expresión muy personal y autóctona, donde el cómics, la secuencia, las monocromías y los colores pop ofrecen un conjunto valioso, sorprendente, que enriquece el patrimonio cultural de Nicaragua y subvertirá las sensibilidades y los ojos que los enfrenten.