Nuevo Amanecer

LA ISLA DE ROBINSON (1981)

Arturo Uslar Pietri (Caracas 1906 - 2001)

Con la Generación de poetas del 27 en España se ha vivido algo similar a lo que de seguro estará ocurriendo con la generación del boom de la narrativa latinoamericana. Una vez consagrados, puestos en el olimpo de los manuales imprescindibles, de los libros de escuela, de las lecturas obligatorias, después de todo ese tiempo, algunos que habían sido arrinconados por la apabullante feria de las vanidades de cifras, de críticas y de ventas (caso Cien Años de Soledad), esos algunos ahora empiezan a salir de las sombras de la memoria y reclaman su lugar en la gloria. Que conste que esa gloria es el placer para los que aún estamos vivos de leerlos a la sombra de un árbol de mango como tuve ocasión durante algunas tardes de sábado en Managua. Yo tengo un amigo que me dice con toda ilusión que él espera impaciente la eternidad para tener tiempo de leer todo lo que no ha podido ni podrá en vida. Entonces tendrá todo el tiempo del otro mundo. Ojalá nos veamos allá en esa tesitura.
Uslar Pietri acaba de celebrar su centenario en este año en el que Venezuela más que nunca aparece en los medios de comunicación universales auspiciada por su revolución del petróleo. Ha pasado tímidamente, como también pasó en los años del boom. Aunque no tanto como otros. Él es del tiempo de Alejo Carpentier y de Miguel Ángel Asturias, es decir del principio, de lo real maravilloso, de cuando regresaron de Europa para descubrir el ritmo y la expresión de América. Es lo que le pasó a Carpentier en su insatisfacción con el surrealismo. No le servían las palabras, porque lo real maravilloso era pura realidad en América Latina, no era el imaginario subconsciente que tenían que crear los artistas en París. En América cualquier cosa podría suceder, y todavía hoy cualquier cosa puede suceder.
De eso va esta novela imprescindible, de cabecera de nuestra historia literaria, puestas en hilera El Siglo de las Luces y La Isla de Robinson, además de su otra novela Las Lanzas Coloradas. Desde la Revolución Francesa, América despega en su libertad, en su separación con una rancia España que se debatía entre el nuevo ímpetu moderno y el absolutismo monárquico, católico y tradicional que aún hoy día tiene una gran influencia. América le debe a la Revolución Francesa mucho. Bolívar es hijo de la Revolución Francesa, acaso intentó ser un Bonaparte latinoamericano, con un gran sueño que ha tenido grandes herederos: Martí, Sandino, el Che.
En estas páginas Uslar Pietri, con la belleza y la sonoridad de su lenguaje nos lleva a aquel mundo desde el nuestro, sin dejar de ser nunca consciente de que asistimos de prestado a esos episodios, de cuando Bolívar se convirtió en Bolívar. Baste recordar el principio de la novela, el magistral principio, cuando se escucha el sonido de la navaja del barbero raspando la barba dura a las horas de la siesta, un virtuosismo que luego se desgrana en frases conscientes de ser preciosas, y en eso mismo a veces se reitera y pierda fuerza. Nunca se abandona la intención de embellecer el texto, de embelesar al lector, y uno lo siente así, algo como forzado que impide que la historia fluya, una historia que nunca es contada en primera persona, sino a través de unos ojos como si fueran nuestros, pero que no son los de nosotros.
Uslar había leído a los simbolistas y a los modernistas, luego se deja cautivar por las vanguardias y va adoptando otro tono, pero lo que más le diferencia de sus coetáneos es su visión sobre el panorama del proceso histórico de América Latina y de Venezuela. Le acusan, en su propio honor, de tener una visión más artística que política. Sus opiniones nunca fueron del todo radicales, aunque sus acciones, cuando le tocó estar en el gobierno, y en pro de la educación, significaron cambios históricos. A él se le presentó la oportunidad de radicalizarse siendo muy joven, pero por su misma situación pasó a ser muy discreto en estos temas que en aquellos tiempos significaban la vida y la muerte. La razón era que su padre había pertenecido al largísimo gobierno de Juan Vicente Gómez y cuando todo el país se le puso en contra él se mantuvo en una posición muy incómoda. Uslar se dedicó a la diplomacia y a la docencia.
Desde ambos lugares, la implicación social podía matizarse mucho, y en ese sentido tuvo el privilegio de ver el bosque sin estar realmente dentro en términos políticos. Que fuera bueno o no para su literatura esa condición no lo podríamos precisar. La tentación de la política ha frustrado, limado o retrasado a muchos escritores. La tentación de la literatura para muchos políticos no ha sido tan fuerte, pero no les ha dado mayor fortuna artística. Pero nunca se sabe. En Literatura lo más contradictorio es emitir algún juicio sobre la personalidad de un escritor y su influencia en la obra artística.
En el gobierno de Medina Angarita, Uslar Pietri potenció una Ley de Educación muy novedosa, y en el periodo de ese gobierno es donde hubo menos inestabilidad. Luego, ausente o presente, no dejo de tener su lugar en la política, incluso con la llegada de Rómulo Betancourt, cuando tuvo que salir del país y seguir dedicándose a la docencia en Estados Unidos. Es decir, en Uslar Pietri su visión literaria era más pura simplemente porque su parte política la ejercía en vida.
Desde Oscar Wilde, que defendía el arte por el arte, hasta Hemingway, que no entendía a ningún escritor que no hubiera estado en 100 batallas ni hubiera bebido la copa de la vida hasta los tuétanos, hay para todos los gustos. Montaigne, el sabio humanista francés. se retiró a una torre de su castillo y se desvinculó de obligaciones públicas (porque podía y tenía recursos suficientes) a cambio de dejarnos una obra ensayística que inaugura la modernidad. Hizo colgar de hecho un letrero en la puerta de su estudio conmemorando el momento en que tomó la decisión de independizarse. Fue cuando dijo aquello de que “el mayor afán del hombre y su tarea más importante es la de pertenecerse”.
A pocos les es dado en la vida, pocos nos damos en la vida ese privilegio (si se puede llamar de alguna manera). Uslar estuvo dentro del devenir político y social de su país, pero siempre conservó una cierta lejanía, propia del ambiente burgués en el que había crecido y de hecho se deja notar en su novela, en el lenguaje elegante y distante al mismo tiempo con el que observa los hechos con ese asombro semi-inocente de las personas distinguidas ante el movimiento social. Yo creo que en la novela, y ustedes lo van a comprobar, eso lo hace en contraposición a la actitud de Bolívar, que viniendo del mismo ambiente se convierte en actor, en revolucionario, en herramienta de transformación. La pregunta es hasta qué punto Bolívar era Bolívar o se dejó cautivar por su nombre en la historia.
No seguiré con este sacrilegio del mito. Tanto Uslar Pietri como el resto de los sucesores del boom nos han enseñado algo que el mismo Bolívar también aprendió. En América cualquier cosa maravillosa puede suceder.