Nuevo Amanecer

Agua de Mayo


Ju 180506
El idioma español amanece caminando solo de arriba para abajo, absolutamente autónomo, un español relajado (ou melhor ainda: descontraido), informal, celoso de su oficio, motivado por sí y ante sí, frenético en la manía de trasvasar presentimientos a expresiones verbales.
Primera noticia
Lo segundo en ningún orden es el ciclo de las lluvias, que finta y regatea, sin desencadenarse total, en descampado. Traduzcamos semejantes titubeos, solamente porque ésta suele ser la época del año en que más nos asimilamos a las urgencias vitales de algunas especies menores de insectos, tal vez. Porque nuestro primer error consiste en suponer que el movimiento, que los desplazamientos masivos de la coreografía general y las minuciosas metamorfosis individuales que empuja Natura cíclicamente, de conjunto, escondan la intención de culminar nuestras asociaciones significativas. Creemos que la naturaleza, por puro deporte divino, mediante el mismo impulso regular de su evolución, elabora símbolos, advertencias, avisos, y los ubica en lugares estratégicos por donde están trazados a priori los caminos de alguno que, habiendo aprendido a leer in the Nature’s book of secrecy (tampoco importa, de momento, cómo haya aprendido), pudiera repetir junto con Eldifonso Maxilar de Caballo y el doctor Teofrasto Talavera las instrucciones expresas del profeta:
“Di de ti
que puedes comprender
las cosas oscuras
y desatar las intrincadas”.
Nuestro jardín culmina con buena fortuna el plazo de sus primeras ordalías veraniegas. Recibir ahora la estación de lluvias promete ser un dichoso exceso. Vigilamos junto con los insectos menores la aparición inminente de un brote de orquídeas de diversa tinta, que también pareciera consecuencia natural del verdor sano que hierve y se propaga en el conjunto de follajes reunidos a su alrededor, en las plateas y lunetas del terreno bajo.
El único día que ha llovido recio vimos a un pájaro pequeño acurrucado debajo de una de las anchas hojas bananeras. Él también pareció advertirnos, dio señas de vigilar nuestra silenciosa inercia con enérgicos y súbitos estiramientos de su cuello. Sin tampoco entrar en mayor intimidad, ni en bruscas confianzas, ni en otras confidencias. Porque en cuanto escampó un poco, el animalito en un frisson nouveau erizó su menudo plumaje, sacudió enérgico sus alas, se echó al vacío, volvió a trazar algún camino inscrito previamente en su falta de memoria, se voló.
***
Poco después pienso que estamos trabajando todos seriamente, la tierra giratoria que luego nos lavamos de las manos, las hormigas impertérritas, fatalmente laborales, los gusanos que echan a perder las postreras frutas del estío, las nubes noctámbulas, corpulentas, que recorren las extensiones del desierto sideral, la luna llena que surge puntual, aunque inclinada al sur, los perros que le ladran desde abajo, las voluntariosas raíces ciegas de la hierba, el agua mundial que nos hilvana a todos en sus ciclos y secuencias. Todo corre, evoluciona, camina en conjunto hacía algún lado. En lugar de percatarnos por completo, lo que hacemos nosotros es ponernos a leer o a escribir. Así formamos un margen permanente, con pretensiones de percibir algunos totales relativos. Virtualmente, por supuesto. Cada uno a su modo, por su cuenta y por su lado, hasta que lo particular, lo apenas subjetivo, no nos ofrezca más pretexto, asiento, ni asidero. Amén.
Vi 190506
Entonces ensayo otro paso atrás todavía: dibujo. Comienzo a hilvanar una serie de figuras de trama lineal en las páginas de unos cuadernos de enseñanza primaria. Regresión deliberada, imposición de una elemental disciplina, igualmente desprovista de destinatarios. Los resultados confiables tardan varios días en asomar. Mientras tanto, recorro unas etapas previas, aletargado, regresivo; me expreso torpe con unos elementos rudimentarios y arcaicos, pero casi de inmediato me corrijo, busco otros rumbos, recupero una cierta memoria dormida en la rotación de mis muñecas y en la piel de las yemas de mis dedos. De todas maneras, trabo uno de esos apretados diálogos entre la muchedumbre de mis indecisas, informes inquietudes, y cierto atavismo impersonal que se esconde tras el temperamento de los propios materiales que me auxilian. Usted, que es poeta, panteísta y ecologista civil, testifique que el papel sobre el que maniobro y opero me escucha sin parpadeos, pero que la tinta entre mis dedos suele empujar unas intenciones de significación repentina, que nunca salen de nuestra voluntad consciente.
Mucho menos que imaginemos hasta dónde podrían llegar o extenderse, motu proprio, sus veladas finalidades finales. La realidad habla a solas consigo. Accidentales, azarosos, efímeros, usted lector y yo dibujante, hemos quedado en medio.