Nuevo Amanecer

OTROS TRES POEMAS, QUIERO DECIR MI ABUELO


1
Ya tengo más de 53 años,
ya la calvicie tonsura o amenaza el cráneo,
pero cuando en algún corrillo familiar
sales a cuento
vuelvo
a ser el mismo nieto enclenque,
distraído
e indefenso
despertando
después de la resolana de la tarde
con unas infinitas ganas de llorar.
Todo tirisiento.
2
En un funeral mientras un orador
detenía el féretro para soltar su panegírico…
Un viejo compadre tuyo
años de no verse
te abrazó efusivamente
y cuando me vio agarrado de tu mano
preguntó:
¿Y éste, el nieto o el cumiche, don Pancho?
Y respondiste algo
que trascendía al niño, al abuelo, hasta el cielo.
--No, sólo es mío.
3
A esta edad y te vuelvo a desobedecer
Quién me mandó ir a Terrabona:
este domingo 19 de marzo.
Sabiéndome hombre hecho y deshecho,
padre de familia,
me calé el sombrero,
me ceñí la pistola
y me fui a las fiestas
que me construiste con tu nostalgia
un pueblecito rodeado de cerros grises a punto de ser azules,
pétreos, suelos resecos con jícaros retorcidos, ríos que fueron ríos…
Ya la iglesia que Uds levantaron,
a dos aguas, tejas arábigas, paredes de cal y ladrillo de barro
ya no es la iglesia.
De los cimientos de la casa esquinera de tus padres
donde naciste
no queda piedra sobre piedra
Ni vos ni nadie existe
Pero Terrabona era la misma
Vos mismo, la plaza al centro, tu ermita, tu templo
y la diminuta imagen de San José
aparecido en 1600 quién sabe cuánto
en la hendidura del tronco de un árbol
son todos tuyos
No te dio tiempo de ser Prioste: 100 gallinas,
50 mujeres palmeando tortillas en la humazón
cántaros de guaro,
12 cerdos barcinos
Peroles de merol, indio-viejo con mucho achiote
y yerba buena
Llegué a Terrabona
cruzando los cauces con vuelos bajos de palomas,
por un camino pedregoso,
acaso por donde los conservadores mataron a Benjamín García
y lo abandonaron a los zopilotes
divisé hasta un cordero tierno
como el que cargaba en su regazo mama Ercilla
cuando entró entre la bestias y el ganado a Masaya,
conté y nombré con el mismo dolor cada uno de los árboles
que cuando desterrado en tu propia tierra por los cachurecos
ibas nombrando:
el ceibo de la entrada,
los bejucos de peine mico,
los acetuno de los ríos
los cañizos y los nopales de los cercos,
chirca,
el malinche reventando,
los mangos pesados de piel y calor,
un plantío de cebolla…
Llegué a Terrabona con todos los míos vivos y muertos,
con todo lo mío,
y me metí en tu memoria en mi memoria que es la tuya,
en los ojos intensamente límpidos y azules de la tía Pilar,
caminé congestionado todo el espacio,
unos minutos eternos
sin alcanzar conciencia de cuál era la verdadera cárcel de mi alma
como quien traspasa la otra vida y entra en la muerte
y encuentra tu corazón vivo, palpitante
Y si con tu voz hubiera gritado llamando a papa Margarito , a los Morraz
Y si hubiera llamado a la abuela Ubalda y su fuete mango de oro…
Y si hubiera gritado al padre Guadalupe Masís,
si hubiera llamado a las Masís…
tuve miedo que algún eco me respondiera, temí que me contestaran…
Que desde la otra vida que es esta me reconocieran
Todo era resonancia.
Era día caliente y a veces nublado
como la memoria que acaso sólo el llanto
podría hacerme tragar el nudo de la garganta.
podría ablandar la dureza del sol vertical de ese encuentro.
El Castillo, Río San Juan, 21 de marzo de 2006.