Nuevo Amanecer

Nulla aesthetica sine ethica


Cuando José María Valverde (Madrid, 1926 – Barcelona, 1996) conoció al grupo de poetas nicaragüenses acampados en Madrid en la segunda mitad de la década de los cuarenta, no imaginaba la repercusión que este acontecimiento tendría para su obra poética y el compromiso social que lo acompañaría hasta el final de su vida.
Valverde quedó fascinado por la utilización del lenguaje de “los hispanoamericanos” como él los llamaba. La capacidad de nombrar las cosas cotidianas impregnándolas de sentido poético lo cautivó, incorporando estas formas a su propia escritura que junto con sus estudios de filosofía del lenguaje llegaron a conformar su sistema de pensamiento, en el que primaba la necesidad de coherencia entre el pensamiento, el lenguaje y la actitud como una manera ética de permanecer en el mundo.
En el marco de su trabajo como catedrático de Estética en la Universidad de Barcelona, Valverde realizó una fecunda labor de traductor de autores italianos, ingleses y alemanes en las que se puede reconocer una identificación con sus preocupaciones lingüísticas, estéticas y políticas: Joyce, Rilke, Hölderlin, Göethe, Christian Morgenstern, Dickens, Novalis, Brecht o Eliot; y del otro lado del Atlántico tradujo a los autores del período clásico de la literatura norteamericana, Melville, Dickinson o Poe; de Merton le atraen sus “metáforas apocalípticas.”
En 1965 abandonó la cátedra universitaria en solidaridad con su amigo José Luis Aranguren, represaliado por el franquismo por ejercer la libertad de cátedra. Nulla aesthetica sine ethica diría en ese momento, como una declaración que lo definiría el resto de su vida.
A pesar de la proximidad de José María Valverde con los poetas nicaragüenses, que con el tiempo se fueron haciendo extensivas a Julio Ycaza, Luis Rocha o Fernando Silva, quizá el vínculo definitivo que le imprime carácter imperecedero con la cultura nicaragüense es su militancia en la solidaridad con Nicaragua, que presidió y promovió desde Barcelona en toda España, influyendo en los círculos intelectuales y políticos con la intención de motivar un posicionamiento en relación con el conflicto centroamericano.
Con su desaparición en 1996, nos hereda su dilatada obra ensayística, filosófica y poética, pero sobre todo la inmensa lección ética de un hombre excepcional a quien hemos tenido la suerte de sentir como uno de nosotros.