Nuevo Amanecer

RETRATO DE JOSÉ CORONEL URTECHO


Alguna vez, en tierras de costumbres brumosas,
buscando en las estampas de nuestro mundo un poco
de sorpresa y fortuna, del cielo y de sus cosas,
encuentro este retrato, que avaramente evoco.

Absurdo que así sea: hombre vivido y puro
niño o payaso oculto tras su misma semblanza,
en su traje arrastrado y su peso maduro,
riéndose al llevar su principio de panza.

Igual que un farol rojo, se le alumbra la cara
al hablar, y su dedo sigue la melodía
de su palabra mágica, como si la pintara,
por el aire girando, vuelto sabiduría.

Vive junto a la selva, junto a un río gigante,
donde, entre aullar de monos, piensa y cuida su verso;
ve la tierra, el tractor y la vida distante,
y va quemando en voz la paz de su universo.

Pero alguien cuida, mientras, de su desvalimiento
de contemplador; alguien su desorden aliña:
su María, incansable y maternal sustento,
María, de piel áspera y corazón de niña.
Sí, José Coronel, cuando desde tu orilla
cruzaste nuestro mundo de empleo y de desgana,
trajiste una moneda de Dios, que suena y brilla
a otra alegría, al seno de donde la luz mana.

Voces y acompañamientos para San Mateo (1958)