Nuevo Amanecer

Contestación a José María Valverde


Hasta hoy, a los diez años de proseguir tu vuelo,
contesto la carta que “desde el aire”
me escribiste, en julio de 1982,
a una Nicaragua que por ahora ya no existe,
porque aquel presente que nos levantaba en vilo
se tornó en Saturno devorando a sus hijos.

Aquella vez ibas, “muchacho olivar José María”,
apoyado, como siempre, en tu Pilar, también la nuestra,
de regreso a España con tu alma extremeña
en el extremo mismo de la euforia;
“volviendo de ver Nicaragua, por fin” y de ver
“la cara de los pobres con fulgor de esperanza”.
Pensaste, como aún gracias a vos pensamos tantos:
“Si hay milagros como éstos, otros pueden seguir”.

Era como si hubiéramos visto y oído todo
y aquella redención jamás fuera a terminar
hasta tanto no contagiara el mundo.

Teníamos la convicción de que el pasado no iba a volver
como afirmó en verso y verbo estremecidos
nuestro amigo y tu principal colonizador,
José Coronel Urtecho, con su cara alumbrada
“igual que un farol rojo, al hablar”,
según el retrato que le hiciste.

Pero el pasado se había quedado agazapado,
atrincherándose en corazones despojados de futuro,
y volvió y ahora sé que cuando vuelve,
vuelve peor, fortalecido, cínico y siniestro,
trastocando todo sueño en pesadilla y vuelve
con su falsa identidad de presente; envejecido,
mesiánico y creyéndose perpetuo.

Lo que nos salva de esta grotesca situación
es simple y llanamente la Memoria.
Pues ocurrió, José María, que en realidad nosotros
aquella vez estuvimos en un futuro
que está más allá del filo de la Historia.

Visto así el pasado; su retorno vengativo no es más
que el estertor agónico de sus entrañas
ante los que murieron ayer por el mañana.

Frente a este futuro irrevocable que ha sido ayer
“un alto amor al prójimo, bajo el amor de Dios”,
solo le queda confirmar su condición de pasado
y desvanecerse ante tu magia verdadera:
La modestia, sustentada en el milagro que debe seguir.

Digo todo esto, porque con esa carta me enseñaste
a nunca olvidar que todo aquello que vivimos,
aún hoy es verdad y verdad también será mañana.

Por eso te remito esta tardía contestación,
gozoso ante la imposibilidad de tu ausencia,
a todo sitio donde cabe la esperanza,
con la certeza de que estas ahí.

Luis Rocha

Mayo de 2006.