Nuevo Amanecer

Aquello que llamaban “Descubrimiento”


En el mes de octubre del año 1992, el insigne poeta y filósofo Pablo Antonio Cuadra dio una conferencia en la Universidad Católica de Santo Domingo, en República Dominicana. Por todo el continente se discutía sobre el “Descubrimiento” de América, pues ese año se estaba celebrando el V Centenario del desembarco de los navegantes españoles en tierras americanas, ocurrido el 12 de octubre de 1492.
Llama Pablo Antonio en sus disertaciones a aquella América receptora “un pedazo de la humanidad retrasada”, ¿acaso por no ser como lo era Europa? ¿Acaso por tener al alcance la rueda y no saber cómo usarla? Explica que ese proceso de mestizaje debía desarrollarse con guerra y sometimiento, porque no podía ser de otra manera, para la América indígena “cualquier mayor avance exigía esclavitud, una dosis de esclavitud cada vez mayor cuando mayor fuera su progreso”. ¿Urgía América de la llegada de los blancos y de ese “avance”? ¿Quería aquella raza entrar a un proceso de modernización que hasta la noche del 11 de octubre de 1492 desconocía?
¿En 1992 se estaba celebrando o lamentando? ¿Fue aquel acontecimiento de hacía quinientos años un descubrimiento, un encuentro o un encontronazo? No se podía celebrar con alegría la llegada de bárbaros que en cuanto tocaron suelo americano se dispusieron a someter a los indígenas que ya eran desde hacía siglos “dueños de la tierra que pisaban”. Y comenzaron aquellos blancos con guerras para “sacarles de la ignorancia”. Algunos estudiosos creen que no podía ser un descubrimiento lo que se celebraba en 1992, porque América ya estaba allí cuando ellos llegaron, con su legendaria cultura, su población medida por estadísticas, su estructura política y sistema económico, sus cuentos de caminos, sus modos de entender los fenómenos de la naturaleza, de curar, criar, mimar y educar a sus niños; los métodos para vacunarse, trabajar la tierra y de creer y adorar divinidades. Entonces se conmemora quizás el 12 de octubre más bien el lamento por la destrucción de una raza que a los españoles no necesitaba ni esperaba, pues habían sobrevivido los indígenas por siglos sin los inventos del antiguo continente. Y ante el poderío y el armamento de España no les queda más que negociar con los invasores, y no era cobardía esa actitud, era sobrevivencia.
Sin embargo, Pablo Antonio sostiene en su conferencia que aquel acontecimiento fue un descubrimiento, porque la llegada de los rubios malolientes y de peludos brazos, pecho y rostro --“como animales”-- a tierras de seres lampiños y malolientes también, les llevó a ambos a conocer a un “hombre nuevo”. Un descubrimiento porque la llegada de Colón abre una cadena de “descubrimientos paralelos”. Y se dedicaron entonces los españoles a “cristianizar” en una cruzada y a orar por la salvación de las almas de aquellos pobres hombres y mujeres que andaban “desnudas y con los pechos al aire, como animales salvajes”. ¿Necesitaba América de la lástima de España? El principal tema del poeta Cuadra es el descubrimiento de Cristo por el hombre indígena y llama a aquella esclavitud “extraordinario fenómeno de la conversión de todo un continente”, pero no menciona Pablo Antonio a los miles de indígenas que aceptaban un “nombre cristiano” y que le mojaran la cabeza con un poco de agua; que aprendían a rezar y arrodillarse ante aquel Dios único de los blancos, solamente para no morir; un dios impuesto al que ni sus ancianos, que tanto respetaban, les habían enseñado --para los indígenas la enseñanza de los ancestros y el respeto para el adulto mayor era su tesoro de gran valor--. ¿Aquella América católica era católica de corazón? Compara el poeta Cuadra a esta América actual por sus iglesias, la cantidad de gente que veneraba a Juan Pablo II cuando llegaba a suelo americano, y describe a una América más católica y creyente que la propia España. La razón de ser de este fenómeno que detalla el poeta es que esta América sigue obedeciendo a lo que aprende en su cultura materna y a lo largo de quinientos años la América católica hereda a una nueva América católica, hecho que tampoco menciona.
Este choque de culturas produce una especie de ser humano que aún no termina de desarrollarse en una identidad única, porque corre por sus venas el indio sumiso, así como el guerrero, el español conquistador y pirata, como el romántico de aquella heredad alejandrina. Es claro que es ese acontecimiento el que le da identidad a la humanidad de América, pues es hasta ese momento que se siente diferente y sabe que es una raza con características equis y zetas, y que en otro lado hay gente diferente a ella. A los españoles les había costado adquirirla a través de invasión y guerra con los árabes. Al llegar a América sabían quiénes eran, una España empobrecida y sedienta de oro y plata para recuperar su identidad.
Podía haber sido aquel un encontronazo, porque España llegaba a invadir y a conquistar con la fuerza superior a la de los indígenas, pues mientras éstos corrían descalzos sobre el sueño espinoso con sus lanzas en las manos, aquellos iban montados en grandes bestias “nunca vistas por aquí, de pelaje extraño y de increíble correr”; con sometimiento religioso, hombres de vestiduras negras, cruces extrañas y cánticos tenebrosos a la primera impresión de los indios. Los navegantes lo llaman inmediatamente un “descubrimiento” y se creen dueños de todo, por haberlo “descubierto”. Los mayas esperaban a un hombre “blanco y barbado”, según lo mencionaba su profecía. ¿Quiénes eran los sorprendidos? ¿Los españoles o los indígenas?
Sobre esta polémica disertan tres intelectuales nicaragüenses con respuestas a dos preguntas básicas:

Carlos Tünnermann Bernheim
¿Fue un descubrimiento, un encuentro o un encontronazo?
No fue exactamente un descubrimiento, salvo para los países de la Europa Occidental, desde luego que América ya existía, y tenía su propio desarrollo histórico y riqueza cultural, antes de la llegada de los españoles. A raíz de la celebración del V Centenario, en 1992, recuerdo que en una reunión de Ministros de Educación de Hispanoamérica se discutió el tema y se acordó llamar al acontecimiento “Encuentro de dos Mundos”, aunque algunas voces abogaron por llamarlo “encontronazo” o “choque de culturas”, por la destrucción que los españoles hicieron de la cultura indígena. Me parece, sin embargo, que la palabra “encuentro” es la más apropiada.
¿Qué se siente usted, indio o español?
Yo no me siento ni indio ni español, sino, y a mucha honra, mestizo, ya que por mis venas corre sangre indígena, española, alemana, francesa y hasta inglesa. El mestizaje es el resultado del encuentro de dos mundos, enriquecido por los aportes de otros pueblos, como los africanos y asiáticos. Los hispanoamericanos debemos sentirnos orgullosos de ser mestizos, es decir, de raza y cultura mestiza. “Nuestra América mestiza” la llamó José Martí. “No somos europeos... no somos indios... Somos un pequeño género humano” afirmaba Simón Bolívar. El mestizaje es la fuente de nuestra originalidad y su máximo representante es nuestro Rubén Darío, en quien el mestizaje adquiere su máxima expresión y dimensión universal. Nuestro presente y nuestro futuro están construidos sobre la base del mestizaje. Negarlo sería negarnos a nosotros mismos.

Isolda Rodríguez Rosales
¿Fue un descubrimiento, un encuentro o un encontronazo?
Creo que no es tan sencillo dar esa respuesta, porque es muy peligroso ser tan esquemático. Creo que hubo encuentro de dos culturas, porque, obviamente, los europeos tenían su cultura y los grupos amerindios también. Que este encuentro no fue pacífico ni armónico, es cierto. No por el objetivo que señala, sino por la ambición desmedida de los europeos en su búsqueda de oro. Ellos tenían a su favor los arcabuces, el caballo y la experiencia militar de la Reconquista. Los grupos amerindios, especialmente los aztecas, esperaban el retorno de Quetzalcoatl, hombre blanco y barbado. De modo que no ofrecieron mayor resistencia.
¿Qué se siente usted, india o española?
En todos estos hechos históricos las cosas no son blancas o negras. Hay infinidad de circunstancias, contextos, que hay que valorar para comprender las motivaciones, los resultados, consecuencias de ese encuentro cultural que se ha llamado descubrimiento.

Francisco Bautista Lara
¿Fue un descubrimiento, un encuentro o un encontronazo?
El 12 de octubre de 1492, según España, fue el “descubrimiento”, con su inmenso poder, así lo escribieron. Para otros fue un “encuentro”, “de-sencuentro”, “encontronazo” o “invasión”. Los hechos, desde quienes vivimos en este lado en estos tiempos, son distintos al de siglos atrás, hubo “descubrimiento” de ambas partes, no conocían de la existencia mutua, ni de esas tierras ni de esa gente; quienes vinieron, sin concertar ningún “encuentro”, se impusieron sobre quienes estaban aquí, se adueñaron de todo y les despojaron incluso de la vida, no hubo respeto a creencias ni costumbres; compartiendo lo dicho por otros, “vino el lastre y la escoria”; una cultura, lengua, religión y autoridad exógena se instauró por la fuerza de las armas, bajo la autoridad del rey y la bendición de la Iglesia.
¿Qué se siente usted, indio o español?
No me siento indio, ni español, soy un ser humano nacido en Nicaragua, viviendo el tiempo, en el cual le ha tocado caminar. Llevo en mi sangre, lengua, costumbres y creencias, una multitud de influencias que me es imposible negar, sin escogerlas son parte de mí, asumo mis preferencias, aquellas que puedo sobre la base de mis circunstancias. Quisiera encontrar en el pasado las fortalezas y desventuras que nos ayuden a construir un mundo mejor para todos y todas, es simple: el derecho a vivir y ser.

¿Y usted, estimada lectora y lector, qué piensa? ¿Fue un descubrimiento, un encuentro o un encontronazo? ¿Qué se siente usted, indio o español?