Nuevo Amanecer

MAYO


(Recordando a Luis Alberto Cabrales)

Esta noche está cayendo
el primer aguacero de Mayo, Luis Alberto.
mi Doña Julia está como si no oyese
caer la lluvia,
llover la lluvia, cantar la lluvia.
Está profundamente dormida,
mientras yo su sueño tranquilo velo.
¿Oyes acaso tú, Luis Alberto,
caer este aguacero allá,
bajo tu tristemente olvidada sepultura,
en no sé qué ignorado cementerio gris?
¿O es que has regresado tal vez, poeta, a escondidas
a comprar, ufano,
“un centavo de olor
en la venta que puso Mayo en el camino”?
Si esto es así, dejame, Luis Alberto,
para mí,
algunas cuantas centavadas de olor
de los aromas que me son tan gratos:
del ancestral, nativo Xacuanjoche Ilustre,
del delicado efluvio de las Azucenas,
del embriagante olor de los Heliotropos,
del etéreo perfume de los Resedos,
(el Resedo casi-casi huele a Dios)
de la bíblica esencia de los silvestres lirios,
de la fragancia exótica del Ylang-Ylang.
Eso sí, Luis Alberto, me los dejará al fiado
para el próximo invierno.
Josecito es muy pobre, pero
te los paga, poeta, te los paga
el año entrante,
si no es que tal vez acaso Josecito…
si no es que ya para entonces, Luis Alberto…
Josecito no esté ya, posiblemente,
definitivamente muerto el pobrecito.