Nuevo Amanecer

Suciedad


Fue famosa en Francia la frase de Chirac, quien, visitando en los 90 multifamiliares pobres, afirmó entender el despecho de los franceses que debían convivir con extranjeros que se apiñaban 20 bajo el mismo techo, recibiendo así subsidios para familias numerosas, más si a esto se sumaba «el ruido y el olor». En Francia es común oír hablar del mal olor de los norteafricanos y los negros. También aquí del de los extranjeros del Primer Mundo, los cuales no se bañaran, o de la repugnancia hacia los negros, por su color y pelo. En la edad media europea se designaba a los judíos como hijos de la cerda, y se les representaba amamantando, recibiendo como producto los excrementos del animal. En el Levítico, la prohibición del sexo se hace contra las mujeres menstruadas, y se han dado interpretaciones higiénicas de la circuncisión. Los órganos sexuales se consideran tradicionalmente impuros, por oposición a la parte superior del cuerpo. El pecado original es sexual. Lo impuro del Eros versus lo puro del amor divino de Anteros connota en francés lo «pur/impur» y lo «propre/impropre», lo «impropio» siendo lo vulgar, la palabra «propre» designa a la vez lo «propio» y lo «limpio». Así la referencia al hedor de los extranjeros es una laicización nacionalista de prohibiciones religiosas. Antiguamente se solía pensar que si alguien padecía enfermedad, como peste o cólera, era castigo divino por una mala acción, hoy se achaca a los pobres la culpa de su desempleo; a los extranjeros la del desempleo nacional: en el Primer Mundo porque los pobres del Tercero vienen a quitarle el empleo al nacional, en el Tercero por ser imperialistas del Primero que vienen a malgastar los recursos naturales y mal pagar al nacional aprovechándose de su miseria y necesidad. A situaciones económicas difíciles responden los políticos, en Nicaragua o México, planteando la impureza del bando opuesto y el honor «sin manchas» de su propio partido, a lo cual el otro bando responde acusándole de «matamamá» y «vendepatria», red en la que el partido «sin manchas» pone afiche (2006) sobre la importancia de comprar nica para no ser «matamamá». Las manos sucias de Sartre evocan los carniceros compromisos políticos, opuestos a la pureza del ideal.
Lo sucio de lo ajeno versus lo propio remite a lo natural, no civilizado: son salvajes quienes no se lavan; quienes usan perfume para esconder su mal olor, mal interpretan los valores de higiene de la civilización. Como lo meta-icónico atribuido a Panofsky por oposición a la falta de juicio analítico de Warburg expresa, según Stefania Caliandro, una equivalencia en los extremos, que colindan en los límites de lo científico sin nunca adentrarse en él, el uso inapropiado de lo cosmético identifica ausencia de conocimiento higiénico. La crítica de El Perfume de Süskin a la Francia de Grenouille como el personaje paradigmático de oposición entre mito y contra-mito: el zorrillo Pepe Le Pew, son expresiones nacionalistas (o, en caso de Pepe, contra-nacionalista) idénticas a la niña negra, criada con cara de mono, que, ausente su ama, entra al cuarto y malgasta cómicamente los productos de belleza, en Les enfants de nos colonies de Magdeleine Du Genestou (París, Hachette, 1932), dedicados a ilustrar a los niños metropolitanos sobre sus variadas colonias. Aunque confusa, el afiche (2006) de Xedex: «El aprendizaje queda, la suciedad desaparece», basada en publicidades internacionales para productos de lavar ropa, evoca la dicotomía entre valores positivos, perennes, del conocimiento adquirido, y negativos, efímeros, de lo lúdico como medio de aprendizaje. Expresa, en el campo educativo, lo social como redención de lo natural, valor agregado redentorio. El olor, más acá de lo social (religión, ideología, nacionalidad), es lo que define el grado objetivo de repugnancia hacia el ser en sí: el cuerpo como medida base para evaluar al individuo en su ser propio, innato, no construido, antes de la formación y el aprendizaje sociales.
Oscar García en su obra Man-AGUA para Hábitat (2003) o Daniel Pulido con su instalación en la reciente Calle-Arte (28/2/2006), presentan la suciedad medioambiental a través del objeto que la produce: el plástico, excremento del petróleo imposible de reciclar. Uso del objeto por lo que es: principio del Nuevo Realismo (de los afichistas como de los recicladores), manera objetiva de describir lo real, y obsesión contra el plástico de Norman Mailer. Desde siempre lo sucio es símbolo de lo viejo y desechable, como Cenicienta, ritual de pasaje del Año Viejo al Nuevo. Rodrigo González desarrolla en su obra la escritura-palimpsesto para denunciar los borrones de la historia, pactos de conveniencia, promesas no cumplidas en política, los procesos de encuestas que se estancan, y falta de memoria en el pueblo. El nuevo realismo, Duchamp en La Fuente, los dadaístas o Manzoni en Mierda del artista elevaron el proceso de descomposición al rango de crítica axiológica de lo social, haciendo del ready-made y la broma el motor de sus obras. En nica (sustantivo y nombre-calificativo), francés e inglés, la palabra «Mierda» designa tanto una situación desagradable como una persona insufrible («merde»/»tu es une merde», «shit»/»you’re a piece of shit»). Fealdad y maldad suelen asociarse por oposición a belleza y bondad: los malos feos viven en general en ámbitos descompuestos, o en medio de lugares llenos de objetos en proceso de descomposición, tanto en «El corazón revelador» y «El gato negro» de Poe, como en los filmes de horror de hoy, de La masacre de Texas a El silencio de los inocentes. Las brujas se asocian con sapos y serpientes, mientras en los cuentos el castigo de los malos es a menudo escupir estos animales al hablar. En los filmes, los muertos, los pobres, las sociedades del Tercer Mundo, los jóvenes (The Cat in the Hat, Nanny McPhee), el sexo, su comercio, los asesinos y serial killers, presentan un mundo alborotado, de ruido y furor, en guerra y descomposición permanentes, al contrario del mundo civilizado, pacífico, ordenado y placentero, de la sociedad dominante. La suciedad se expresa entonces mediante tres vías: el hedor, la figura (rostro, raza, color «sucio», enfermizo o cadavérico de la piel) y la forma/producto (excrementos), todo proyección externa del otro hacia el yo, o percepción del otro desde el yo, confirmando que la percepción del otro se da desde sí, la alteridad asumiéndose como extensión negativa del yo. Asimismo, la comida extranjera aparece a menudo en los filmes como asquerosa (Le père Noël est une ordure).