Nuevo Amanecer

Francisco de Asís Fernández ANTOLOGÍA DE JULIO VALLE CASTILLO


La poesía nicaragüense es un fenómeno individual por lo destacado de cada uno de sus poetas y es, al mismo tiempo, un fenómeno colectivo por los grupos y movimientos que aglutina. Este hecho se da desde sus comienzos a finales del Siglo XIX, y continuará de esta manera como una realidad tradicional.
La poesía es un inconsciente colectivo que hace florecer en determinado poeta ideales y sueños que, por desgracia, suelen malograrse en la historia y en sus movimientos sociales. La poesía profetiza. Se adelanta a estos movimientos colectivos y si no logra estos vaticinios, los canta cuando suceden, los exalta y así logrará la perdurabilidad de los mismos.
La única manera de entender estos fenómenos culturales es teniendo a la vista una exposición concatenada de los hechos; los motivos por los que se produjeron, sus antecedentes y los autores o autor que los llevaron a cabo.
Esto es lo que logra a cabalidad el libro “EL SIGLO DE LA POESÍA EN NICARAGUA” de Julio Valle Castillo (BANCO UNO, Colección Centroamericana). Obra en verdad monumental, casi 2000 páginas, tres tomos, distintas periodizaciones y notas de toda índole… que servirá de consulta a los lectores contemporáneos y será de gran utilidad para los lectores de los cien años posteriores. Se trata de una retrospectiva de la poesía nicaragüense y a la vez abre una perspectiva en el juicio valorativo de cada uno de los autores allí incluidos.
En el tomo I aparecen 21 poetas: (1880-1940), los modernistas despreciados, subestimados, pero fundadores, descubridores de la nación, del paisaje, del habla, de las estaciones y del indio: Román Mayorga Rivas, Rubén Darío, Santiago Argüello, Juan de Dios Vanegas, Solón Argüello, J. T. Olivares, Azarías H. Pallais, J. Augusto Flores Z., Rafael Montiel, Lino Argüello, Ramón Sáenz Morales, Alfonso Cortés y Antenor Sandino Hernández; son los modernistas.
Luego aparece Salomón de la Selva, el primer vanguardista de México, el Caribe y Mesoamérica, lo cual es novedoso porque sólo se le tenía como “precursor”. Poeta neoclásico, humanista, mayor, con voz oceánica.
Inmediatamente aparece la vanguardia (1925 – 1940) con rasgos y visiones nuevas, tan europea como americana: el nocturno Luis Alberto Cabrales, el versátil José Coronel Urtecho, el cósmico y cómico, informalista José Román, y el desgarrado Manolo Cuadra, el no menos versátil Pablo Antonio Cuadra, el precoz y mayor Joaquín Pasos, el indigenista Alberto Ordóñez Argüello. Cada autor merece detalles biográficos muy precisos, juicios críticos y bibliografía activa y pasiva.
El tomo II, la Posvanguardia, se inicia con el nombre de Ángel Martínez Baigorri, español de origen, pero renacido como poeta en Nicaragua, le siguen Francisco Pérez Estrada, Enrique Fernández Morales; la Generación del 40: Ernesto Mejía Sánchez (el poema en prosa), Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal (exteriorismo), Salvador Murillo; dos aportes marginales o contra la vía, el sonetista Eudoro Solís y el fundador de la poesía del Caribe o de la negritud, Santos Cermeño. Poetas del 50, no generación, sino voces diversas y dispersas: Juan Francisco Gutiérrez, Guillermo Rothschuh Tablada, Fernando Silva, Raúl Elvir, Ernesto Gutiérrez, Mario Cajina – Vega, Eduardo Zepeda Henríquez, Edwin Castro, Mariana Sansón Argüello, Octavio Robleto, Horacio Peña. Total, 20 autores.
El tomo III y último, la Neovanguardia reúne los nombres de los poetas de los Grupos, de los poetas sueltos del 60, de los poetas del 70, mujeres beligerantes, politizadas, eróticas, tiernas, domésticas, en busca de su liberación, poetas combatientes contra la dictadura, guerrilleros y caribeños: Nicolás Navas, Flavio Tiberino, Armando Incer, Fernando Gordillo, Sergio Ramírez, Michelle Najlis, Roberto Cuadra, Edwin Illescas Salinas, Iván Uriarte, Beltrán Morales, Álvaro Gutiérrez, Vida Luz Meneses, Félix Navarrete, Luis Vega Miranda, Ciro Molina, Francisco de Asís Fernández, Jorge Eduardo Arellano, Napoleón Fuentes, Francisco Arellano Oviedo, Luis Rocha Urtecho, Pablo Centeno Gómez, Francisco Valle, Julio Cabrales, Fanor Téllez, Carlos Rigby, Carlos Pérez Alonso, David Mcfield, Daysi Zamora, José Cuadra Vega, Jorge Eduardo Argüello, Gioconda Belli, Edwin Silva, Álvaro Urtecho, Rosario Murillo, Anastasio Lovo, Alejandro Bravo, Yolanda Blanco, Fernando Antonio Silva y Ernesto Castillo Salaverry.
81 escritores, casi nada falta ni sobra. Ahora bien sólo hecho de reunir a 81 poetas revela una pasión, un apasionamiento por nuestra poesía, que sólo un poeta puede tener; significa, además, una información y erudición amplia y auténtica; haber leído no sólo la producción más importante de cada uno de ellos, sino todas sus obras, especialmente en versos que en algunos casos son muy abundantes y así lo demuestra la bibliografía que después de cada nota biográfica sigue la información sobre dicho autor, tanto lo publicado en libros como en revistas o suplementos literarios.
No cabe duda que se trata de una ANTOLOGÍA extensa e intensa, de más de un cuarto de siglo de investigaciones y consultas, no sólo en Nicaragua, sino en bibliotecas de México, América del Sur, América Central, Estados Unidos y Europa. Una labor callada, coloquial en algunos casos, pues hubo intercambio de criterios con los mismos autores antologizados, con críticas nacionales y extranjeras, con traductores y publicistas, en fin, con quien pudiera aportar algún dato curioso