Nuevo Amanecer

Soy una optimista inveterada


La encuentro radiantemente feliz, y se le nota en su voz, y en sus hombros cargados de inmenso humanismo, pero muy por encima de la temperatura asfixiante de este jueves, que se opone tenazmente, para que yo la entreviste y ella hable de su apasionado corazón, el mar adentro de su poesía. Claribel es un árbol de bondad, y para mí no es sólo una frase de cortesía. Ella es alegría de la siempre nueva, fresca y desbordante de creatividad y solidaridad. Hace varios días regresó de Granada, España, de inaugurar el Tercer Festival Internacional de Poesía. En el Festival homólogo de Nicaragua fue homenajeada, y éste es un todo, un acontecimiento que permitió la participación brillante de ella y de las poetas Blanca Castellón y Gloria Gabuardi.
El diario español, Granada Hoy, refiere en su crónica del miércoles, 10 de mayo: Me encanta vivir aquí al menos un año.Enamorada de Granada. Así se confesó la poeta y escritora nicaraguense Claribel Alegría, encargada de inaugurar el Tercer Festival Internacional de Poesía con un recital poético de su obra. La escritora, una de las más comprometidas socialmente de la poesía hispanomaericana, no dejó en el tintero sus recuerdos sobre Federico García Lorca, cuya tumba estuvo buscando a finales de los años sesenta en una de sus primeras visitas a la ciudad. Por esa época, recordó ante un grupo de periodistas antes de realizar su lectura poética en la Chumbera, mi marido y yo leímos un libro de Ian Gibson en el que se narraba que por entonces no se sabía dónde estaba enterrado García Lorca. Nosotros fuimos a Víznar y llevamos flores. Para mí fue una emoción muy grande aquel día.
Claribel Alegría también recordó a otro de los grandes poetas españoles de todos los tiempos, Juan Ramón Jiménez, a quien conoció en Washington D.C. Recuerdo que cuando le escribí para decirle que iba a visitarlo y que quería conocerlo, él me envió una foto muy linda, en cuyo reverso había escrito: Para que me reconozcas.
Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, su esposa, se tomaron mucho interés por la carrera poética de Claribel Alegría. Durante años no me hizo ni un halago a mis poemas, recordó la escritora. Yo pensaba que no le interesaba, hasta que un día Zenobia me dijo que me iba a dar una sorpresa y me mostró, mecanografiados, unos poemas míos que Juan Ramón había elegido como entre los mejores.
“Me tenían acosada, pero con un acosamiento muy lindo, con ruedas de prensa, entrevistas, me preguntaba la gente en las calles, y la gente del pueblo me saludaban con bellas sonrisas, y los medios de comunicación de prensa escrita, radial y televisiva se desbordaron en finas atenciones, demostrando un gran interés por la poesía”, dijo Alegría.
A mí me hubiera gustado que fuéramos todos, porque éramos nueve países invitados, pero los organizadores dijeron que no, allá ellos, y que querían que yo inaugurara el Festival de Poesía. Entonces, fuimos a Sacramonte a un lugar que se llama Chumbera, maravilloso, pero, poco accesible, con un auditorio enorme para 400 invitados, y yo dije, si vienen diez personas, con ellos bastará para inaugurar, pero, para mí sorpresa, hubo un lleno total, y qué bien por la poesía.
El gran novelista español, Benjamín Prado, me presentó, y dijo que él me conoció a través del poeta Rafael Alberti, quien le dio un libro y le dijo: léela con cuidado. Para mí hizo la noche, porque yo no me lo esperaba, fue muy lindo. Después de media hora de lectura, se levantó el telón y vimos La Alhambra, y hubo un baile de flamenco maravilloso.
Me hospedaron en el hotel Ladrón de Agua, cuyo nombre está tomado de un verso de Juan Ramón Jiménez, y la dueña es sobrina nieta de mi gran maestro, que quería conocerme, y allí la cobertura fue impresionante. Blanquita Castellón y Gloria Gabuardi pusieron a Nicaragua en un gran pedestal.
Claribel, ¿qué se siente ser la única discípula viva del poeta Juan Ramón Jiménez?
Ahora me estoy dando cuenta. Es una maravilla, yo no sé, nunca lo había pensado. Pero, Juan Ramón, en algún lugar donde esté, me está protegiendo, sigo siendo su discípula. (La miro a los ojos, y es como si desprendiera una estrella de orgullo de sus palabras).
Pero, el acontecimiento continúa, porque se celebran los 50 años del Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez…
Es un gran acontecimiento celebrar el 50 aniversario de la entrega del Nobel a Juan Ramón Jiménez.
A mí me preguntaron muchas cosas, que respondí complacida, y con admiración hablé de su quehacer poético y yo coincidí, es que fueron cosas de coincidencias, y fue por Juan Ramón Jiménez que fui tan galardonada en Granada, España.
¿Hay razones para ser optimista, a pesar del miedo?
Yo soy una optimista inveterada. A mis años, he pasado por muchas cosas buenas y malas, y siempre estoy optimista.
¿Los poetas en algún momento podrían ser derrotados por el miedo?
No creo. Yo no lo creo. Y te hablo de mi caso, ya he tenido miedo, mucho miedo.
Pero yo te he dicho antes, que yo soy una optimista inveterada. Y que no, el miedo nunca me a va a derrotar.
Y conste que he tenido momentos tremendos en mi vida.
¿Qué es la palabra poética en los festivales de poesía?
La poesía es algo increíble. Es algo inefable, algo muy poderoso. Los poetas nunca vamos a poder vivir de nuestros escritos, salvo algún poeta, pero contados con los dedos de la mano.
Los poetas somos como quijotes. La poesía es algo esencial, para mí.
Una cosa de comunicación conmigo misma, con mi pueblo y con mis pueblos.
¿Quiénes son los enemigos de la poesía?
Ay, Dios mío, por favor, todos los codiciosos, por ejemplo. Todos los corruptos, todos los vanidosos.
¿La palabra más bella?
Amor.
¿Por qué?
Porque sin el amor, no hay nada, Tito. No hay nada.
Yo ya estoy cansada de repetirlo: hay que dar amor, para recibir amor. Si se da una onza de amor, se recibe una tonelada de amor.
¿Qué haría para mejorar el sistema educativo?
Mira, no sé qué decirte. Yo pienso en lo que hizo Fernando Cardenal, fue una maravilla, es un ejemplo, cuando estábamos nosotros con la Revolución Sandinista, eso es lo que habría que repetir.
¿Su utopía personal?
Que me siga queriendo mucha gente.
A mí me gusta ser querida. (Suelta una hermosa e infaltable carcajada).