Nuevo Amanecer

Lizandro Chávez Alfaro y el texto cultural caribeño


La novela en América Latina, en clara disimilitud con el pensamiento, ha venido demostrando que nuestra identidad es dinámica y procesal. Es decir, para los novelistas nuestra identidad, sin llegar a ser acomodaticia, es idéntica, es misma, diferente y a su vez procesal, dicho de otra manera, se va construyendo.
En el caso de la obra de Lizandro Chávez se puede hablar del hombre del Caribe/negro/otro/colonizado y del colono conquistador como ejemplos paradigmáticos de nuestros procesos. Chávez Alfaro, en obras anteriores (Trágame Tierra) también narra peripecias de esta zona marginada de Nicaragua desde la perspectiva del mito del canal. Por ello es que Columpio al Aire, de Lizandro Chávez Alfaro, se vuelve un alegato alegórico sobre la construcción de una de las zonas de Nicaragua: el Caribe, en la que las yuxtaposiciones culturales son evidentes de un espacio dominante (Pacífico) hacia otro marginado (Caribe). De una u otra forma, Columpio al Aire trata de forjar una nueva visión cultural del sujeto caribeño.
En esta perspectiva podemos decir que la resistencia que se opone por medio de nuestros discursos a las hegemonías crean nuevos agentes de socialización, lo que al final reorienta los relatos totalizadores desde lo específico: cultura local/cultura regional. Nuestros novelistas, específicamente en el caso de Chávez Alfaro, señalan una nueva lectura de los rezagos de lo telúrico, de la raza y de la naturaleza indomable. Como bien lo señala Nelly Richard, estos narradores nos colocan “más acá de los códigos”. Esta obra re-sitúa la cultura tradicional de elite y crea escansiones, rupturas en las continuidades de pensamiento y de la forma de historizar. Las múltiples alusiones a la historia oficial que realiza Chávez Alfaro dan cuenta de ello.
¿Es Columpio al Aire en el caso nicaragüense un ajuste de cuentas con la ciudad letrada, una cancelación definitiva con la gestión del Pacífico aun reclamada en las constituciones? En cierta medida, Columpio Al Aire desafía la ciudad letrada centro-pacífica, aunque al contrario de lo que pasa con Cien Años de Soledad, para poner un ejemplo emblemático, en donde lo regional se vuelve nacional, en Chávez Alfaro lo denominado nacional no es reclamado para sí mismo, sino que esto regional es de sí lo propio, en oposición a lo ajeno del Pacífico o lo que se entiende por nacional. Chávez Alfaro demuestra que la ciudad letrada establece y determina los sujetos que deben estar fuera de ella y explica que a través de cierta sintaxis de oposiciones y exclusiones la ciudad cierra el diálogo, niega al otro y crea sus discursos excluyentes.
¿Acaso Chávez Alfaro pretende desde sus narraciones, abrir las debilidades de los discursos tradicionales nacionales? Hay que decir que en Columpio Al Aire se da una representación de la sociedad en la que se recusan sus postulados de coerción de un sujeto hacia otro. Es una excelente versión razonada de lo nacional en lo que implica a las dominaciones, por medio de las cuales se ha construido la llamada identidad nicaragüense todo sobre el fondo de la ilustración, de la letra, la cruz y la espada como programa de modernidad. Chávez Alfaro desafía la propuesta de Pablo Antonio de construir lo nicaragüense desde el Pacífico, específicamente el granadino.
De ahí que podamos afirmar que en Columpio al Aire se promueve una redefinición de los mitos, de la identidad a través del levantamiento de los discursos y se plantea un consenso y una reapropiación creativa de nuevas formas de las formaciones de los mismos. Chávez Alfaro demuestra que nuestras culturas no son sólo subproductos coloniales, sino sistemas simbólicos de apropiación y re-apropiación dentro de las cuales el tejido de la vida cultural es una red más resistente, en muchas ocasiones, que la misma trama social hegemónica.
Dicho de otra manera, esta obra leída desde la teoría cultural nos lleva a crear expectativas desnacionalizadoras en las que el trauma colonizador se ve reinterpretado y desgajado de sus estereotipos. Es por ello que los generales de la obra de Chávez Alfaro, son prototipos del romance nacional de simulacro, en el que se interpretan las identidades construidas como funciones alternas, tópicas y canjeables.
Asimismo, Columpio al Aire no deja de referirse al malestar social, por no aludir al cultural freudiano, aunque se piensa que es el más adecuado, y a su vez refuta la socialización compulsiva y forzada de los sujetos hegemónicos, asumiendo así otras mediaciones contraculturales: la comedia tópica de la cultura y la memoria re-escrita (el caso de la re-escritura), entre otros, como el coloquio popular, la simulación, los flujos anticanónicos y la posible erotización.
Tanto es esto que Columpio Al Aire sigue el tejido de lo que Julio Ortega llama el país móvil, pues del Pacífico se traslada a un espacio que habla otro idioma, cree en otros dioses y come diferente. Para Chávez Alfaro el país debería recomenzar en cada desplazamiento que se da en la trama de Columpio Al Aire.
¿Chávez Alfaro nos ubica frente al asunto de la cohesión por encima de conocer las diversidades? Es decir, ¿la trama de Columpio Al Aire habla de un carácter y temperamento inmutable de un pueblo que, como cualquier otro, es intrínsecamente diferenciado y que vive inmerso en un mundo cultural, a la vez propio y universal, tendiente a la identidad como al cambio?
Tras ese silencio, el mito de la inmutable idiosincrasia nicaragüense ha crecido hasta convertirse en algo más que mito: en una imposición, como en el caso de la obra de Chávez Alfaro, que se vuelve centinela de la vida nacional, en cuya sombra trabaja no sólo lo político, sino los intelectuales mismos.
Cuando Pablo Antonio Cuadra define al nicaragüense en la obra del mismo título, la mayoría de los intelectuales se dan por satisfechos. De ahí que a Nicaragua se le conciba como una identidad acabada y estática, inmune a los avatares de la historia y sus procesos, cuando en verdad nos enteramos que es una identidad procesal y cambiante como todas las culturas, principalmente cuando se ha sufrido una imposición, una hegemonía y hemos vivido a la sombra del imperio, como dice Antonio Negri y Edward Said.
Columpio Al Aire fustiga ese procedimiento aun desde la suspensión misma que se lee en la metáfora de su título. Un columpio suspendido, que espera bajar o que espera ser aceptado dentro de su diferencia como lo postula Lyotard en su obra de este mismo título. Para Chávez Alfaro la cultura caribeña es víctima de su diferencia, y se ha visto despojado de su capacidad de argumentación y, lo que es peor aún, de los medios para hacerlo.